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Capitulo VII

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La prueba
Sin duda alguna, la parte más difícil de mi preparación era el estudio de la magia. No se me daba mal, pero era frustrante la cantidad de cosas que eran puramente teóricas “al menos en las Tierras Humanas”. Byris era un maestro extraordinario, en 3 años llegué al nivel necesario de los magos del ejercito, pero para él no era suficiente, había estudiado más por su cuenta y me enseño las artes mágicas que los humanos desconocían, secretos que nadie más en Exolico podría enseñarme. El único límite que impuso, fueron las artes malignas, como la nigromancia.
-Aunque conozco esas formas de la magia, nadie debería nunca usarlas, por tanto solo te enseñaré la teoría-dijo cuando me lo comunico.
-¿Cuantas artes malignas existen?
-Tantas como la maldad del mago quiera que existan. La magia no tiene formas estables, tiene bases teóricas, un mago con la base que tú has estudiado puede lograr un hechizo distinto al tuyo. Solo tu imaginación limita tu poder, eso y la energía mágica de tu cuerpo. Lo que si es cierto es que un mago puede enseñar a otro a lanzar el mismo hechizo, mostrando lo que va más allá de esa base. Nunca es exactamente el mismo hechizo, pues la mente es algo muy complejo y la magia esta increíblemente vinculada a ella, pero si el mismo efecto.
-¿Cómo es posible eso?
-Simple, el hechizo es el mismo en todo, menos en la forma que se produce, en pequeños detalles, como la forma en la que se ve o la cantidad de magia que le requiere al mago. Si yo ahora lanzo un hechizo de fuego y tu intentas repetirlo, no se parecerán en nada más que el fuego y, si eres buen observador, en el efecto. Pues tu mente y la mía son distintas, como lo son todas las mentes. A menos que yo te explicará como debes visualizar el hechizo y sus efectos, no se parecerá al mío. Y aun cuando yo te lo explicará siempre habría diferencias, más o menos sutiles.
A partir de ese día, el segundo de aprendizaje, me fui dando cuenta de lo cierto que era eso. Comparando nuestros hechizos, eran muy diferentes, sobretodo al principio. La primera vez que lance un hechizo intencionadamente, fue de rayo, con solo la base. Apunte con mi mano a la roca y  visualice una corriente continua de rayos saliendo de mi mano. La mantuve un minuto. Byris, por el contrario, lanzo los rayos concentrados en una bola diminuta, haciendo un agujero pequeño en la roca. Al intentarlo yo, solo logré que unas pequeñas grietas aparecieran en la superficie de la roca.
-No es solo la forma de bola, tienes que imaginarte unos rayos capaces de atravesar la roca, no tratar de electrocutarla.
-¿Cómo pueden los rayos hacer eso?
-Los rayos tienen una fuerza destructiva enorme, pueden destrozar un árbol, ¿porque no una roca? Hazlos más fuertes, ya sea concentrándolos en una pequeña bola o usando más energía para hacer un agujero mayor o múltiples. Así.
Lanzó como yo una corriente continua de rayos, ahí donde daban, atravesaban la roca, dejándola al final llena de agujeros.
-Suele ser preferible en situaciones que no debes gastar mucha energía porque sabes que la vas a necesitar luego hacer un hechizo concentrado en un pequeño punto a un hechizo que abarque una zona de mayor tamaño. Por contra, si te enfrentas a una situación que tu magia debe abarcar una gran zona, debes analizar si te puedes permitir, o si la situación requiere, lanzar un hechizo potente o uno más débil para guardar energía.

