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El blog de Diego
Por Mariana Cardoso

Entrada del 7 de enero
La clase de Historia del Colegio Roble era aburridísima. La impartía una maestra cuarentona, chaparrita y algo bigotuda. La clase consistía en que la maestra hablaba por cuarenta minutos de las guerras y las clases sociales, los veinte minutos restantes eran para escribir un resumen. La tarea era hacer un cuestionario. Era una clase tediosa y nunca salía de la rutina. La maestra exponía el tema de forma monótona y sin interrupciones. Nunca organizaba una actividad en el patio, una feria y ya no digamos una película. Normalmente, las clases son aburridas, pero ésta era la clase de historia; sumado a la maestra, la clase era una pesadilla para todos.
Pero no era una pesadilla para Diego. Era su clase favorita. Se debía principalmente a la maestra. Diego adoraba la rutina de la clase. Nunca lo comentaba. Hubiera resultado sospechoso, ya que a nadie le gustaba la clase.
Para él, la Historia era una materia de relleno. En realidad no le ponía atención a la maestra. Le gustaba la clase porque la maestra no les ponía la mínima atención a sus alumnos. Diego usaba esa hora para hacer lo que más le gustaba. Se sentaba en una esquina y se parapetaba detrás del libro de Historia. Dibujaba. A lápiz. Dibujaba paisajes tropicales, caballeros y dragones, viajes y aventuras y situaciones hipotéticas, ridículas y apocalípticas de su ciudad. Durante cuarenta deliciosos minutos se dedicaba a divertirse. Aunque no ponía atención, entregaba buenos resúmenes. En el libro, al final de cada capítulo venían las ideas principales. Las copiaba tal cual y la maestra nunca se daba cuenta. Entregaba el resumen en una hoja suelta, guardaba sus cosas y se iba a la siguiente clase.
Dibujar era un secreto. Nadie lo sabía. Por eso usaba carpetas en vez de cuadernos. Así no tenía que entregarles el cuaderno entero –con dibujos y resúmenes- a sus maestros. Sólo lo sabía Diego y los seguidores de su blog.
Porque Diego tenía un blog, y en un blog, si se tiene cuidado, nadie sabe realmente quién eres. Así que los seguidores veían un blog con dibujos hechos por el Lápiz, el alias de Diego en la red. Pero sólo Diego sabía quién era el Lápiz.
Llegaba a casa a las tres de la tarde. Comía con su mamá y su hermana Pam. Luego, su mamá llevaba a Pam a sus clases de piano avanzado. Se ausentaban dos horas. Durante esas dos horas, Diego reinaba la casa. Ponía música alta y se quitaba los zapatos. Revisaba los comentarios del blog y a veces los contestaba. Escaneaba los dibujos del día y los ponía en una entrada nueva. Escribía “Les he preparado éste. Una doncella tratando de vencer con magia a su némesis, la bruja del monte”. Luego cerraba sesión en el blog y subía las imágenes a su cuenta de correo. Borraba el historial, las cookies y toda huella que quedara de su blog de dibujo. Colocaba cuidadosamente los dibujos originales en un atlas y lo escondía detrás del librero. Luego se relajaba en el sillón oyendo el radio. Cuando oía el motor del coche estacionándose en el garaje, desmontaba la fiesta. Se ponía los zapatos y cambiaba el programa de chistes y bromas pesadas por el de música pop estadounidense. Sacaba los libros y empezaba a hacer la tarea, justo cuando su mamá abría la puerta de la calle. Terminaba la tarea a las nueve, se bañaba y merendaba. No dormía tan temprano como creían sus papás. Daba muchas vueltas en la cama, buscando un tema para la próxima clase de Historia.
Esto era cada lunes y miércoles, cada semana, durante siete meses. Sin interrupción ni variables. Nadie conocía el secreto, y el blog tenía mucho éxito.

Entrada del 21 de enero
Un lunes, Diego encontró en su blog el siguiente comentario:
“Dibujas muy bonito ¿Sabes qué podrías hacer y se vería padre? Podrías dibujar a una princesa y a su amigo dragón. Atte: mangaka_princess”
“Gracias por la idea” respondió Diego “La publicaré en la entrada del miércoles”
mangaka_princess era una gran seguidora de su blog. Siempre le aportaba buenas ideas. Le echaba muchas porras. También, cuando Diego cometía un error en sus dibujos, mangaka_princess se lo señalaba en un mensaje privado. A Diego le caía muy bien y la imaginaba muy simpática.
El miércoles, Diego hizo lo de siempre. Se sentó en una esquina de atrás y se escondió tras el libro. Diez minutos después, ya estaba dibujando a la princesa.
Siempre se inspiraba en Frida para los dibujos de princesas y doncellas. Para Diego, Frida era la niña más bonita del salón. Era castaña y de pelo chino; muy blanca y de ojos oscuros. Diego nunca había dibujado princesas lacias. Pero Frida tenía muy mal carácter. Era la típica niña fresa hija de papi. Para arreglarlo, siempre imaginaba como sería mangaka_princess. Imaginaba que debía tener ojos brillantes y una sonrisa muy dulce. Por eso, Diego se enamoraba de las princesas que dibujaba. Eran perfectas.
-Pon atención, por favor -escuchó Diego, pero esa no era la voz de su maestra.
Diego bajó el libro, tapando con él su dibujo. Su maestra no estaba. En su lugar había una maestra joven y de aspecto simpático. A Diego no le parecía simpática. Como maestra debía de ser muy buena, pero él estaba enojado porque había interrumpido su dibujo y por eso le cayó mal.
-¿Qué le pasó a la maestra Josefina? -preguntó Diego.
-Lo que le haya pasado es asunto de ella -contestó secamente la maestra sustituta- ¿Qué estabas haciendo?
-Nada -mintió Diego, aunque sabía que no le iba a creer.
-Dámelo -contestó la sustituta-. Lo que sea que estabas haciendo.
Diego le dio el dibujo de mala gana.
-Vaya vaya -regañó la maestra viéndolo-. Dibujando.
Diego se hundió en el asiento. Ahora todos los presentes en la clase de historia sabían que él se dedicaba a dibujar. Lo peor fue que vio que la maestra lanzaba una mirada fugaz a Frida. Rezó por ser el único que se diera cuenta. La maestra se fue a sentar al escritorio y dejó el dibujo con sus cosas.
-Te lo devolveré al finalizar la clase.
A Diego se le hizo la clase larguísima, pero al fin terminó. Se dirigió al escritorio de la maestra y ya le iba a pedir su dibujo, cuando vio que Frida estaba detrás de él. Le dirigió una mirada hostil.
-¿Qué? –le dijo Frida de manera ruda. Luego se fue caminando rápidamente, caminando como si el salón estuviera cubierto de excrementos. Sus estúpidas amigas se le unieron y salieron al pasillo.
Pinche chismosa, pensó Diego. Pidió su dibujo a la maestra y lo guardó en su carpeta.
Como ya había prometido el dibujo en su blog, en recreo se encerró en el baño para terminarlo en vez de salir con sus amigos. La verdad es que Diego no tenía amigos. Pasaba los recreos avanzando sus tareas y comiendo su lunch. No hablaba con nadie, así que no lo iban a extrañar.
En la tarde ya se relajó. Escaneó el dibujo y lo subió al blog. Ya estaba tranquilo. Se dijo que de ahora en adelante se fijaría un poco más en qué es lo que sucedía en la clase. Revisaría que nadie se sentara junto a él, de vez en cuando lanzaría furtivas miradas por encima de su libro y checaría previamente quién estaba dando la clase. Ahora debía ser más cuidadoso.
No podía creer que la maestra lo hubiese ventaneado. La gente sabía que dibujaba, y tal vez quisieran ver sus dibujos. Además había protagonizado un regaño público; la gente tardaría un poco en olvidarlo, pues el niño invisible había hecho su aparición.

