Toda la semana esperando ese momento, no podía aguantar las ganas. Caminé sin cesar y sin pensar que los pasos que avanzaba más tarde los tendría que volver a recorrer hacia el lado contrario, pero el destino al que me dirigía lo merecía.
"Sólo un poco más" me decía a mi mismo entre quejas y lamentos, "solo... un poco... más".
Sentía una agonía interior que podría ser capaz de provocar mi caída, pese a ello no me rendí, "ella está ahí" pensaba "no la puedo abandonar".
La montaña, a medida que escalaba, se hacía más grande y pesada; ¿sólo una hora? Parecieron años, siglos e incluso milenios, una gota de sudor recorría mi cara hasta pasar po...