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engwar
mateo calicor tornes
Spain
Current Residence: Por Madrid
Favourite genre of music: Clasic, heavy
Favourite photographer: searching
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Las sombras del crepúsculo invadían la espesa floresta y  las criaturas que moraban en aquella región fronteriza al noreste de Golsak, se escondían en el follaje en lugar de buscar alimento. Quizá lo que les turbaba era el estruendo que causado por los cascos de Hechizado, el dorado corcel que como un vendaval pasaba entre los oscuros troncos sin, milagrosamente rozar una sola rama.
Rogania cabalgaba furiosamente, en línea recta en tanto lo permitían los árboles mirando fijamente al este. Hora tras hora, legua tras legua, siguiendo a su desasosiego, hacia donde no quería ir.
Durante dos días no había visto otra cosa que árboles borrosos pasar ni oído ni sentido nada que no fuese la vibración de los cascos de Hechizado, pues ninguno de los dos necesitaba en realidad descansar cuando un  fuerte propósito les animaba.
Allí, al otro lado de las montañas, alejándose y sin embargo, cada vez más cerca estaba la  fuente de su miedo, el asesino de Istariel.

Trepó y trepó por entre los espesos bosques mezclados de las primeras estribaciones.
La luz terminaba de morir mientras el terreno cada vez más abrupto hacía  que el sufrido corcel demostrase su origen sobrenatural con imposibles saltos.
Cercana la medianoche dejó atrás la primera loma y encontró un sinuoso desfiladero que parecía atravesar entre los cerros en la dirección que estaba siguiendo. Rogania estaba segura de que su enemigo no había pasado por allí pero se le presentaba la oportunidad de acortar notablemente la distancia que los separaba. Con este pensamiento en mente, la segunda Reina entre las Hadas de Golsak permitió que su caballo disminuyese su velocidad a un suave trote al internarse entre las negras paredes.

El amanecer había apenas llegado y Rogania permanecía en tensión, pues sabía que desde las alturas estaba siendo observada con hostilidad.
Había decidido seguir el ritmo tranquilo en que trotaba Hechizado sin echar mano de su lanza ni hacer ningún gesto amenazante ya que las criaturas que estaba percibiendo no parecían decidirse a hacer nada, pese a lo vulnerable que era en el fondo del desfiladero.
Sin duda la seguían. Podía notar el apresurado roce de pequeñas zarpas contra las Rocas a unos cuarenta metros sobre su cabeza. Rogania frunció el ceño; pese a lo abrupto del terreno seguían el paso de su caballo sin aparente esfuerzo. Su oído, más agudo que el de un elfo captó un silbido en el aire y al  mirar de reojo hacia arriba apenas vio que una sombra a contraluz había saltado cruzando la grieta, de quizá doce metros de anchura, A esa le siguieron más en uno y otro sentido, mientras oía que otras se iban adelantando y aún más se acercaban desde los montes de ambos lados a endiablada velocidad.
Viendo que el número volvía audaces a esos seres Rogania abandonó toda discreción. Extrajo de un tirón la lanza de su funda e irguiéndose en la silla exclamó:-¡Adelante, Hechizado, que sólo vean de ti un destello!
Aunque la luz del sol aún no llegaba al fondo del desfiladero unas espesas crines brillaron como plata pura y con un relincho de feroz alegría, Hechizado atronó los valles con su galope, que el eco devolvía una y mil veces como si un ejército entero y no una sola mujer descendiese de las montañas a matar y ser matado.
Un fuerte impacto sacó chispas de la roca varios metros por encima de su cabeza, Rogania pudo distinguir pese a la velocidad que el destrozado proyectil al que siguieron varios más había sido una herrumbrosa pala. Tras ella cayeron media docena de mazos, picos y trozos de madera, pero la tremenda velocidad de Hechizado hacía muy difícil impactarles. En lo alto unos graznidos irritados se pudieron oír, y fueron contestados más adelante.
Un terrible estruendo siguió al torrente de rocas, y la polvareda resultante envolvieron el valle, pero el brillante corcel cortó a través del derrumbe como una flecha, y sin frenarse tomó una cerrada curva del desfiladero. La maga había soltado ya las riendas confiando en el instinto de su montura y se cubría de la lluvia de rocas y martillos con su ovalado escudo e incluso con la lanza golpeó a varias piedras que caían cerca de la cabeza de Hechizado, cuyas patas se iban cubriendo de sangre, fruto de mil laceraciones.
Más que el ruido fue la vibración lo que alertó a Rogania de que una roca, grande como un granero se les venía encima, deshaciendo como si fuesen líquidas las paredes de la quebrada. El rozamiento fue lo que frenó un instante la mole mientras pasaron justo por debajo con fragmentos estallando a su alrededor. Hechizado soltó un relincho de dolor, notando Rogania como el  poderoso cuerpo se conmovía, pese a todo quizá podrían salir de esa encerrona.
Otra gran roca arrastrando varias más caía delante de ellos. Con un quejido y dejando un lluvia de gotitas de sangre, el osado corcel saltó sobre el torrente de piedras que estaba llenando la cañada. Una, otra y otra vez apoyó uno de sus cascos en las rodantes piedras, saltando demasiado veloz para verse arrastrado por ellas, y dejando atrás el derrumbe, antes de que sus atacantes se recuperaran de la sorpresa dejaron atrás el desfiladero saliendo entre los roquedales a un soleado valle donde atrincheradas entre escombros de roca aguardaban dos desgarbadas criaturas.