Entrada del 13 de febrero
Así siguió pasando el tiempo. Diego se volvía un poco más paranoico. Y tenía razón. Frida siempre lo estaba vigilando. A veces se separaba de sus amigas horas enteras. Siempre lo veía, desde lejos o desde cerca. Parecía que en cualquier momento lo atacaría. Diego se daba cuenta de que algo la había intrigado el día que la maestra sustituta le había confiscado su dibujo. El comportamiento de Frida había cambiado radicalmente desde ese día.
Era la hora de la salida del jueves. Diego ya se quería ir. Estaba fastidiado. Tuvo examen sorpresa de Matemáticas. Había olvidado en su casa los materiales para un experimento. Además, los jueves no tenía Historia, así que no se había relajado dibujando. No llegaban por él. Maldita sea, él suponía que su mamá se había encontrado en el trayecto con una amiga, y como buena mujer, se había quedado platicando. Sólo por tener algo que hacer, Diego fue al baño. Dejó su mochila en el patio, para no andar cargando. Al regresar vio el coche de su mamá obstruyendo el camino. Se apresuró a agarrar la mochila y subir al coche.
-Hubo un accidente de camino a la escuela. Por eso me tardé tanto –dijo la mamá.
Diego gruñó.
Llegaron a la casa y comieron. La mamá de Diego estaba lavando los platos. Tenía tarea. La actividad más horrible que pudieron haber creado las escuelas. Buscó la carpeta, pero no la encontró.
Frida se la había llevado mientras él iba al baño, se dijo Diego, pues ella tampoco se había ido cuando él se fue. Con todo lo alerta que había estado en la semana, se descuida tres segundos, y ¡zaz! Pero sólo hacía falta un error para que la seguridad e su secreto se desmoronara. Además Frida se portaba de manera tan sospechosa que Diego no podía creer haber dejado su mochila sola cerca de ella.
El secreto del blog y de ser el Lápiz dejaría de ser secreto al día siguiente. Tenía unos dibujos sin terminar en la carpeta. En la parte de arriba siempre ponía la URL de su blog. Seguramente Frida le había robado su carpeta sólo para ver los dibujos. Entraría al blog y se enteraría de todo el pastel. Luego crearía un correo cadena para enviárselo a todos los de la escuela. Frida era una niña popular y era seguro que al día siguiente Diego sufriría una humillación pública de su parte.
Estaba tan preocupado que hizo su tarea sin chistar.