Cuando ya estaba en el último año, un día me dijo.
-Solo me queda una cosa más que enseñarte, pero debes prometerme que no lo usaras salvo que no te quede alternativa.
-¿Tan peligroso es este hechizo?
-¿Hechizo? No, esto es algo que va más allá  de ser un hechizo-suspiro, y cuando levantó la cabeza, vi que tenía una mirada furiosa-. Solo los que se contentan con las enseñanzas humanas creen que la magia se limita a hechizos. No, este es un secreto que me enseño un elfo errante que me encontré en una misión. Debes comprender que este poder no lo conoce nadie más en el ejercito de Exolico, por tanto, no es conveniente que sea de dominio público.
-¿De qué se trata, maestro?
-Ven conmigo.
Me llevó a un bosque cercano y, señalando un árbol caído, me dijo:
-Siéntate en él, medita hasta entrar en contacto con la magia y, cuando lo hagas, no la lances, siéntela.
Así lo hice, me senté e invoqué mi poder como tantas otras veces había hecho. Empezó a quemarme por dentro, o al menos eso parecía, deseando salir, de alguna forma, la que fuera. Me forcé a mantenerla dentro, intenté calmarme. Y me abrí a… algo. No sabía como explicarlo, una especie de energía que hacía que cualquier intento de cualquier mago de usar la magia no fuera nada más que un charco frente al mar. No había forma de igualar esa energía. Estaba en todas partes, dejándome llevar, me encontré sintiendo las olas del mar, que estaban a varios días de allí. Un momento después sentí la nieve, el frio a mi alrededor. Y de pronto no sentí nada debajo de mi.   Me sobresalte y abrí los ojos. Estaba en el bosque, me había caído del tronco del árbol y Byris me miraba soriendo.
-¿Volabas?
-No tenía nada bajo mis pies, pero no caía.
-No te has movido del bosque.
-Pero yo… he sentido el mar, la nieve…
-Y más cosas que sentirás, pero por ahora nos vale.
-¿Qué me ha pasado?
-Te has abierto al mundo, a la energía de Setr. Has sentido el mar, porque has entrado en contacto con un pez que esta ahora mismo en el mar. Has sentido la nieve porque has entrado en contacto con un lobo de una montaña nevada. Y…
-He sentido que volaba porque he entrado en contacto con algún tipo de ave.
-En realidad no, has entrado en contacto con una mosca que esta molestando al rey.
Me reí.
-No es ninguna broma, te he seguido y he sentido lo mismo que tú. Como yo tengo más experiencia si que he sido capaz de saber que pasaba a nuestro alrededor. La pobre mosca ha muerto, me temo.
-¿Por qué es tan peligroso este poder?
-¿Peligroso? En si mismo por nada, pero es peligroso que sepan que puedes hacerlo. No es normal entre los magos humanos. De todas maneras, este no es el poder secreto que te quería enseñar, pero es la base para él. Con este puedes entrar en contacto con cualquier ser vivo, incluso los que poseen inteligencia, a los cuales podrías leerles la mente, o hablar con ellos en la distancia. El poder secreto es una de las llamadas artes malignas, tal vez la que menos merece ese nombre. Con esta base puedes llegar a entrar en contacto con la energía de esos seres y usarla tú en su lugar.
Me quedé paralizado, no era posible.
-¿Robarle su energía a la gente? ¿Cómo es posible?
-Puedes robarle su energía a las plantas y animales de este bosque y lanzar un hechizo con ella en estos mismos momentos, no solo a los seres inteligentes.
-Es repugnante.
-Mucho, sobretodo si te sobrepasas y matas a aquel que le robas la energía en el proceso, pues le sientes morir.
Sentí nauseas de pronto, nunca jamás, me prometí a mi mismo, usaría esa aberración de poder.
-Has dicho que es el arte maligna que menos merece su nombre, a mi nada me parece peor que robarle  a una criatura su vida.
-No es necesario quitar la vida, solo la energía que necesites.
-Sigue siendo lo peor.
-Las artes malignas son peores de muchas maneras: puedes controlar a alguien, invocar a los muertos, convertir a alguien en una bomba andante y lanzarlo contra sus aliados. Puedes matar a alguien y manejarlo a tu antojo. Las más horribles, son incomprensibles para cualquier persona de buen corazón. Y un mago puede hacer algo mucho pero que esto. Recuerda la primera ley de la magia, no hay hechizos, hay bases.
-Sí maestro.

Y al fin llegó el día, Byris me acompaño al cuartel general de los magos de Exolico. Debía superar una prueba para entrar, sino, debía proseguir mi aprendizaje.
-Es un simple tramite-dijo Byris-. Tienes más nivel que cualquiera de ellos. Tú solo procura no desvelar nada que no sea lo corriente, aunque es de suponer que esperen algo más, especial.
Me senté en un banco, esperando a que llegaran los examinadores.

Paso una hora, estaba nervioso, pero no me moví. Se abrió una puerta y entraron un hombre y una mujer de mediana edad.
-Caturis, hijo de Cremyem-dijo el hombre.
-Sí señor.
-Tu maestro.
-El teniente Byris.
La mujer sonrió, el hombre dio la impresión de gruñir.
-Lanza un hechizo de fuego que encienda esa vela-dijo de pronto.
Simple. Lo hice.

