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Art by JMS8572
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Description
La noche se había tragado la última brasa del sol, y con ella, la magia protectora de El Páramo parecía diluirse en la neblina. Maléfica, en su forma de hada, con sus alas desplegadas y el corazón aún no endurecido del todo por la amargura, había sido emboscada. No fue Stefan esta vez, sino un guerrero furtivo, un cazador de recompensas contratado por algún noble temeroso de su creciente poder.
El hombre, con una armadura tosca y una sonrisa que se estiraba en la penumbra, no buscaba las alas como trofeo, sino el sometimiento.
"Así que esta es la legendaria guardiana," siseó, su voz áspera como la gravilla. "No pareces tan invencible ahora, criatura del bosque."
Maléfica, inmovilizada por una red de hierro que se había lanzado sobre ella desde las sombras, sentía cómo cada eslabón del metal quemaba su piel como un veneno lento. El dolor no era solo físico; era una corrosión de su misma esencia, de su magia, de su espíritu. Sus poderosas alas aleteaban desesperadas, pero cada movimiento apretaba la red, clavando más el hierro tóxico en sus carnes.
El guerrero se acercó, sus pasos amortiguados por la maleza. En su mano, una cadena de hierro, más gruesa que las de la red. No la usó para golpear. Fue más cruel.
Con un movimiento calculado, la cadena se enrolló alrededor de su talón expuesto, apretándose con un chirrido metálico. Maléfica gimió, un sonido que apenas pudo salir de su garganta. No era el grito de furia al que el mundo se acostumbraría más tarde, sino un lamento de puro sufrimiento.
"¿Dolor, hada?" susurró el guerrero, disfrutando de su agonía. "Esto es solo un recordatorio de lo que eres, y de lo que soy yo. Un humano con un simple trozo de metal."
Apretó la cadena, y Maléfica sintió como si el hueso mismo de su talón se estuviera quemando desde dentro. El tejido mágico de su piel reaccionaba, humeando ligeramente, mientras la energía verde de su magia luchaba inútilmente contra la toxicidad del hierro. Cerró los ojos, el rostro contorsionado por una agonía que iba más allá de lo físico, al ver su propia vulnerabilidad expuesta ante la crueldad humana.
"Tu magia no vale nada contra esto," continuó el guerrero, su voz llena de desprecio mientras observaba el efecto de la cadena. "Mientras que un simple mortal puede hacerte doblegarte con esto." Con el talón de Maléfica aún atrapado en la cadena, el guerrero la arrastró un par de metros por el suelo rocoso del bosque, las pequeñas piedras hiriendo la piel ya quemada por el metal.
Las alas de Maléfica cayeron laxas, su resplandor morado se atenuaba con cada instante de tortura. El guerrero no buscaba matarla, buscaba romperla. Buscaba que el miedo al hierro y el desprecio humano se grabaran en su corazón.
Y en esa noche oscura, mientras el metal frío mordía su carne y su espíritu, Maléfica empezó a aprender la lección más amarga de todas: que la debilidad no venía de su magia, sino de la facilidad con la que la crueldad humana podía explotar su conexión con la tierra y su propia naturaleza.







