Entrada del 14 de febrero
Al día siguiente, Diego despertó apático. No se podía mover ¿Qué iba a pasar en la escuela? Además de humillarlo en público, ¿qué bravuconadas le iban a hacer? ¿Aventarían sus cosas a la azotea? ¿Le quitarían la ropa y la dejarían a la mitad de la carretera? ¿Lo encerrarían en un armario? ¿Lo tirarían de cabeza al fango? ¿Le pondrían un horrible y despectivo apodo? O lo peor, ¿aguantaría la vergüenza de admitir que tenía un blog de dibujos fantásticos?
No se levantó hasta que su mamá le gritó tres veces. Se vistió apesumbrado. Desayunó en silencio. Mientras su mamá lo iba a dejar a la secundaria, se sentía camino al patíbulo.
Entró en las instalaciones con los pasos más seguros que podía dar. Trataba de mirar al frente y tener la cabeza levantada. Quería llegar rápido a su salón, a encerrarse, pero si corría lo perseguirían sus torturadores de inmediato. El camino al salón se le hizo eterno. Llegó, cerró la puerta y apagó la luz, a pesar de que todavía faltaban quince minutos para que empezara la clase.
Después de lo que le pareció una eternidad, un haz de luz brilló en el suelo, saliendo de la puerta. Luego la silueta de una persona se dibujó en el haz de luz. Sus compañeros de clase entraron en el salón, y miraron a Diego con curiosidad. Prendieron la luz y se sentaron. Llegó el maestro de Química  y la clase empezó.
Diego estuvo distraído durante el día. Hasta iba de manera innecesaria al baño ¿porqué nadie se había burlado de él? ¿Por qué no parecían haberse enterado de su oscuro secreto? Tal vez nadie le había hecho algo aún, para que creyese que vivía en una sociedad civilizada que acepta a todos como son; pero luego empezaría la tortura, para hacerla más dramática.
De camino a los salones se fijó que al pasar la gente cuchicheaba con sus amigos. A lo mejor estaban poniéndose de acuerdo para la tortura. O tal vez estaban decidiendo cómo sería su humillación. Pero entonces se acordó que cada vez que él llegaba la gente se deshacía en murmullos. Él prefería no saber qué era lo que decían. Ellos se preguntaban quién era aquel extraño ente que no hablaba con nadie ni tenía amigos. Se preguntaban cómo era su vida. También discutían el porqué sacaba tana buenas calificaciones y era extraordinariamente guapo. Esto se lo preguntaban las niñas. No entendían como es que un niño tan guapo e inteligente, fuera tan poco sociable ni tuviese una novia. Ninguna estaba enamorada de él, pues aunque fuera guapo e inteligente, no era sociable y tenía mal carácter.
Pero Diego no sabía que lo encontraban guapo. Él sólo sabía que siempre que él pasaba dejaba una estela de murmullos. Entonces cayó en cuenta que como siempre hablaban de él, no podía saber si estaban enterados de que se dedicaba a escribir un blog.
En un ataque de voluntad y estupidez decidió el mismo torturar a Frida para que le explicase qué sucedía. No lo haría en público. Tampoco de manera privada. La torturaría frente a otros freaks como él. Los freaks se juntaba a lado de los baños a jugar con cartas Yu-Gi-Oh! Frida pasaba cada recreo al baño para verse en el espejo- tal vez la jalaría del hombro y la empujaría contra la pared para que se asustara y cantara como un pajarito.
Al siguiente recreo se apresuró a dejar las cosas en el salón en que iba a tener clase después, mientras vigilaba a Frida. Luego la siguió a una distancia prudente, para que ella no se diera cuenta. Al fin vio que doblaba la esquina en el pasillo del baño. Corrió al pasillo. Para humillarla más sería mejor que no la dejara arreglarse. Estaba ya detrás de ella cuando se le ocurrió que tal vez estaría viéndolo en el espejo. Pero Frida no se inmutó. Entonces Diego la jaló por el hombro, puso a Frida de frente a ella y la empujó hasta la pared. Frida había estado tropezando con sus pies y éstos ya no la sostenían. Sus piernas estaban estiradas y se mantenía a la misma altura de Diego porque él la sostenía contra la pared.
- ¿Qué estás haciendo, imbécil? –dijo Frida con la voz un poco lastimada, pero tratando de manera poco exitosa seguir pareciendo ruda.
- Lo que yo hago a ti no te incumbe –dijo Diego, amenazador. Los freaks habían interrumpido la partida de Yu-Gi-Oh! Para ver la escena, con pinta de tontos-. La pregunta es para ti ¿Qué estas tramando? ¿Publicaste en internet todo sobre mí, eh? ¿Te parece gracioso? Yo también puedo hacer cosas que me parecen graciosas. A ver, ¡contéstame! –le ordenó.
- Sí, te voy a contestar –dijo Frida con una voz increíblemente tranquila, a pesar de que Diego le apretaba un poco la garganta-. Te debo una explicación, pero no te la voy a dar hasta que me sueltes.
Diego la soltó.
- Gracias. Ahora vamos al salón de Química. No quiero que nos oigan –añadió Frida haciéndole entender a Diego que se refería a los freaks. Ellos también lo entendieron y volvieron al juego de cartas.
Frida y Diego volvieron al salón. Ella abrió la puerta y empujó a Diego adentro. Él le dirigió una mirada furibunda. Luego ella entró y dio un portazo tras de sí.
- Explícate –ordenó Diego.
- En primera, no acepto órdenes de ti –aclaró Frida-. Te lo voy a explicar porque debo hacerlo, aunque no tengo muchas ganas. En segunda, yo no te he hecho nada para que me trates así, ¿ok?
- Te robaste mi carpeta y estás tramando algo con la información de mi blog –le reprochó Diego.
- Te robé, sí; tramar algo, no. Admito que sí te robé, pero déjame decirte qué pasó.
- Continúa.
- Pues bien. Quiero que sepas que yo no soy la Frida que tú conoces. Mi faceta de niña malcriada es sólo para la escuela, por la misma razón que tú eres tan reservado. En realidad soy mangaka_princess…
- ¿Eres mangaka_princess? –exclamó Diego- ¿Porqué nunca…
- ¿¡Quieres callarte!? –le gritó Frida- como si no fuera lo suficientemente complicado explicarte mis alias, te pones a interrumpirme. Además no te mereces que te lo explique, eres muy egoísta y desagradecido.
Frida hizo una pausa para respirar. Estaba despeinada y sudorosa. Diego le pidió disculpas.
- Sigamos –continuó ella-. Como muy bien sabes, en internet he seguido con mucho gusto tu blog. Al ser tus doncellas tan parecidas a mí, supuse que el Lápiz era una persona que yo conocía. En enero tuve una pista de quién era yo musa. Te castigaron en Historia por dibujar. Quería echarle un ojito a tu dibujo pero no me dejaste. Te veías muy secretivo  y cuidabas mucho tu carpeta de dibujos para que nadie la viera. Te vigilaba de cerca y a pasar de que me daba cuenta que tú sabías que lo hacía, continué. De verdad quería mirar tus dibujos, para saber si realmente eras el Lápiz. Dejaste sola tu mochila. Gran error. La revolví en busca de los dibujos y me llevé la carpeta. Supe que eras el Lápiz, pero nunca tuve intención de ponerte en ridículo. Yo no soy así. Tú me conoces como mangaka_princess y soy mangaka_princess, no Frida hija de papi.
- Vaya. Jamás hubiera imaginado que eras mangaka_princess. Eres más lista de lo que pareces. Perdóname por haberme portado mal contigo.
Y tú eres más tonto de lo que pareces, pensó Frida con humor.
- ¿Nunca te imaginaste que yo era mangaka_princess?
- Nunca. Son personas muy diferentes Frida y mangaka_princess.
- Bueno, ahora que ya sabemos quién es quién, podemos llevarnos bien –dijo Frida-. Ya te lo había dicho en tu blog, pero como Frida yo… yo te… yo te ofrezco mi amistad.
Se abrazaron como viejos amigos (y es que en verdad lo eran). En ese momento vieron que alguien había observado esto último. Era día de San Valentín. Se soltaron enseguida y miraron con carita de perro atropellado al chismoso que acababa de salir corriendo.
- ¡Frida y Diego son novios! ¡Frida y Diego sentados en un árbol! ¡Frida y Diego son novios! –se alejó el chismoso gritando.