Tenían la altura de un niño y aspecto de reptil, su piel era sin embargo de un lacio pellejo verdoso al que se habían cosido de alguna manera placas de metal, sus piernas o patas eran extremadamente largas, dándoles dos terceras partes de estatura . En cada zarpa portaban pequeños picos y martillos a los que se había acortado el mango para hacerlos manejables. Ofrecían un aspecto algo ridículo que no engañó a Rogania.

Sus arrugadas gargantas emitieron  una especie de agudo “¡Güip!” una y otra vez mientras empuñaron sus pequeñas armas.
Uno de ellos cruzó el parapeto de un veloz salto mientras el otro se movió más cautelosamente hacia la derecha. -¡Güip, güip, güip! Se pusieron  las armas detrás de la cabeza como si fuesen a lanzarlas y……
Un fuerte gruñido como el de un jabalí, retumbó por las montañas y fue recogido por numerosos ecos.
Los dos seres, a los que Rogania ya había identificado como hamdruk, duendes de escaso poder, pero muy agresivos, se detuvieron, y bajaron las armas de mala gana cuando el rugido se repitió.
Rogania se desentendió de sus atacantes que retrocedían cabizbajos y miró intensamente hacia el tercer hamdruk que había gritado. Sentía una cierta picazón un su piel en la que no había reparado debido a su precipitada llegada. El pellejo de la criatura era muy oscuro, lleno de llagas mal curadas y no portaba armas, pero los rasgos más sobresalientes de la criatura eran sus manos envueltas en llamas, como las que salían de su boca, que exhalaba lentos jadeos, como si estuviese al borde del colapso.
Al no hacer el engendro ningún movimiento, Rogania se permitió un vistazo al entorno mientras Hechizado se adelantaba con cautela.
El pequeño valle en el que estaban surgía entre altos riscos casi verticales, que surgiendo de un estrecho cinturón de grandes pinos refulgían a la luz del sol naciente. Por todas partes se veían entradas estrechas y oscuras en al pie de los cerros, el suelo y las paredes mostraban numerosos escombros y restos de andamios cerca de los túneles.
En algún momento del pasado aquí hubo alguna clase de complejo minero, que al parecer ocupaban los hamdruk.  

Furiosa, Rogania se encaró a la criatura. -¡Bichejo lastimoso, sé que percibes quién soy y  osas atacarme! ¡A mí no me importa que tu corte de alimañas quiera reclamar este territorio, que a nadie sirve, en los confines de Mí reino! pero os habéis atrevido a dañar a mi caballo, y eso no lo perdono.
Ahora no puedo pararme a pisotear sabandijas, mas en cuanto haya terminado lo que estoy haciendo volveré ¡y vais a ver lo divertido que es que os tiren piedras, gusanos!

La sensación de picor que Rogania sentía se hizo casi insoportable en proximidad de la chamuscada criatura.
Podía notar como desde muy lejos y muy abajo confluían varias corrientes de fuerza telúrica hasta el tosco bloque sobre el que se erguía el desgarbado hamdruk. Este, de alguna manera estaba consiguiendo asimilarla, aunque, según parecía, con graves daños. Sus jadeos se hicieron más profundos, casi agónicos, y ante la atónita Rogania las zarpas de sus pies muy lentamente comenzaron a separarse del suelo, hasta que ambos pudieron mirarse a la misma altura.
Hechizado, todo nervios, empezó a retroceder, sus instintos le obligaban a alejarse de ese ser.

