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Hreter's avatar

Por la Magdalena del Dia D

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Portuguese

Era o dia D. A operação que decidiria o futuro daquele confronto que já durava meia década atingia seu auge! O estrondo das artilharias ressoava pelas trincheiras, indicando o momento de avançar ou recuar; o som de mil, dez mil, um milhão de disparos ao mesmo tempo martelavam os tímpanos dos soldados que, já havia muito, abandonaram o sonho da supervivência e apenas se preocupavam em ajudar sua nação ao derrubar o máximo numero de soldados inimigos.

Um batalhão da primeira linha do exército invasor acabava de ser dispersado pela explosão quase certeira de uma rajada de artilharia. Dois cabos, amigos de longa data que se haviam alistado juntos um ano atrás, se arrastavam, lado a lado, por uma trincheira particularmente rasa, bem perto da primeira linha inimiga. Um deles, um furão de olhar ativo apesar da fadiga, parou ao sentir a mão de seu companheiro pousar em seu ombro de forma brusca.

-Vamos descansar um pouco, Alby. – Disse seu amigo, um cervo de rosto amarronzado com a tinta de camuflagem já bem borrada. Recostou-se contra uma das paredes da trincheira, descansou seu fuzil no colo e bebeu de seu cantil. – Precisamos descansar antes de realizar a missão.

-VOCÊ precisa descansar! Eu vou continuar. Me passe o C4. Preciso estourar muita gente hoje. – Grunhiu o furão, de cara amarrada, estendendo sua mão ao cervo.

-Não é possível que você ainda esteja nessa pilha toda por causa do bolinho. – Revirou os olhos e deu um novo gole, ignorando a granada que explodira a poucos metros. – Nós sobrevivemos uma manhã infernal, vimos companheiros morrendo, matamos muitas pessoas, quase fomos mortos várias vezes e você tá preocupado por vingar teu bolinho?!

-Eu estou te falando que temos um espião no nosso pelotão. – Insistiu Alby, com uma expressão maníaca no rosto sujo de terra. – Um maldito espião que sabe qual área íamos percorrer para a emboscada.

-E que, antes de avisar nossos inimigos, comeu teu bolinho de chocolate. – Completou o cervo, com voz irônica – Não vê que isso é maluquice tua? Aposto que você comeu faz uma semana e nem se lembra.

-Aquele era o bolinho do dia D. – Contestou ele, friamente. – O bolinho do dia D deve ser comido no dia D. Sabe por quê, cervo? Porque no dia D...

-"Nós podemos morrer com honra", sim, eu sei.

-Exato. E eu tinha guardado esse bolinho para este dia como motivação para não morrer até hoje. E então vem um espião filho de uma cadela e o come! Como você quer que eu esqueça?

Ouviram um gemido bem perto deles e o corpo sem vida de um soldado inimigo caiu em sua frente, na trincheira. Eles estavam recuperando terreno.

-Precisamos ir embora daqui, cervo, e completar o plano B que eu idealizei. Ou você me dá o C4 ou eu vou te tirar à força!

-Ah, branquelo, não me enche, vai... – Disse, desdenhoso, levando o cantil à boca novamente. Ele mal teve tempo de reagir ao ataque surpresa do furão, quem largara seu fuzil e começara a vasculhar os bolsos do colete do cervo à procura do explosivo. – Ei, espera, p... PARA COM IS...

-O que é isto...?

O furão segurava um pedaço de papel. Um pedaço de papel amassado que o cervo guardara aquela manhã no bolso, antes de entrar em formação para receber o sempre motivador discurso de seu sargento. Aquele pedaço de papel que escondera em seu bolso, dedicando uma ultima lambida nos lábios, ao ver que seu amigo de longa data chegava. Ainda podia ver vestígios de farelo sobre ele.

-A... Alby, eu... Desculpa...

Alby sequer respondeu. Seus olhos escureceram, sua expressão adotou um ponto de frialdade que, em meio ao caos que estavam enfrentando transmitia a mais pura loucura. Ele se levantou, ignorando o perigo de ser atingido, apontando o fuzil que acabava de recuperar do solo. Sem hesitar por nenhum segundo.

-E A MISSÃO? E NOSSA AMIZADE?

Alby o fitou por um momento e sua expressão de serenidade se transfigurou em uma careta de fúria que atormentaria os sonhos de qualquer bebê.

-FODA-SE O MUNDO! VOCÊ COMEU A PORRA DO MEU BOLINHO DO DIA D!!!

E apertou o gatilho. O fuzilamento foi violento e durou tempo o suficiente como para o cartucho acabar. Alby, tranquilamente, recarregou e continuou a disparar. Pelo bolinho. Pelo maldito bolinho do dia D.

PELO BOLINHO DO DIA D!

Até que o C4 que havia nos bolsos do cervo foi atingido. Até que uma explosão o abraçou calorosamente e destruiu completamente a trincheira onde estavam, sem causar grandes danos ao exército inimigo.

Ironicamente, a meio quilometro dali, o resto do batalhão caía numa armadilha, como se o inimigo soubesse exatamente para onde estava indo. Tarefa de um espião, talvez. Isso nunca saberiam. Tampouco saberiam que dia D, um par de horas mais tarde, seria anunciado como um fracasso aos altos cargos do exercito da nação atacante.

O cervo, porém, morreu sabendo de uma coisa: O Bolinho do Dia D estava uma delícia.


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SPANISH:

Por la Magdalena del Día D


Era el día D. El futuro de aquella guerra que ya sumaba media década de cruda devastación mundial llegaba a su clímax. El estruendo de las artillerías resonaba por las trincheras, indicando el momento de avanzar o retroceder; el sonido de mil, diez mil, un millón de disparos simultáneos martilleaban los tímpanos de los soldados cuyas esperanzas de supervivencia ya había mucho que habían desaparecido. Solo se preocupaban en ayudar a su nación haciendo caer el mayor número posible de soldados enemigos.