Entrada del 21 de febrero
Desde que Diego supo toda la verdad sobre Frida, había cambiado mucho.
Cuando se enteró de que Frida era mangaka_princess, estuvo todavía más huraño y ermitaño de lo normal. No podía creer que dos personas tan diferentes fueran la misma en realidad.
Frida lo sorprendía, pues desde el primer día de clases, él la había tachado de cabezahueca. Sólo había que ver lo mal que se portaba con los rechas y los freaks. Su modo de vestir y su modo de hablar. Era ruda casi siempre. Pero le ganaba lo fresa y lo pesada.
mangaka_princess lo decepcionaba. No le entraba en la cabeza que una cibernauta tan cool fuera tan mala onda en la vida real. Era inaudito. Él creía que mangaka_princess era una freak como él.
Por eso estaba aún más ermitaño que de costumbre. Para empeorar un poco las cosas, él estaba enamorado de las doncellas y las princesas que dibujaba. Ahora sabía que esa persona existía de verdad y le costaba digerirlo. Desde antes, Diego estaba enamorado del físico de Frida y de la personalidad de mangaka_princess.
Entonces se dio cuenta de que la sorpresa de Frida equivalía a la decepción de mangaka_princess. Las cosas estaban equilibradas y no valía la pena enojarse. Volvió a reflexionar y se dijo que en realidad mangaka_princess no lo había decepcionado, sino también sorprendido. Frida había dicho que se portaba pesada en la escuela y que mangaka_princess era su verdadera personalidad ¿Cómo es que él podía ser indiferente? Además, Frida era más valiente que él. Explicó quien era según sus decisiones. Debían ser amigos en verdad. No es que fuera una obligación, pero Diego ya había comprendido que había que madurar y no ponerse moños.
En parte bromeando, se dijo que qué bueno que mangaka_princess era Frida. A lo mejor podría haber sido Sabrina, otra niña fresa de su salón. Y Sabrina era feísima. Diego no le hubiera creído a ella que era mangaka_princess; o más bien, no le hubiera querido creer.
La semana siguiente, Diego no avanzó tareas en recreo. Se acercó a Frida. Ella estaba sola. Sus amigas, al oír el rumor de que era la novia de Diego, le dijeron que tenía mal gusto. Que guapo era, sí; pero que era tan raro como un extraterrestre. Frida trató de explicarles que Diego no era su novio, pero fue en vano. Tuvieron sus enojos y no se volvieron a juntar.
Platicaron del blog, de la manera en que Diego dibujaba a escondidas y de que la sociedad del Colegio Roble amaba etiquetar a sus miembros. Resultó que Frida también dibujaba, y no solo eso, escribía. Nada de fanfics. Historias propias con sus propios personajes y sus propias ideas. Le propuso a Diego que un día él intentara escribir un cuento.
Desde ese día se volvieron amigos. Modificaron su papel dentro de la sociedad escolar. Ahora eran una de las parejas más famosas del Colegio Roble. El equivalente a Brad Pitt y Angelina Jolie en el mundo de la farándula. Pero no eran novios, sólo amigos. Aunque se lo decían a todo el mundo, no les creían. Les llamaban los Dos fabulosos.
Diego ahora era más social. No se escondía en su concha. Al menos no tanto. En recreo platicaba con Frida y ya no se sentaba solo en clase. Durante historia se sentaban juntos hasta atrás y se escondían detrás de los libros para dibujar. Diego le había explicado a Frida el truco de los resúmenes, pero cuidaban de modificar un poco los puntos del libro para que la maestra no creyese que se copiaban entre ellos. Frida también había abierto un blog de dibujos, y de vez en cuando subía capítulos de la historia que estaba escribiendo.
También salían los viernes. Como amigos, iban al cine a ver películas de ciencia ficción y fantásticas. También se juntaban en casa de Diego a jugar cuchara con su familia. Cuando Frida le enseñó el juego a Diego, le pareció muy salvaje. Pero pronto él volaba sobre la mesa para ganar la última cuchara. A veces iban a un café y en una ocasión ¡fueron al festival de manga de la ciudad!

Entrada del 21 de marzo.
Un día fueron a tomar malteadas. Discutían sobre la cascarita del recreo.
-Iván metió un golazo de cabecita –decía Frida.
No es cierto –replicó Diego-. Le dieron un balonazo en la maceta y el balón se metió de churro en la portería.
-¿Cómo crees? Era algo fríamente calculado. Iván no es tan cabezahueca como crees.
-Es tan listo como una piedra.
-Bueno, no es tan listo –admitió Frida-. Pero está super guapo –se le escapó-. Ups, no tenías que saber eso.
-¿Lo ves guapo? –le preguntó Diego, divertido-. No te gustará, ¿o sí?
-Pues un poquito sí ¿A ti quien te gusta?
-Me gustasss –Diego dudó. Si decía la verdad, tal vez ella se molestara. O a lo mejor no se molestaba, pero como a ella le gustaba Iván, quedaría en una situación incómoda- ¡Sabrina! –exclamó de forma teatral.
Dijo el primer nombre con s que se le ocurrió. Pudo haber dicho Sara o Samantha. Pero dijo el nombre de la niña más fea de su s alón.
-Jojojo –rió Frida-. Perdón, no debí reírme. Cuando me llevaba con ella, decía que te encontraba guapísimo.
-¿En serio? –dijo Diego, tratando de sonar interesado.
-De veras. Pero el tema te apena un poco. Se te nota en la cara. Estás rojito.
Diego se tocó las mejillas. Ardían. No era de bochorno, era de coraje. Ahora resultaba que a Frida le gustaba un futbolista estúpido.
-Sí, mejor cambiemos de tema.
Siguieron discutiendo la cascarita, luego del bigotito de la maestra de Historia y lo gruñona que era la maestra de Biología.
Cuando se fueron, Diego se quedó pensando en lo que Frida le había contado. Él nunca había planeado decirle que ella era su crush, pero ahora se aseguraba más de que había hecho bien. Si a ella le gustaba Iván, él no iba a poner en riesgo su única amistad por un seguro berrinche futuro.

