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La nina sagrada (Prologo y cap1)

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©Sasami Hanatsuki
Registro de Propiedad Intelectual: Nº 208.308

Como no sé aún la mejor manera de diferenciar -sin ser repetitiva- entre un idioma y otro a través de esta larga historia, por ahora los diálogos que no son el originario de la protagonista se encuentran en negrita.

Prólogo.

“La niña Sagrada”
En muchas culturas existen los mitos y muchos pasan de boca en boca como este que ha pasado siglos diciéndose y esparciéndose en todas las dimensiones…  Cuenta la historia que, después de muchos años de paz llegará un tiempo en que las dimensiones quedarán desamparadas… Pero, no sin tener una esperanza.
La lucha contra el mal será más temible y dura que nunca por varios años, tiempo en que tendrá que valerse cada mundo por si sólo, confiando en sus propios guardianes, creando nuevas fuerzas mientras se espera, hasta que se cumpla la promesa del destino. Una etapa en que el mal se creerá rey, sin embargo, llegará el día en que la redentora será elegida por el destino y junto a una poderosa magia protegerá las dimensiones y tiempo de todos nosotros; Salvándonos del más temible de los demonios. Esta llevará por nombre a la luna y junto a ella las dulces hojas del bambú de la tierra de oriente.
De ese modo se dice, que hay tres consejeros que la esperan para guiarla en esta batalla y su mayor enemigo para asesinarla… Los antiguos sabios agregan que esta niña manejará por muchos años nuestras dimensiones, llevándolas a la calma y así, ciclo a ciclo, esperan que se cumpla la profecía…

Capítulo uno.- Mudanza

“Una inocente dama sigue en guarda, el Dios del infierno sigue con calma, y dos niños se saludan sin saber que un gran futuro de piedras les espera, el ocaso de un planeta se presenta, el mal protege a su enemigo y confía en que  forja su propio destino."

DIMESION: X0005061-A
LUGAR: Japón, Planeta Tierra
FECHA: 26 - Diciembre - 1994

—Sim despierta, despierta Sim...
Abre los ojos y se encuentra con el par de ojos color rojo ámbar de su pequeña hermana, Yuu, quien la observa con profundidad. —Sim, Sim despierta, ¡¡despierta!!— Insiste la pequeña de cuatro años, saltando junto al borde de la cama y haciendo bailar sus lisos y negros cabellos.
—Ya, cállate estoy dormida.
—Mamá dice que te levantes.
—Pero...— Sasami, gira y observa su velador donde encuentra aquel reloj de rana que marca la cinco de la mañana —Tan temprano...
Observando como Yuu tararea mientras se aleja por el pasillo, se pregunta cómo puede estar tan animada.
Se sienta con modorra y observa el cuarto, que hoy se ve más vacío que de costumbre; los muebles se han vendido y las cosas importantes están en las maletas hace varias horas atrás. En la cama vecina se encuentra su mellizo durmiendo, lo mira con reproche mientras peina sus castaños cabellos con el cepillo de gato que esperaba en la cómoda, único mueble en el lugar.
Presa de sus emociones despierta al niño abruptamente, con un golpe del almohadón que tenía más cerca.
—Ag, ¿Qué pasa?— Se sienta asustado y con sus ojos fijos, la mira atontado. —Ah... ¿Sigues enojada Sim?
—Claro que sí. No sé por qué están todos contentos con el viaje.
—No es tan horrible. Sería peor quedarse en casa y que mamá y papá se vayan solos...— Explica Oni, que evidentemente tiene su misma edad.
Con un puchero en sus labios se sienta en la cama, su mascota Estrella ingresa al cuarto trotando y apoya su hocico sobre las piernas de la niña que acaricia entristecida su blanco pelaje, al tiempo que Oni suspira resignado antes de ponerse en pie.
—Pero... extrañaré a mis amigos, y a los abuelos...— Se queja, agradecida de que su padre hiciera todos esos tediosos trámites necesarios para trasladar a un animal entre un país y otro. Un animal,  que es bastante alto para su edad y con abundante cabello en el cuello.
—Me tienes a mí, no necesitas nada más Sim— Sonríe tomándole las manos para que se pare también.
—No es lo mismo tú eres mi hermano.
—Exacto ¡es mucho mejor!
La sonrisa contagiosa de Oni cambia su semblante por algunos minutos, haciendo que vestirse y ordenar su mochila con aquellas cosas imposibles de abandonar en Japón no sea una tarea tan difícil.