Todo el valle fue sacudido por un repentino y ensordecedor temblor de tierra cuando la fuerza contenida se liberó , varios corrimientos desmenuzaron los pinos y sepultaron las entradas de las minas, y Hechizado presa del terror se encabritó casi derribando a Rogania al trastabillar con sus patas traseras en el suelo inestable.
El hamdruk saltó en el aire la distancia que les separaba , y solamente un acto reflejo del poderoso corcel impidió que Rogania y él fuesen aplastados por la criatura. Medía ahora más de cinco metros de estatura, su cabeza y su cuerpo, muy hinchados, le hacían parecer obeso e iba embutido en una gruesa y desigual armadura de placas y cuero que le daba un aspecto aún  más grande y achaparrado. Lo único que permanecía inalterado eran los casi invisibles ojillos del hamdruk que desaparecían debajo del abultado morrión que ahora le protegía la cabeza.
Con el mugido de un toro furioso, y mientras en vallecito seguía desmoronándose dio un tirón de una gruesa cadena que envolvía su mano izquierda. Rogania viendo la trayectoria de su brazo se agachó hacia un costado de su montura, que a su vez se puso prácticamente de rodillas en un instante mientras ambos notaban una enorme masa que pasaba despedida por encima de ellos.
Cuando recobraron al momento la posición Rogania no pudo evitar que le aguijonease el desaliento al ver qué es lo que estaba volteando el antes frágil monstruito haciéndolo silbar en el aire: La cadena estaba acabada en una pieza cúbica de herrumbroso hierro, mortal para ella, de alrededor de un metro de lado cubierta irregularmente de desiguales pinchos.
Mientras Rogania titubeaba, el mutado hamdruk rió como reiría un bisonte si pudiese hacerlo y atacó con otro formidable salto buscando aplastar caballo y jinete al mismo tiempo.
El hermoso corcel, con una agilidad impensable en su tamaño saltó a su vez hacia delante esquivando por un pelo al coloso, que apenas girando sobre sus talones hacia la derecha levantó el brazo dejando caer su pesada maza hacia atrás. Mas solamente rozó las crines de Hechizado que raudo estaba de nuevo a su espalda.
El monstruo, airado dio un fuerte tirón y arrancó el pesado trozo de hierro junto con buena parte del suelo en que se había incrustado, alzó el brazo con todas sus fuerzas con la muerte en su mirada y con un -¡¡Grrraaajh!! se le escapó la maza  hacia atrás porque durante un parpadeo una lanza había clavado en la axila del hamdruk, en ese momento descubierta de la pesada coraza.
Rogania galopó hasta cierta distancia de la criatura y se encaró con ella moviendo la lanza de forma lánguida y juguetona. El gigante herido, loco de furia, se cambió la cadena de mano,  empezó a voltearla con todas sus fuerzas de la forma más torpe y se arrancó el casco hiriéndose en la cabeza con la maza.
Rogania soltando una risita infantil de lo más irritante dijo-Así que, zurdo ¿Verdad chiquitín?
El Hamdruk en un alarido de pura cólera tiró la cadena a la sonriente hechicera, fallando y cargó con las garras desnudas.
Con un velocísimo movimiento, Hechizado se colocó a la izquierda del monstruo mientras Rogania, alzándose en la silla y cogiendo la lanza casi de la punta como si fuese un enorme cuchillo saltó a la hombrera y acuclillándose la clavó hacia arriba por debajo de la barbilla, la arrancó de un tirón, y en el mismo movimiento giró sobre el tambaleante coloso y volvió a saltar a la grupa de Hechizado que no había detenido su carga, siguiendo al galope valle abajo.
A su espalda, el monstruo en su agonía perdió el poco control que tenía sobre el poder  que había absorbido mientras una catarata de sangre color óxido regaba el suelo a sus pies. El temblor de tierra se multiplicó desmenuzando la cañada en una cacofonía de destrucción. Los cerros fluyeron ahora como cera derretida y rocas, abetos y hamdruk fueron triturados por los corrimientos, delante de los cuales, veloz como una saeta, corría Hechizado.
Cuando al fin dejaron atrás el peligro Rogania atendió las heridas de su maltrecho corcel. Aún quedaba un largo camino antes de atravesar la Cordillera de Dangor, llena de peligros y descender a las Estepas donde esperaba encontrar a su enemigo sin nombre.  
  • Listening to: Helloween
  • Reading: El jardín de los Frailes
  • Watching: Sobrenatural
  • Playing: Diablo
  • Eating: chinese and more chinese and more chinese
  • Drinking: Biberón de café (muuy frío)

Comments


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:iconbeledra:
Beledra Featured By Owner Apr 21, 2018  Hobbyist General Artist
Gracias por el fav ^_^
Reply
:iconremyfotos89:
remyfotos89 Featured By Owner Feb 27, 2018
Gracias hermano:iconbeer-plz:
Reply
:iconbrusumfun:
brusumfun Featured By Owner Feb 4, 2018
Thanks for the Faves and for Watching!
Reply
:iconlikearosee:
likearosee Featured By Owner Feb 4, 2018  Hobbyist Traditional Artist
Thank you for the watch!!cute blush  xx
Reply
:iconprincessjazzcosplay:
princessjazzcosplay Featured By Owner Jan 30, 2018  Hobbyist Traditional Artist
Thanks for watching hun
Reply
:iconbrusumfun:
brusumfun Featured By Owner Jan 29, 2018
Thanks for the Fave and for Watching!
Reply
:iconkarinclaessonart:
KarinClaessonArt Featured By Owner Dec 23, 2017  Professional Digital Artist
Thanks for watch!
Reply
:iconstillphototheater:
stillphototheater Featured By Owner Nov 11, 2017
Thank you for the favorites !
Reply
:iconthevampirekikiyo:
Thevampirekikiyo Featured By Owner Nov 2, 2017  Hobbyist General Artist
Thank you for the fave

Mucho Gracias 
Reply
:icontgrafix:
tgrafix Featured By Owner Oct 29, 2017
thnx for the watch! You're awesome!

Mature Content

Stripes Down by tgrafix
 
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