Entrada del 15 de abril
De vez en cuando, Diego se volaba las clases que no le gustaba. Su maestra de historia se había largado del Colegio Roble y la maestra sustituta la había reemplazado. Por eso Diego se volaba las clases. Sabía que Ana (tal era el nombre de la maestra) tenía ojos de águila y detectaba gente que no ponía atención en un instante.
Diego había descubierto un armario detrás de la oficina del prefecto. Ahí se guardaban exámenes viejos, suéteres perdidos por años y antiguos proyectos de física. En otro tiempo, se notaba que el armario había sido un baño grande. En la tina estaba una caja con los exámenes y encima de ella estaban los proyectos arrumbados. Los suéteres estaban sobre el lavabo. También había un biombo, un montón de puertas sueltas y un archivero lleno de cuadernos olvidados. Y en los cajones del lavabo estaban muchos útiles perdidos.
Se encerraba en el armario a dibujar. Cerraba la puerta y se sentaba en el lavabo. Ponía la carpeta en sus piernas. La luz era pésima. Decir que era incómodo es quedarse corto.
Frida le regañaba. Le decía que no se volara tantas clases. Además, siempre eran las mismas, le decía.
-Un día te van a cachar –lo reprendió cuando Diego tronó el examen de matemáticas.-. Te van a poner como chancla. No entiendo porqué te escondes para dibujar. Nada de malo tiene. Podrías dedicarte a estudiar de lleno en la escuela, y en tu casa puedes dibujar y hacer la tarea.
-No. Sólo tú sabes de mi blog –se excusaba Diego-. Nadie debe saberlo. Ni en mi casa. Van a creer que es una perdida de tiempo. En la escuela deben saberlo todavía menos. Se van a burlar de mí, como de los que juegan con cartas de Yu-Gi-Oh!
-Bueno, como quieras. Yo te estoy dando consejos que creo que son buenos. Al final es tu decisión.
El volarse las clases ya había caído por su propio peso, pero no de la manera en que a Diego le dolía. No tardó en suceder.

Entrada del 22 de Abril
Diego debería estar en el ensayo del día de las madres. Pero cuando terminó su número se fue a hurtadillas. Es obvio a dónde fue. Fue al armario de dibujar dragones y grifos.
Estaba concentradísimo dibujando los ojos furiosos de un dragón aterrorizando un pueblo. Justo en ese momento, la puerta se abrió dando un golpe muy fuerte a la pared. Diego erró lo detalles del ojo y una horrible parábola decoró su dibujo. Levantó la mirada, molesto. En el umbral estaban Iván y Sabrina, de la mano y riendo a carcajadas. Diego cerró de sopetón su carpeta, a ver si se daban cuenta que había alguien ahí. Ellos se callaron. Diego bajó del lavabo y salió empujándoos con los hombros.
Regresaría al ensayo, eso haría. Ellos seguro lo acusarían por no estar ahí. Dejaría de dibujar sólo por culpa de un par de idiotas. Al salir de la oficina del prefecto, oyó pasos. Volvió la cabeza. Iván y Sabrina le seguían. A lo mejor eran ellos los que creían que iban a ser los acusados. Tal vez no lo acusaran. Cuando los tres llegaron al ensayo, los regañaron un poco. No demasiado, pues no querrían iniciar una discusión en medio de algo tan importante como el ensayo del día de las madres, pensó Diego.
-¿Acaso creías que eras el único que conocía el armario? –le dijo Frida en voz baja cuando Diego le contó lo que había sucedido.

Diego ya estaba de mal humor. Así se quedó el resto del día. Nada le mejoró el humor, más bien se lo empeoró. En la clase siguiente al ensayo el prefecto lo mandó llamar. Diego lo siguió por el pasillo sin entender. Él no había hecho algo realmente malo, ¿o sí? A lo mejor Sabrina o Iván lo habían echado de cabeza. Era el doble de idiota que ellos por haber creído que no lo acusarían. Entraron a la oficina y se sentaron. El prefecto veía a Diego con aire divertido. Diego de verdad que no entendía nada.
-Me han informado que usas mi armario como estudio de dibujo.
Fueron ellos, pensó Diego con su acostumbrada rabia.
-¿A sí? –dijo retando. Sin embargo, el prefecto no se inmutó.
-No te hagas, Diego. También me dijeron que te vuelas las clases. Seguro ya sabes quiénes te acusaron, pero no fue por hacer novillos las clases ni por dibujar. Te acusaron porque los empujaste.
-Pues sí. Los empujé para salir.
-Te viste muy grosero, dijeron. Te voy a mandar un reporte –dijo el prefecto mientras lo rellenaba-. Lo debe firmar alguno de tus papás.
Se lo entregó.
-Me sorprende que te portes mal –añadió el prefecto-. Eres una persona agradable. Por eso no te voy a mandar un reporte por volarte clases. El hecho de haber empujado a Iván y a Sabrina no te lo puedo perdonar, porque involucraste a otros alumnos. Que te vueles las clases es un problema enteramente tuyo. Sólo te pido que no te vueles las clases otra vez, ni empujes a la gente.
-Gracias.
Recogió el reporte y ya se iba a ir cuando se volvió.
-¿No quiere un dibujo? –dijo.
-Por supuesto, si me lo quieres regalar, claro.
Diego rebuscó en el armario y sacó el dibujo de un rey chino. Estaba inconcluso, pero lo terminó enseguida. Se lo tendió al prefecto.
-Gracias –le dijo él-. Dibujas como todo un profesional.