Un batallón de la primera línea del ejército invasor acababa de dispersarse debido a la explosión de una ráfaga de artillería. Dos cabos, amigos de infancia que hasta se habían alistado juntos hacía un año, se arrastraban, hombro a hombro, muy cerca de la primera línea enemiga. Uno de ellos, un Hurón de mirada activa a pesar de la fatiga, se paró al sentir la mano de su compañero posarse bruscamente en su espalda.

-Tío, descansemos un rato. – Dijo su amigo, un Ciervo de rostro marrón cuya tinta de camuflaje ya se había disuelto. Espaldas contra una de las paredes de la trinchera, descansó a su fusil sobre sus piernas y dio un trago de su cantil. – Necesitamos descansar para acabar la misión.

-¡TÚ necesitas descansar! Yo sigo. Pásame el c4. Necesito explotar a alguien hoy. – Gruñó Hurón, extendiendo a su mano hacia Ciervo.

-No creo que todavía estés cabreado por lo de la magdalena… - Dejó los ojos en blanco y volvió a beber, ignorando a la granada que acababa de explotar a pocos metros. – Hemos sobrevivido a una mañana infernal, hemos matado a un cojón de personas, hemos tenido nuestras vidas por un puto hilo todo el día y tú todavía piensas en vengar a tu jodida magdalena?!

-Ya te dije que hay un espía en nuestra división. – Insistió él, su expresión maníaca ganando algo de triste comicidad por la tierra en su rostro originalmente albo. – Un puto espía que ahora sabe qué área íbamos a recorrer para completar la misión.

-Y que, antes de enviar su informe a los enemigos, comió a tu preciosa magdalena rellena de chocolate. – Ironizó Ciervo. – ¡Estás como una cabra! Seguro que te has comido a esta magdalena hace una semana y ya ni te acuerdas.

-Aquella era la magdalena del día D... – Contestó él, fríamente. – La magdalena del día D se come en el día D. ¿Sabes por qué es así, Ciervo? Porque en el día D…

-Podemos morirnos con honor. Lo sé.

-Exacto. Yo me había guardado esta magdalena para este día para que tuviera algo por lo que vivir hasta hoy. ¿Y todo eso para qué? ¡Para que luego venga un espía hijo de puta a comérsela! ¿Cómo quieres que me olvide de eso?

Se pudo oír un lamento muy cerca antes que el cuerpo agonizante de un soldado de la primera línea enemiga cayera al lado de los dos. Los cabrones estaban avanzando.

-Necesitamos salir de aquí, Ciervo, y completar el plan B que idealicé. O me das el C4 o te lo quito a fuerza.

-Va, no me toques los huevos. – Dijo, desdeñoso, llevándose el cantil a la boca otra vez. Apenas tuvo tiempo de reaccionar al ataque sorpresa de Hurón, quien se había lanzado a los bolsillos de Ciervo, en busca del explosivo. – Eh, espera, d-DEJALO…

-Qué es esto?

En la mano del hurón había un trozo de papel. Un trozo de papel comprimido en una pelota que el ciervo había guardado en su bolsillo antes de entrar en formación para recibir el discurso motivacional diario de su sargento. Aquél trozo de papel que había ocultado en su bolsillo con un último lametón en los labios, en ver que llegaba su amigo de infancia. Todavía se veían migajas esparcidas por su superficie.

-Tío, yo… Lo… Lo siento…

Hurón siquiera contestó. Sus ojos oscurecieron, su rostro adoptó un punto de frialdad que, en medio del caos al que se enfrentaban transmitía la más pura locura. Se levantó, indiferente a los posibles proyectiles que perforarían su cabeza, apuntando su fusil a su compañero, sin ninguna hesitación.

-PERO ¿Y LA MISIÓN? ¿EL PLAN B? ¡¿NUESTRA AMISTAD?!

Su amigo le penetró con la mirada desde arriba y su expresión de serenidad se transmutó en un careto de furia insana.

-¡A LA MIERDA! ¡A LA PUTA MIERDA! ¡TE HAS COMIDO MI JODIDA MAGDALENA DEL DÍA D!

Y disparó. El fusilamiento fue violento y duró tiempo suficiente como para que se acabara la munición del hurón. Este, tranquilamente, cambió el cartucho y siguió disparando. Por la magdalena. Por la magdalena del día D.

-POR LA PUTA MAGDALENA DEL DÍA D!

Hasta que el C4 que había en un bolsillo del ciervo no resistió a la ráfaga. Una explosión le abrazó calurosamente y destruyó completamente la trinchera, sin generar grandes pérdidas en la primera línea enemiga.

Irónicamente, a medio quilómetro de allí, el resto del batallón caía en una trampa, como si el enemigo supiese exactamente hacia dónde iban. Obra de un espía, quizás. Eso nunca lo llegarían a saber. Tampoco llegarían a saber que el Día D, un par de horas más tarde, sería declarado un desastroso fracaso por los altos mandos del ejército de la nación atacante.

El ciervo, pero, murió sabiendo una cosa: que la Magdalena del Día D estaba buenísima.
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© 2011 - 2022 Hreter
Comments2
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Sowl-Luceferi's avatar
Awww...história legal, mas final que me entristece... >.<
Muito bom, senhor cervo!
ACE-theDragon's avatar
PELO BOLINHO DO DIA D!!!!!! >=3 hehe! ^^
"Nice" historia cara! Soh fiquei sentido pelo bolinho... =x