Estuvimos así una hora, me pusieron a prueba con cosas simples como la vela al principio, pero después vinieron pruebas para medir mi resistencia con hechizos medios, y después con hechizos potentes, al mismo tiempo que median hasta donde llegaba la fuerza de mis hechizos.
-¡Basta!-dijo el hombre, parecía furioso-. Esta claro que Byris no podía hacer menos como maestro. ¿Qué más te ha enseñado, chico?
-Me ha enseñado formas de lanzar hechizos más poderosos durante más tiempo, usando menos energía, cosas de los elfos…
-Eso no. Eso ya me lo sé. También sé que no ha querido compartirlo conmigo. Hablo de secretos más secretos.
-Yo…
-¡Oh! Por favor, ¿cuando vas a parar, Kiwj? Byris tiene sus motivos para guardarse esos secretos, para empezar la Ermita y el rey no verían con buenos ojos que los magos tuviéramos más poder.
-Opeyi, sabes de sobra que solo se los guarda para hacerse el interesante, si por mi fuera ya estaría a merced del rey o la Ermita.
-No te conviene verter más mierda sobre los magos. Si un mago del ejercito es descubierto con conocimiento no aprobado todos seremos sospechosos.
-Yo solo quiero lo mejor para los magos de Exolico.
-Tú solo quieres poder. Sobretodo desde que eres general.
-¿Qué sabrás tú de lo que yo…?
-Suficiente, no es el tema. El caso es, Caturis, que eres apto para servir como mago.
-Gracias, también tengo entrenamiento con armas y formación como herrero, ¿podría combinarlo con ser mago?
-¿Qué te dijo Byris?-preguntó el general Kiwj.
-No le pregunté.
-Mocoso idiota-calló ante la furibunda mirada de Opeyi.
-Lo cierto es que eso depende del jefe de tu unidad. El deberá decidir si acepta o no que lo hagas.
-Gracias, entiendo.
-Toma, por cierto-dijo tendiéndome un pergamino-. Ahí vienen detallados los rangos del ejercito, soldado Caturis. Aprendetelos.
-Sí, señora-dije.
-Ahora, vete.
Salí de la sala y Byris estaba esperando.
-Lo sabía-dijo señalando el pergamino.
-Y yo.
-Tengo que irme soldado, nos vemos.
-A sus ordenes teniente.

Corrí a casa y me encontré a Treyi sola.
-Term a tenido que salir a comprar materiales. ¿Cómo te ha ido?
-Soy soldado.
-Enhorabuena, supongo.
-Tengo que aprenderme los rangos del ejercito-dije levantando el pergamino.
-Pues ponte a ello.

Subí a mi habitación y allí por fin me puse con el pergamino en cuestión.
Los rangos del ejercito real del glorioso reino de Exolico son los siguientes por orden de su majestad el rey Gretyus IV, hijo del gran Serutis VIII, el Liberador de Yumte.
-Soldado(número variable según pelotón, algunos forman parte de equipos especiales)
-Sargento(número variable según pelotón, algunos de ellos dirigen los equipos especiales)
-Teniente (5 por unidad, dirigen los pelotones)
-Comandante(10 por compañía, dirigen las unidades)
-Capitán(10 por división, dirigen las compañías)
-General (5 en todo el reino, dirigen las divisiones)
-Almirante (solo nobles) (1 en todo el reino)
Los equipos especiales serán designados por el almirante y el rey, pero será el teniente del pelotón afectado quien designe a los soldados y al sargento que formaran dichos grupos. En casos extraordinarios, se podrá formar un equipo con rangos diversos que estará dirigido por el oficial de mayor rango, quien responderá ante su superior inmediato.

Me dí cuenta que tenía mucho camino por delante para igualar a mi abuelo, ya lo sabía, pero  verlo en el pergamino lo hizo más real.
Emocionado por lo que tenía por delante, me fui a dormir. A la mañana siguiente tenía que presentarme en el cuartel ante mi superior, no me habían dicho cual era mi unidad. Sólo que me presentará allí al día siguiente.
Bueno, después de más de un mes sin escribir (me he tenido que releer el capitulo 6 XD) aquí esta el nuevo capitulo de mi proyecto libro.
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© 2015 - 2021 DanielLykos
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