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Capitulo VI

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Talento oculto
Los meses siguientes fueron de entrenamiento intensivo cuando mi aprendizaje en la forja me lo permitía. Treyi se puso como loca cuando Term y yo le contamos mi plan.
-Acabo de perder a mi única hija, Caturis, no me hagas esto. No quiero perderte a ti también. Tú más que nadie deberías saber lo que es perder a un ser querido.
Lo sabía, lo sabía de sobra: Freyi, mis padres, mi hermano y mi abuelo, y este último sin saber que lo era. Una pregunta rondaba mi cabeza: ¿cómo de distinta sería mi vida si mi abuelo no hubiera huido y se hubiera convertido en noble? ¿Habría conocido a Freyi y me habría prometido con ella? ¿Habría aceptado ella de corazón como había ocurrido o por obligación al ser yo noble? No, nada habría sido igual. Mi abuelo, el héroe de guerra, el que huyo de una vida como noble para evitar que sus descendientes se convirtieran en lo que el más odiaba: “nobles prepotentes incapaces de hacer nada por sí mismos”, eso era lo que Yem siempre decía sobre los nobles.
Aquella situación duró mes y medio, Treyi trataba de impedirme entrenar. Cada vez me era más complicado. Se rindió cuando se dio cuenta que no servía de nada.
Term entrenaba conmigo todos los días desde entonces, pero de vez en cuando traía a amigos soldados para echarnos una mano. Gracias a ellos logré mejorar mucho más de lo que podría haberlo hecho entrenando solo o con Term.

De vez en cuando iba al burdel a ver a Moyi, nunca hacíamos nada más que hablar. Ella me propuso “servirme” gratis, pero yo tenía aún muy reciente lo de Freyi. Así que nos quedamos simplemente en las charlas como amigos. Hablábamos sobretodo de Yem. Moyi le había sacado mucha información a lo largo de los años. Eso sirvió para que aprendiera más de mi abuelo.
-En una ocasión, cuando aún era un soldado raso, dice que su capitán tomo una decisión que habría acabado con toda su compañía. Al parecer él se puso frente a sus compañeros, incluso los superiores, y les dio un discurso motivador con el que logró que nadie siguiera las órdenes del capitán, siguiendo un plan trazado por otro oficial. Asumió toda la culpa, el capitán solicitó su ejecución. El ejecutado fue el capitán, pues todos los oficiales de la compañía relataron lo ocurrido al propio rey y este decidió cambiar la ejecución prevista.
-¿Y qué le paso a Yem?
-No podían ignorar el desobedecimiento de una orden, y menos aún el llevar a otros a lo mismo. Sin embargo, la condena fue simplemente un mes de calabozo pues con ello evitó la muerte de todos sus compañeros. Además, después de ello su carrera fue meteórica, en dos años ascendió a sargento, y cinco después ya servía de comandante. Llegó a general después de acabar con la revuelta de los mercenarios, antes siquiera de que comenzara.
-¿La revuelta de los mercenarios?
-Nunca se ha hecho pública. Solo los nobles y los oficiales de mayor rango saben de ella. Aparte de la gente de los bajos fondos de Exolico. Las compañías de mercenarios de Exolico ofrecieron al rey sus servicios como ejército regular con dos condiciones: disolver el ejército oficial y poder vender sus servicios a cualquiera con excepción de los enemigos declarados del reino.
-El rey dijo que no, ¿verdad?
-Lo cierto es que dijo que sí, fueron los nobles y los oficiales del ejército los que se opusieron.
-¿Qué?
-Aquella era la época dorada de los mercenarios, eran los mejores luchadores de Exolico, mejores aún que el ejército. O al menos tenían esa fama después de derrotar a los soldados regulares en varias escaramuzas. El problema era que la gente de los bajos fondos: bandidos, putas, vagabundos y demás, vieron una oportunidad de mejorar su vida, pues la mayoría de los mercenarios tenían esos orígenes y familiares en este mundillo. Por eso nosotros lo sabemos, aunque para nosotros la revuelta acabo mal. Los bandidos se volvieron más osados en los caminos, las putas comenzaron a salir de los barrios de mala muerte de los burdeles y a acercarse a la zona de los nobles y los vagabundos comenzaron a robar y no solo a pedir. Los mercenarios hacían la vista gorda.
-Imagino que paso algo grave.
-El rey dio orden a los mercenarios de mantener el orden. Ahí fue cuando perdieron el apoyo de los bajos fondos. Se produjo una matanza. Los supervivientes atacaron el palacio real, pero el ejército regular, oculto gracias a la ayuda de los nobles, siguiendo el plan del por entonces capitán Yem, expulso a los atacantes del palacio y derrotó a los mercenarios en sus cuarteles.
-¿Cómo pudo la gente no enterarse?
-Los actos del ejército regular pasaron desapercibidos para la mayoría, a la gente se le dijo que el rey había devuelto al ejército regular a sus funciones y apartado de ellas a los mercenarios, además, esos grupos pasaron a ser ilegales.
-Y mi abuelo fue recompensado con el rango de general.
-Así es, solo le quedaba el de almirante, reservado para nobles. El rey buscaba una oportunidad para darle el título y el rango. Si lo hubiera logrado, tu abuelo solo habría tenido al rey por encima de él. Pero Yem nunca quiso ser noble. Había tratado por mucho tiempo con ellos, los despreciaba.
Esas y otras historias sobre Yem las escuche por primera vez gracias a Moyi. Solo con ella podía hablar de él. Term lo respetaba, pero no podía comprender que abandonara a su familia. Treyi consideraba que por mucho que hubiera sido un héroe, no dejaba de ser un vagabundo cualquiera. Solo una vez me acompañaron a su tumba, e iba una vez al mes. Tanto a la suya como a la de Freyi.