El reporte por empujar a sus compañeros aguó el cumplido del prefecto con respecto al mal humor de Diego. Y aún más, pues su mamá tendría que firmarlo, entonces se enteraría del asunto del blog. Un reporte no iba a ser nada comparado con el regaño de su madre. Todo por hacer cosas inútiles que no le dejarían nada para el futuro. Nunca se lo enseñaría a su papá. Su mamá era la mejor al no regañar, quiero decir, la menos peorcita al regañar.
Después de comer, Diego insistió en ir con su mamá y Pam a la clase de piano. Su mamá no entraba a la clase, normalmente se iba a tomar un café. Si le daba el reporte en Starbucks, se mantendría serena y no le gritaría. A su mamá le extrañó que Diego quisiera ir al Starbucks con ella, pero no se molestó y tampoco preguntó. A lo mejor él no era tan grandecito como parecía y le daba mamitis cada vez que ella se iba a tomar cafés.
Pidieron frapuccinos. Diego sacó el arrugado reporte de su bolsillo (le había estado dando vueltas al bolsillo durante todo el día), lo estiró con el fondo de la mesa, tratando de no embarrarle chicles y lo deslizó hasta el lugar de su mamá.
-Me lo enviaron hoy –dijo.
-¿Y eso?
Como Diego sabia que ya la realidad tenía una situación muy rara y no valía la pena sacarse una historia de la manga para esconder el blog, la contó tal y como era, desde que inauguró el blog. Lo narró con pelos y señales, durante una hora.
-¿Me enseñarías alguno de los dibujos? –pidió la mamá.
-Ok.
Fueron a un cyber. Diego accesó al blog, y añadió una más a sus más de doscientas mil visitas. Le mostró todas las entradas, los comentarios, respuestas, le dijo quién era mangaka_princess y digamos, el detrás de cámaras de cada dibujo. Al terminar, la mamá habló:
-Y todo esto no me lo enseñabas por…
-Porque creía que no te iba a gustar –le respondió Diego-. Que lo considerarías una pérdida de tiempo…
-No lo considero una pérdida de tiempo –interrumpió ella-. Además lo haces muy bien ¿Por qué sería una pérdida de tiempo?
-Porque nadie en la casa se dedica a eso.
-¿Y tú crees que porque no dibuje nadie más, no debes dibujar tú? A cada quien le llama lo que le llama. A Pam, el piano; a tu papá, la genética ya mí la cocina. No debes de no hacerlo porque nosotros no lo hagamos. Duh, mucha enes. Como sea, cada quien es diferente.
Diego se quedó callado. Lo estuvo meditando toda la tarde y al día siguiente despertó ew buen humor. Como no había despertado en muchos meses.

Entrada del 29 de Abril
Diego había dejado de guardar el secreto del blog en su casa. Pero no en la escuela, en la que seguía teniendo problemas. Si él creía que un reporte, fama de malhumorado y desobediente era mucho, sus problemas apenas empezaban.
En la única materia en la que le iba mal era en Arte. A Diego le podría ir de pelos en Arte, pero él no quería. No hacía las cosas como normalmente las hacía a propósito. Si la maestra se daba cuenta de que dibujaba bien, se emocionaría mucho y no dejaría de hablar de lo bien que hacía las cosas. Por eso, Diego se esmeraba en dibujar mal. Aunque su familia y Frida ya sabían que él dibujaba y no le daba tanta pena hablar de ello, no había considerado dibujar bien en la clase de Arte. No era porque no quisiera dejar de fingir y dibujar bien y a gusto, sino que hacer todo mal en la clase era tan rutinario que no se le habían ocurrido.
La siguiente semana era el festival del día de las madres. Diego tenía que pintar una figurilla de yeso. Como no la terminó en clase y era para ese día, se quedó en el salón de Arte en recreo. Sólo la maestra estaba allí, buscando y calificando trabajos en su escritorio. Diego estaba sentado en una silla de plástico roja, patrocinada por la Coca-Cola, y llena de machas de pintura. Él seguramente se había sentado en yeso o pintura fresca, pero estaba tan concentrado pintando, que no se habría dado cuenta. Ponía las piernas sobre el brazo de la silla, para estar más a gusto, pintando la figurilla. Se escuchaba la cascarita del recreo.
-¿Cómo te va, Diego? –preguntó la maestra.
-Pues, lo de siempre –contestó Diego, presintiendo que la maestra quería hablar (regañarlo).
-La gente siempre da esa clase de respuestas –dijo con astucia. Tenía razón. Diego sabía que nadie iba a contestar algo diferente a alguien que le ve diario, y convive con personas que sólo están buscando una oportunidad para regañarlo, y por lo tanto, le vigilan.
-Es cierto –admitió Diego, preguntándose a dónde conduciría todo aquello-. Aunque le preguntes a alguien que acaba de pasarle algo malo que cómo está, siempre te va a decir que está bien, aunque se encuentre fatal. Y aunque sabes que se encuentra mal, de todas maneras le preguntas que qué tal –razonó Diego-. Todo esto es muy confuso, está sobre piedra algo que no debería estar así. Digamos que es una mala costumbre de la humanidad.
-Ajá –dijo la maestra, se notaba que con lo que había dicho había querido dar una frase interesante, y lo era, pero Diego se había ido por las ramas. Era un tema interesante, pero tardarían horas en acabarlo de debatir y por eso, ella nunca llegaría al grano de lo que quería hablar con Diego. Le acababa de dar el avión y él se había dado cuenta -. El prefecto me ha mostrado un dibujo que le regalaste. Es excelente. Pero no dibujas así en mi clase.
Diego guardó silencio. Al fin había salido el tema. Él se lo sospechaba, pero se aferraba a la idea de que fuera a regañarlo por cualquier otra cosa. Pero, ¿por qué lo regañaría? El tema lo tomó por sorpresa y sólo atinó a que su mal humor aflorara.
-¿Y qué?
-Entiendo que pueda darte pena –continuó la maestra-, pero anímate. No lo haces nada mal, y yo he dado clases de Arte por muchos años. No es motivo de vergüenza.
-Vaya –dijo Diego, como si eso se lo dijeran a diario y no le importara. Lo cierto es que su humor había cambiado radicalmente en los últimos diez segundos. Se sentía como cada vez que dibujaba algo gordo y difícil, o trabajaba en el blog, escaneando y leyendo comentarios; pero sin esa presión que sentía cuando su blog era muy muy secreto. Le llegaba la inspiración como un diluvio. La maestra de Arte decía que sus dibujos eran excelentes, que no lo hacía nada mal. Ahora Diego estaba decidido a no volver a dibujar mal en clase, a demostrarle que podía ser aún mejor de lo que ella creía. Además, ella no era como cualquiera que le dijese que sus dibujos eran chévere. Daba clases de Arte y había visto el mundo. No le decía que dibujaba bien sólo porque sí.
-¿Podrías mostrarme algunos? –le preguntó la maestra, interrumpiendo un poco la ensoñación de Diego. Digo un poco porque era una sensación muy poderosa y Diego era muy terco como para que la perdiera en un santiamén- ¿Podrías traerlos la semana que entra?
-¿Los originales? –se espantó un poco Diego.
-¿O tienes copias? Si tienes copias no traigas lo originales, pueden dañarse.
-Puede verlos en internet –se le salió a Diego, a causa de su buen humor-, en mi blog.
-Pásame la URL, por favor –le pidió la maestra.
Diego escribió la URL del blog en el reverso de un cupón de pizzas al 2X1 (que ya había terminado con su promoción, claro) que traía en el bolsillo.
-Gracias, lo veré el fin de semana –dijo ella-. No le daré la dirección a nadie.