Hace varias semanas que decidieron aquella mudanza que la tiene tan triste, pero, Sasami entiende que es imposible evitarla. Liliana, su madre, ha recibido una buena oferta de trabajo en una clínica de prestigio ubicada en un tranquilo pueblo, oferta que esperaba hace meses, ya que es hija única de una pareja chilena, y ella desea que sus ancianos padres puedan disfrutar más de sus tres pequeños nietos (sus únicos nietos); especialmente porque ahora su padre ha comenzado a enfermarse.
Luego de bañarse y vestirse baja las escaleras con su mochila al hombro y el ceño fruncido, en el comedor se encuentra su abuela sonriente colocando sobre la mesa dos pocillos con arroz blanco listo para servir.
—Querida, estar con el ceño fruncido arruinará tu rostro— Su abuela le ofrece un plato con pescado para que se sirva, pero la niña suspira apenada sin aceptar nada —No puedes demorar mucho, en un rato más llegará tu tío para acompañarlos al aeropuerto.
—Abuela, ¿no me podría quedar a vivir contigo?— Pregunta con sus ojos castaños brillando de pena y tras tragar un poco de la sopa que le han dispuesto.
—Que tierna Sasami, pero, sabes muy bien que extrañaras a tus padres.
—Pero también extrañaré todo acá... Además, no me gusta que la gente allá me llame caramelo. — Reclama la niña consiguiendo una carcajada de su abuela.
— ¡Comida!— Oni se sienta junto a su hermana en carrera, para pronto atragantarse con un tanto de arroz, y verduras.
— ¡Oni! ¿Qué forma de comer es esa? No pareces en nada un príncipe.
—Papá dijo que ya nos íbamos, debo comer rápido— Explica y de su boca sobresale una cola de camarón.
—Oni parece un cerdo. Ja, ja, ja...
—Sasami, come más rápido— Ordena la abuela poniéndose de pie y ella asiente sin problemas.
Como todas las mañanas, ambos niños se sirven su desayuno aunque esta vez, más apurados que de costumbre, y otra situación poco común con otras mañanas son los gritos de Yuu, y los ladridos de Estrella, la mascota de la familia quien, llega corriendo al comedor para acurrucarse tras su dueña y amiga, Sasami.
—Estrella, ven aquí— Llama Liliana, que no es muy diferente de la mayoría de los chilenos.
La mujer mide alrededor de un metro sesenta y cinco, su piel trigueña y cabellos castaños la mantienen dentro del común de las mujeres, no así su mirada que es lo que hipnotizó a su marido, sus ojos dulces adornados por largas y crespas pestañas cautivó a Kazuo al instante.
—Mamá, ¿qué le quieres hacer? Está asustada— Inquiere Sasami abrazando a su mascota.
—Nada hija. Estrella ven, ven bonita— Insiste la mujer tomando al animal de su collar, para obligarlo a pararse.
—Pero no quiere ir contigo.
—¿Intentan meterlo en la jaula?— Pregunta Oni curioso, dejando sus palillos en la mesa tras terminar la comida.
—¿En una jaula?— Aterrada Sasami abraza a su mascota pero su madre obliga a soltarla.
—Sim, hay que meterla en la jaula si queremos que vaya con nosotros.
—Pero sufrirá, no puede ir encerrada.
—Cuando llegue tu tío vamos a dormirla con un remedio para que no se vaya triste.
—¿Dormirla para siempre?— Consulta el niño aterrando a su hermana en el acto.
—No, Oni ¿Cómo se te ocurre?— Frunce el ceño la mujer.
Luego de ordenar a su hijo que calle y termine su comida, Liliana tuvo que pedirle a su hija que hiciera a Estrella obedecer. Definitivamente fue mucho más eficaz que todos los intentos previos, tan sólo con una orden y buenas palabras Sasami logró hacer que la mascota entrase en su jaula morada, de algún modo extraño, desde que Sasami encontró a su querida Estrella parecen haberse aferrado la una a la otra como dos imanes.  