Pasó así medio año desde la muerte de Freyi. Entrenaba como nunca. Un día, entrenaba con un soldado cuando ocurrió algo más, otro cambio más en mi vida.

El soldado, Hemg, luchaba con una maza y un escudo, con un estilo defensivo parecido al mío. Estábamos en plena batalla, mi espada y su maza chocaron contra el escudo del otro a la vez.
-¡Muy bien Caturis! Vas mejorando. A ver si paras esta.
Giró rápidamente y dirigió su maza a mi cabeza. Me cubrí velozmente con el escudo, atacando al mismo tiempo con la otra mano, pero él se cubrió también.
Nos separamos y yo volví a cargar con el escudo enfrente cubriéndome. Mi rival adopto una postura defensiva, listo para bloquear mi ataque. Una extraña energía corrió por mi brazo y el mi espada se volvió rapidísima. Logre parar a tiempo para no cortarle la cabeza a Hemg.
-¡Que velocidad! ¿Cómo has hecho eso?
-No lo sé. Simplemente he atacado y una extraña energía ha aumentado la velocidad de mi ataque.
-¿En serio? Vamos a ver si puedes repetirlo.
Comenzamos a repetir el movimiento, pero no volvió a aparecer la energía.
-Sería algo temporal.
-Sí, eso sería.
Continuamos con el entrenamiento.
Cuando ya estábamos acabando, me desarmó. La energía apareció, recorrió mi brazo y lo dirigió a Hemg. Una llamarada salió disparada de la palma de mi mano. Hemg se cubrió con el escudo justo a tiempo.
-¡Para!
-¡No sé qué pasa!
Deseé que el fuego parase. No sé porque, paró. Y yo caí al suelo agotado, sin poder moverme. Mis ojos se cerraron.