Entrada del 10 de mayo
Llegó el festival del día de las madres. Diego y Frida saldrían de osos grises. Diego estaba nervioso. No era por el show en sí, sino porque él creía que todos se enterarían que tenía un blog de dibujo.
Ya todos en la escuela sabían que él se dedicaba a dibujar. Después de ver sus dibujos del blog, Morgana (la maestra de arte) le había pedido que diseñara el escenario. Así lo hizo. Dibujó una cascada en medio de un bosque en un acetato. Proyectaron la imagen en la tela y la pintaron los demás chavos de secundaria. Ya no le daba pena que supiese el resto de la escuela que se dedicaba a dibujar, pero aún le causaba pavor que se enteraran del blog. Sucedía que al terminar el festival se mencionaba a los alumnos que hubiesen tenido una participación destacada.
Su grupo bailó al ritmo de la batería de Andrés. Luego pasaron los que iban disfrazados de águilas y al final, las ranas. La escenografía resplandecía y destacaba mucho. Al final, ranas osos y águilas salieron al escenario y se sentaron. El director salió a dar los créditos.
-Demos un aplauso a primero de secundaria con el número de las ranas. También demos un aplauso a Daniela Páez por la música en el piano.
Los aplausos resonaron en el auditorio.
-Segundo de secundaria hizo un excelente número de osos grises. La música estuvo a cargo de Andrés Abitia y su batería. Un aplauso por favor.
Aplausos.
-Y tercero de secundaria nos deleitó con el vuelo de las águilas, con música de Fernando Camacho con su guitarra.
Más aplausos.
El momento se acercaba. El director mencionaría su trabajo en la escenografía y Diego estaba convencido de que no sólo diría eso. Seguramente había averiguado lo del blog, pues Diego había pasado sin querer la URL al prefecto en su dibujo. Diego estaba seguro de que no dejaría de recomendar el blog, pues le había encantado la escenografía. Todos los ´resentes lanzarían un grito de asombro y esa noche sus vistas aumentarían un número nada despreciable.
-Y también demos un aplauso a…

Diego sudaba, tenía calor y frío a la vez y los ojos vidriosos. Estaba pálido. Respiraba de manera agitada. Movía los ojos para todos lados vigilando a sus compañeros, al director y al público. Temblaba. Sentía una extraña sensación, como de vacío , en el estómago. Le latía el corazón con fuerza. Le dolía la cabeza y sentía que el cerebro se le encogía y le crecía, encogía y crecía, encogía y crecía, encogía y crecía…

…Diego Lavado, por el diseño de esta fabulosa escenografía.
Su cuerpo se relajó. No sabía que sucedía. Sólo oía de refilón los aplausos. Veía hacia arriba, a las vigas del techo del escenario. Lego no oyó nada y todo quedó en blanco.
-¡Se desmayó! –gritó Frida- ¡Diego se desmayó!
Los demás osos grises lo rodearon y Morgana corrió hacia el barullo. Entre ella y Frida lo cargaron y lo sacaron del escenario. Mientras Morgana trataba de despertarlo, Frida llamó a la ambulancia. Tal vez no le había pasado nada grave, se dijo, pero toda precaución siempre es poca.

Sonaba un traqueteo. Era constante, pero irregular. Diego sentía que unas cositas volaban a su alrededor. Abrió los ojos.
Había mucha claridad. Diego vio que estaba en algo parecido a una habitación. Cerró los ojos y los volvió a abrir. Ahí estaba Morgana, hablando con una enfermera. Parpadeó una vez más. Al tratar de levantarse se dio cuenta de que estaba en una ambulancia.
-No te levantes –dijo la enfermera-, tienes rota una muñeca.
Era cierto. Era la muñeca derecha.
-Te desmayaste cuando el director habló de tu escenario –explicó Morgana-. Aquí me dicen que estabas hiperventilando –añadió refiriéndose a la enfermera-. Te van a tener que enyesar.
Era genial. Sencillamente genial. Diego no dibujaría en un tiempo, pues era diestro.

Entrada del 11 de mayo
Desde el desmayo, algo rondaba en la cabeza de Diego. Le hacía pensar cosas terribles, le preocupaba. Temía saber la verdad, pues ésta podría ser una pesadilla convertida en realidad ¿Cuáles serían sus consecuencias? Diego ya sabía que consecuencias traía un asunto como ese. Si sabía la realidad, las consecuencias no lo tomarían por sorpresa; lo malo sería que temería el momento de la verdad y se torturaría él mismo. Pero si no se enteraba, tal vez al enfrentar las consecuencias éstas fueran más terroríficas y horripilantes. Como una tortura rápida, de esas que no te das cuenta cuando acaban.
Diego imaginaba que si había pasado lo que temía, siempre estaría huyendo como un cobarde, perseguido. Iría de refugio en refugio, hasta que terminara en una azotea sin ningún modo de bajar, con la muchedumbre a su alrededor gritándole. Le vigilarían siempre y nunca podría escapar de la azotea. Estaría solo, sin amigos y sin ayuda ¿Cómo haría su vida ahí arriba? ¿Al aire, sin techo? Porque estar en una azotea es como estar en un escenario. Sería el loco de la ciudad “ahí está Diego el Loco, viviendo en la azotea”. La gente vería cómo duerme, cómo se despierta, se entretiene, come y siempre estarían ahí, vigilando y gritando. Si es que come, porque ¿qué puedes comer en una azotea? No tienen ninguna clase de ayuda. Lo más probable es que muriera de hambre. Era una angustia terrible.