—¡Niñas apresúrense!— La voz de Kazuo se hace notar por el pasillo.
—¡Tío!—  Sasami puede oír como sus hermanos se alegran al ver llegar el auto del mencionado, en especial Oni que ya estaba afuera, esperando por él.
Sasami, sentada junto a la Jaula de su mascota ve acercarse el delgado cuerpo de su padre, con una amplia sonrisa en su rostro. Apenada, baja la cabeza al tiempo que el hombre se agacha junto a ella y acaricia sus cabellos.
—Tenemos que partir. ¿Te has despedido de tus abuelos?— Pregunta y ella niega con la cabeza. —Ve rápido, yo pondré a Estrella en el auto.
—¿Tenemos que irnos?
—Sí.
—¿Por qué?
—Es tiempo de que pases tiempo con tus otros abuelos— Sonríe al verla hacer un puchero y toma la jaula.
Desanimada obedece y pronto camina triste hacia el auto, con sonrisas y palabras alegres, Oni intenta animarla sin mucho resultado. Apenado, fija sus ojos en los de ella intentando buscar las palabras adecuadas para alegrar a su hermanita.
—Vamos Sim, estaremos juntos siempre ¿no? Prometo que no dejaré que extrañes vivir acá— Sonríe tomando su mano para instarla a subir en el auto.
—No entiendo, ¿si la gente de Chile quiere irse de allí, por qué nosotros vamos para allá?— Reclama una vez que ya han partido, mientras tanto la pequeña Yuu se despide con la mano de los abuelos hasta perderlos de vista.
—¿De qué estás hablando, quién dijo que se quieren ir de Chile?— Liliana, muy sorprendida acomoda a la menor en sus piernas al tiempo que habla.
—La abuela— Responde Oni, tomando un video juego antes de ofrecerlo a la gemela que aún molesta se niega a jugar.
—¿La abuela? ¡Kazuo cómo es que tu madre...!— No termina la frase porque su marido, lejos de sentirse mal o culpable, se pone a reír en carcajadas. —Kazuo... ¿cómo quieres que los niños estén felices si tu madre les mete cosas en la cabeza?
—Sami, Chile tiene lindos lugares y gente agradable, te va a gustar— Dice el mencionado en su tono más jovial.
— ¡Pero la abuela dijo...
—No le hagas caso a la abuela— Sentencia la mujer, molesta y ofendida. Después de todo... Aquella es su tierra.

Los padres de la pequeña Sasami, se conocieron gracias al trabajo de Liliana como doctora, mucho tiempo atrás, cuando ella recién comenzaba su carrera en Chile. Kazuo, usando su anímica personalidad consiguió llamar la atención de ella y una primera cita, iniciando así su romance. Años después, logró convencerla de irse a vivir con él a Japón, donde se casaron y tuvieron hijos. Hoy, es él quien la sigue a su país natal, donde dándole nacionalidad chilena a sus hijos también podrá enseñarles sobre aquella cultura... Aunque, es evidente que no todos están felices con la idea.
—Pongo en claro que sigo en desacuerdo con la mudanza— Sentencia la pequeña Sasami mientras su madre procura asegurarse de que los tres estén con el cinturón del avión bien abrochado.
—Ya te acostumbraras, Sami ya lo harás— La consuela su padre con una mueca alegre en sus grandes labios.
—Sí, sí, como no.
—Kanto nos visitará con sus hijos en los veranos, ya verás que será como estar en Japón— La ánima escondiendo su rostro tras el periódico.
—¡Fantástico! ¡Podremos jugar con Takeo!— Exclama Oni, sentado al otro lado de Sasami.
—Genial. ¡La guinda del pastel!— Dice sarcástica, apoyando la pera en su mano y mirando por la ventana taimada. —Y yo me consolaba con que no vería a ese idiota más nunca en mi vida— Piensa.