En el hospital lo enyesaron, y lo hicieron dormir un poco. Al despertar, Diego vio a Pam y a su mamá en el sillón. Se apapacharon. Diego se preparaba para preguntarles aquello que había dado vueltas a su mente desde que se había desmayado, cuando alguien tocó desesperadamente a la puerta. Pam la abrió. Era Frida.
-¡Diego! –exclamó.
-¡Frida! –se sorprendió él. Al ver a Frida se le olvidaron sus broncas un segundo, pero regresaron enseguida, como un balde de agua fría.
-¿Estás bien? –preguntó Frida mientras se dirigía hacia él con una caja de galletas. Estaba tan contenta que se había olvidado de saludar a Pam y a la mamá de Diego.
-Ah, sí –dijo Diego-. Mucho mejor. Aunque no me dolió mucho. Sólo me dolió cuando me acomodaron los huesos. Después de todo, ya me había desmayado cuando me la rompí.
-Oh, ¿y cuando vas a estar bien?
-En unas dos o tres semana me dijeron. Luego viene la rehabilitación.
- Y, jajaja, no vas a poder dibujar –canturreó Frida, pero no en afán de burla, sino en buen plan.
-Sí, no voy a dibujar –continuó Diego-. Pero durante la rehabilitación sí. El doctor dijo que no me vendría mal.
Frida asintió. Diego empezó a hablar con nerviosismo de lo que le daba vueltas a su cabeza.
-Esteee. Les quiero preguntar algo. Cuando me desmayé, ahí en el teatro; bueno, no cuando me desmayé, pero cuando el director me mencionó, ¿habló también de mi blog?
Los presentes se miraron. Luego estallaron en carcajadas.
-¿Y a qué viene todo eso, eh, Diego? –dijo Pam, picándolo.
-Pues… ¿a qué ha de venir? –razonó Diego creyendo que era muy obvio.
-¿Te refieres a que si tu blog sigue siendo secreto? –preguntó su mamá.
-Ay, por fin –gruñó Diego.
-Diego… Mmm. Tu blog sí es un secreto aún –dijo Frida-. El director no dijo nada, ¿por qué habría de decirlo? No entiendo porqué quieres que tu blog sea un secreto tan guardado.
Diego lo meditó unos segundos. No sabía por qué seguía manteniendo en secreto su blog. Hasta que se acordó. Sería un ermitaño viviendo en una azotea el resto de sus días. Pero después de escuchar mentalmente de nuevo lo que había dicho Frida, se dijo que su imaginación y su paranoia le jugaban malas pasadas. Eso no era cierto. Ahora que lo volvía a pensar, todo ese rollo de la azotea, era una estupidez (y era quedarse cortos, le dijo la parte sarcástica de su  mente). Lo peor que podía pasar era que lo lanzarían al fango. Quiso decir algo para no quedar mal, sin que se enteraran de su loca idea (¿cómo pudo ocurrírseme semejante tontería?), pero que tampoco estuviese fuera de la realidad.
-Es que si lo publico por ahí, los demás me van a tratar mal.
Las tres negaron con la cabeza ante su necedad. Diego no se convenció. Seguro lo aventaban al fango.
Pasaron el resto de la visita hablando de chismes.

Entrada del 18 de junio
Diego regresó a la escuela con el brazo enyesado. No podía escribir, así que Frida lo hacía por él en las tareas y en los trabajos. A cualquiera le gustaría que alguien escribiese en su lugar, pues muchas veces da flojera y así casi no hay que hacer nada. A Diego le daba pena que Frida tuviese que hacer muchas cosas por él, pero como no le quedaba de otra, lo aceptaba con la cara colorada. Lo bueno es que al ser fin de año no había mucho que hacer. En muchas clases veían películas y ya no importaba que se las volaran. Todos echaban relajo.
Un recreo Diego y Frida iban caminando por el patio. Como iban discutiendo lo que vendría en lo finales, no veían en dónde pisaban.
-¿Vendrán muchos problemas?
-No lo creo –contestó Froda-. En los bimestrales sólo ponía como tres. Yo creo que va a venir más de teoría.
-Ah, pues si –admitió Diego- ¿Tú crees que venga formulario?
-¡Cuidado! –lo interrumpió Frida.
Diego tropezó con unos ladrillos y ¡splash! Cayó panza abajo en el fango. Salpicó de fango todo alrededor. A Frida le cayó un poco en el brazo y en la playera. Se dio la vuelta. Tenía todo el frente manchado de fango. Ahora que se había dado la vuelta estaba cubierto del todo. Los que jugaban la cascarita lo miraban con curiosidad.
Ahí fue que a Diego le llegó la iluminación. Se dijo que aunque nadie supiera de su blog, se había bañado en el fango. Además nadie se había reído. Lo respetaban. También lo habían estado felicitando toda la semana por su gran trabajo en la escenografía. Todo el Colegio Roble adoraba sus dibujos. Comprendió que un blog no tiene nada de malo y que había sido muy egoísta al no compartir sus dibujos con los demás. Todas estas ideas aparecieron en su cabeza en menos de un segundo.
-¿Estás bien? –dijo Frida inclinándose al fango.
-Sí- masculló diego con la boca llena de fango.
-Déjame ayudarte a que te levantes.
Le tendió la mano. Diego la tomó con su mano izquierda (aún tenía el yeso), hizo ademán de que ya iba a levantarse y sonrió muy maquiavélico.
-¡No! –gritó Frida.
Diego la jaló del brazo para sí. Ella se cayó de panzazo en el fango junto a él.
. . .
Los regañaron.
De vuelta en la clase de Química ya se habían lavado lo mejor que podían. Todavía dejaban un rastro de tierra por donde pasaban; y Diego sentía que fango en su boca, aún después de haberse enjuagado la boca diez mil veces. Los dos tenían una sonrisa tonta y simple en la cara.
Sabrina (estaba sentada junto a Diego en la clase) se inclinó hacía él. Le susurró:
-¡Hey! ¡Diego! ¿Cuándo me enseñas a dibujar? Es que te quedó de pelos la escenografía.
-Mmm. No lo sé –contestó Diego-. El día que quieras.
-¿Qué mas dibujas? –inquirió Sabrina.
-De todo –dijo Diego. En ese momento recordó lo que había pensado al caer al fango-. Lo puedes ver en este blog –añadió mientras escribía en una hoja rasgada de la carpeta la URL.
-¡Por fin! Sospechaba que tenías algo así.
-Ah, ¿sí?
-Pues, ¿cuánto tiempo te lo querías guardar? –murmuró Sabrina con enojo fingido.

FIN
Esta es una historia corta que escribí hac unos meses. No es precisamente romántica, pero por ahí va la historia a ratos. Trata de Diego, un chico que le tiene pavor a que se descubra su blog secreto.
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October 11, 2009
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