FECHA: 28 de Diciembre 1994.
HORA: 04:40 P.M.
Con poco tiempo de estar en Chile y resignada a su suerte, Sasami camina por las pavimentadas calles del sector. De cerca le sigue su padre y Oni, la idea es conocer el barrio en que vivirá de ahora en adelante; Las casas se ven de buen tamaño, algunas de dos pisos, otras con enormes perros guardianes de pelajes brillantes como su Estrella, hermosos jardines con bellas flores, pero, sin duda alguna, lo que más llama su atención es lo diferente que se ven aquellos jardines, de los que conoce.
Mientras avanzan, Oni y Sasami notan que el sector va cambiando, no sólo hay más autos en las calles, sino que, también  las casas son más pequeñas y hasta llegar a una zona de condominios con amplias zonas de pasto. Siguieron avanzando hasta llegar a un pequeño sector comercial que rodea una plaza. Se acercan viendo los bazares, panaderías y tiendas de verduras y frutas que rodean el verde sector y, mientras la vista del padre se fija en conocer los negocios cercanos a su hogar, Sasami presta más atención a unos jóvenes mayores que ella, quienes seguro de unos trece o quince años pasean o juegan por la bella plaza en la vereda de enfrente, un poco más distante –en las áreas verdes de la plaza- ve árboles verdes y frondosos, algunos arbustos y uno que otro cerezo ya florecido, en distintas esquinas y aleatoriamente en los sectores pavimentados se pueden distinguir bancas para quienes se detienen a descansar o esperar a los pequeños que juegan felices. Emocionada y entusiasmada por lo que pueda encontrar se acerca al trote hacia la multitud, claramente sin cruzar para que no la regañen por alejarse.
Se detiene al ver que, en al otro lado de la acera una pequeña riña se ha iniciado; justo en la esquina.
—¿Vamos? ¿Me dirás acaso que esta rama es tu varita mágica? Ja, ja, ja, ¿a ver brujita, y dónde quedó tu escoba?
—Devuélvemela, que es mía.
—No, no es tuya, ahora es mía, ahora que le veo no está tan fea.—
Con la mano en alto mantiene una rama de árbol (color negro) lejos del alcance de una pequeña chica de piel blanca, no mucho más alta que ella, quien a punta de brincos intenta alcanzarle.
—Seguro que le agradará a Rock, ¿verdad Cristian?
—¿Quién es Rock?—
Pregunta la pequeña.
—Es mi perrito, le encanta romperlo todo— Agrega el pequeño, un poco más pequeño que Cristian.
—¡No! Es mía, entréguenmela ya— Reclama la niña con lágrimas en los ojos, afirmando con una mano al joven que sostiene la rama, quien la empuja al piso.
Sasami observa la escena, aún no entiende todo, pero si la mayoría de las palabras.
—¡Imbécil!— Grita la pequeña desde el piso, poniéndose de pie tan rápido que hace bailar sus oscuros cabellos, los cuales tomados en una cola mantienen despejado su liso rostro dejando a la vista sus facciones: Nariz pequeña algo respingada, abundantes pestañas, cejas finas y unos labios rojos delineados de forma perfecta.
—Hay, ya se enojó, ahora nos convertirá en sapo — comenta uno de los chicos y ambos se largan a reír.
—¡Toma!— la voz de la pequeña Sasami se escucha al momento en que tira una manzana que rebota en la mano del agresor haciéndole soltar la rama por el impacto.
—Auch, ¿quién fue?— Exclama el joven sobando su mano. Mientras la dueña del codiciado trozo de árbol y su pequeño acompañante se tiran al suelo en busca de la rama, pero fue el pequeño quien la obtuvo primero.
—¿Quién te crees entrometida?
—Tu mal sueño—
Responde Sasami con una mirada traviesa en su rostro.
—Mírala Seba, se cree la mujer maravilla.
—No me digas, ¿estudias artes marciales con los tres ninja kids? ¡JIA! ¡Shu! ¡Kua!—
Se burlan al ver en la chica rasgos orientales, haciendo distintas poses referentes a las burlas.
—….stop...— Intenta detenerlos con una voz suave y sus mejillas sonrojadas, mientras coge otras tantas manzanas del puesto  sus espaldas y las lanza con todas sus fuerzas llegándoles esta vez en la nuca a ambos.
Esas burlas no le agradan.
—Oye, ya deja las manzanas ¿OK?, ¿O ahora te crees árbol?— La enfrenta Sebastián.
—Paren de molestar y sin eso.
—¿Qué te hace creer vamos a hacerte caso?—
Pregunta el menor de los chicos, la pequeña los mira fijo a los ojos (No entendió lo que se le decía) y a pesar de ser menor, la firmeza de su mirada causa miedo en el pequeño haciéndolo dar pasos hacia atrás.
—Ya pues, pásamelo es mío— Reclama la niña junto a ellos.
—¿Y si no?— Consulta amenazante Cristian, es claro que la conocen de antes.
—Y si no, nosotros te la quitaremos— Un pequeño de cabellos negros más oscuros que la noche entra en escena, no es más alto que las dos niñas pero está igual de decidido a pelear como ellas.
— ¡Yostin! ¡Hasta que llegas, te retrasaste!
—Sí. Lo siento, mis padres comenzaron a discutir por mi culpa.
—Hay pobrecito, ya mejor nos largamos, nos vemos después Brujita.
—¡Muéranse!—
Exclama la chica.
—he,… he…— Sasami, intenta tener la atención de la chilena.
Sí, ya ha olvidado sus precauciones y cruzó la calle.
—¿he? ¡Ha! Sí, gracias por ayudarme, ¿Cómo te llamas?— Pregunta.
—he…tu…tu eso, se van, tu eso…— Sasami con la histeria no puede terminar de traducir la frase, olvidando las palabras que debe decir.
— ¡Es cierto! ¡Alto ahí, bandidos!— Grita la niña de abundantes pestañas corriendo tras ellos.
— ¡Tonta!— Exclama Yostin yendo tras ellos junto con Sasami quien no para de reírse.
— ¡Hey! ¡Kar!— Yostin apunta a los jóvenes que arrancan a toda velocidad, mientras mira a un niño despeinado acercarse, este último patea su balón de fútbol lanzándolo hacia los chicos malos y afortunadamente le da a uno de ellos haciéndole caer.
— ¡Bravo!— Exclama la pequeña yendo por su preciada rama, mas, el que no fue lastimado va por ella también, sin embargo, Sasami se abalanza contra él cayendo ambos al suelo.
—Maldita niña— Reclama éste.
—Idiota— Dice está poniéndose en pie, al igual que su hermano, había practicado más insultos en español que palabras para comunicarse.
— ¡Al fin!— Celebra la chica  con su rama en la mano.
—Mejor vámonos — Sugiere el pequeño llamado Sebastián.
—Sí, esto ya se puso fastidioso, nos la pagaran, incluyéndote a ti Chun li— Amenaza Cristian antes de retirarse.
—Hola Chun li, un placer— Un chico rubio de ojos claros que recién llega se acerca a saludarle.
—Je je je... Yo soy Sasami, Hanatsuki Sasami— Dice entre risas.
—A cierto, yo soy Clara, ¿te puedo decir Sasami?— Pregunta.
—He, sí— Responde sonriendo, notando que la chica viste un lindo buzo celeste con ositos.
—Soy Kar y éste es Carlos— Dice el joven despeinado que, un poco más bajo que ella posee unos ojos negros y redondos cual aceitunas.
— ¿Carlos?, ¿no es pelota?
—Sí, es una pelota, pero la pelota se llama Carlos. —
Explica el chico que, además de ser pequeño se encuentra entrado en carne.
— ¿Llama? ¿Carlos? Eres muy gracioso— Ríe de sólo imaginar un rostro en aquel balón.
—Mi nombre es Yossemarten, pero me dicen Yostin, es más corto.
— ¿Quieres venir a jugar?—
Le invitó Ralf de inmediato, no fuera a ser que la nueva chica se fuera a escapar.
—Me encantaría pero debo ir a casa, salí hace mucho.
— ¿Vives cerca? Después podríamos visitarte—
Sugiere Clara.
— ¿Y por dónde vives?— Pregunta el pequeño de cabellos negros, a quien le brillan sus ojos verdes por el reflejo del sol.
—Bueno pues… Vine con papá…— Comienza a decir la pequeña mientras mira las calles alrededor del parque. —Éste…yo…
— ¿Dónde está?— Insiste Kar.
—Je, je, je… Ya me perdí. — Aclara la pequeña fingiendo gran tranquilidad al no ver a su padre.
— ¿Te perdiste?— Los cuatro niños a coro se miran sorprendidos de verla tan calma…
La verdad, supone que su padre ha de estar cerca, pero… ¿dónde?
Poco tiempo demoran en decidir si ayudarla a encontrar a su padre, pero menos aún tardan en distraerse y caminar por las calles acercándose a las tiendas cercanas, principalmente a las de que venden dulces o juguetes y jugando divertidos mientras se internan en el parque. Tanta es la distracción y las vueltas que dan que Kazuo termina perdiéndola de vista. Como sabe bien que su hija no se irá de la plaza sin su autorización, decide volver a su hogar y llevarse al malhumorado Oni para poder buscar a Sasami sin tener que cuidar simultáneamente al mellizo.

Sintiéndose segura junto a sus amigos, Sasami se queda entretenida viendo unas muñecas y sus cuatro nuevos amigos se observan con una traviesa sonrisa en los labios, salen lentamente de la tienda y se pierden de vista de la pequeña extranjera.  Cuando ella se da cuenta de que esta sola, sale a observar pensando en que han ido a alguna otra tienda, luego se devuelve al parque corriendo, pero no están allí, nerviosa, regresa a la tienda de juguetes, pero tampoco están allí… comenzando a angustiarse mira por todos lados, no ve a su padre ni a sus nuevos amigos, entonces se queda quieta, jugando nerviosamente con su cabello.
—Quizás ya deberíamos ir a decirle que estamos aquí— Propone Clara observando a la distancia.
—No, aún es muy pronto— Aclara Ralf, escondido tras unos matorrales junto a su amiguita.
—Pues se ve muy valiente, aún no llora ni nada…— agrega Clara.
— ¡Merece ser del grupo!— afirma Ralf emocionado con la idea.
—Chicos, yo no puedo quedarme más, se me hace tarde para regresar— Kar toma su balón, se despide y va corriendo a la busca de su madre quien lo espera en la esquina del edificio.
Pasado un rato, Clara escucha la grave voz de su abuela llamándola y se muerde el labio, dubitativa preguntándose si estará bien dejar a Ralf con la nueva niña del barrio. Con cada grito demandante la respuesta se hace más simple, por lo que, en un murmullo se despide de su amigo y pide no deje a la niña sola. No obstante, como Ralf solamente tiene siete años, no se le puede pedir demasiada responsabilidad... luego de masticar un chicle de frambuesa hasta que pierda su dulce sabor se aburre y confiado en que Yostin está en otro arbusto vigilando a Sasami, se retira también del lugar. Es así como, a sus siete años y medio, la niña pasa varios minutos realmente sola y asustada, aguantando las lágrimas mientras busca a su padre por las calles que rodean la plaza.
Pero, antes de que pueda reventar en llanto, su querida y fiel amiga Estrella la encuentra, pues, hace un buen rato partió en su búsqueda enviada por un preocupado Kazuo.
“¡Amiga! ¿Cómo me encontraste?” Dice abrazando a la loba que lame su rostro para calmarla, como ha crecido bastante y ella es tan pequeña, la loba se agacha y Sasami comprendiendo su mensaje monta en su espalda. De esta manera Estrella la lleva de vuelta con Kazuo, quien camina por los negocios del centro comercial.

“…En tanto el caos en su apogeo se divierte, entre amor y angustia harán al cauteloso buscar la aventura. Las llamas confiadas firman su historia, los reinos  susurrantes  celebran, tres jóvenes de flores aprenden que necesitan de los otros para ganar, y finalmente, siendo el ocaso de su ignorancia las bellas hojas del bambú usaran el viento para cruzar el océano que le aparta del panda que aún le espera.”
Esta es la primera parte de mi próxima novela, el inicio de una saga que espero sea inolvidable.
Published:
© 2014 - 2020 SasamiHanatsuki
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