Cuando desperté, Hemg estaba agachado a mi lado.
-La próxima vez, intenta ser menos inflamable-dijo tendiéndome una mano.
-Gracias-le contesté cogiéndole la mano-. ¿Qué demonios ha pasado?
Todo a nuestro alrededor había ardido. Menos mal que Hemg consideraba que era mejor luchar en lugares abandonados y aislados, alguien podría haber salido herido.
-Tengo dos teorías: primero, alguien te ha echado una maldición de fuego, pero no creo, solo los magos elfos pueden hacer algo así y no ha llegado ninguno hasta aquí. Segundo, eres un mago y tu poder ha despertado. Me inclino por esta.
-Espera, ¿un mago? ¿Yo? Es ridículo, nunca he usado la magia…
-Hasta ahora. La primera vez siempre es incontrolable, pero más si te pilla en un combate como a ti.
Todavía no podía terminar de digerirlo. ¿Yo un mago? Era ridículo, pero extrañamente reconfortante a la vez. Soldado, herrero y mago. Podía ser de una utilidad aún mayor a Exolico. Además, eso significaba que no podían negarme el acceso al ejército, pues los magos de Exolico y de la mayoría de las ciudades humanas solo podían vivir si trabajaban para el ejército. El número de ciudades con esa política mágica era menor conforme uno se acercaba al Gran Bosque Elgame, el reino de los elfos, situado en el bosque del mismo nombre, un bosque tan grande como para ser considerado reino en sí mismo. La sociedad elfica tenía en gran estima a los magos, para ellos eran prácticamente dioses. Los magos elfos eran considerados los mejores magos de Setr, pues dedicaban su vida al estudio de la misma. Los magos humanos eran sometidos a 4 años de aprendizaje y nada más, pero eso ya les otorgaba habilidades que nadie más poseía.
-Bueno, me voy. Tengo un amigo mago, le enviaré para que sea tu maestro en la magia.
-¿Perdón?
-Alguien debe enseñarte, enviaré a un mago que conozco para que te someta al entrenamiento estándar antes de tu ingreso. Vas a estar muy ocupado, tendrás que compaginar entrenamiento físico y mágico y aprendizaje en la forja. En 4 años.
-¿Es legal?
-Al no tener edad para alistarte, sí.
-Vale, entonces, adiós. ¡Ah! Y siento haber estado a punto de chamuscarte.
-No te creas tan poderoso, todos los soldados reciben entrenamiento para enfrentarse a los magos. Un novato que no controla sus poderes como tú no podría haberme chamuscado.
Y se fue.

Volví a casa. Term estaba cerrando la forja cuando me acerque a él.
-Tenemos que hablar.
-Claro.
-Es posible que sea un mago.
El martillo que Term tenía en la mano cayó sobre el yunque provocando un sonido fuerte. Treyi llegó corriendo.
-¿Qué ha pasado?
-¿Qué acabas de decir Caturis?
-Veras, estaba entrenando con Hemg cuando…
Mientras les contaba la historia, Term y Treyi parecían cada vez más preocupados. Se miraban asustados.
-… Así que un mago vendrá a enseñarme a usar mi poder.
-Caturis, yo…-comenzó Treyi.
-Ten cuidado, no te confíes. La magia es útil pero peligrosa.
-Lo sé. Tranquilo maestro Term, puedo hacerlo, estoy seguro.
Y me fui a duchar.

Al día siguiente llegó un hombre con túnica. Era alto y delgado, con el pelo rojizo.
-Busco a Caturis, hijo de Cremyen.
-¿Quién eres y qué quieres?-dijo Term.
-Soy Byris, mago del ejército de Exolico, su maestro.
-Yo soy Caturis-dije acercándome.
-Vengo a decirte que esta tarde comenzará tu entrenamiento, así que no te agotes mucho en la forja.
-Entendido.
-Hasta esta tarde.
Él se marchó y yo volví a la forja.

Aquella tarde nos vimos en el mismo lugar donde había usado mi poder por primera vez.
-Este lugar es perfecto.
-No me termina de traer buenos recuerdos.
-Normal, por eso lo he elegido.
Me quede mirándolo, extrañado.
-Las emociones son parte fundamental de la magia, si logras controlarla en un lugar que te trae recuerdos negativos como este la podrás usar sin problemas en cualquier lugar.
-Entiendo.
-Lo primero es comprender que la magia es un poder de la mente. Debes concentrarte en lo que quieres hacer. Desgraciadamente no podemos estudiar la magia toda nuestra vida, solo nos dan 4 años y a servir.
La amargura en su voz se notaba en cuanto se le escuchaba un poco. No estaba de acuerdo con el sistema mágico de los humanos.
-Centrémonos en el estudio de la magia. La polémica sobre la magia en las Tierras Humanas es otro tema.
-Sí, maestro.
-Primera lección, invocar el poder. Concéntrate, trata de recordar la energía que sentiste cuando invocaste las llamas.
Y eso hice, y todo comenzó a arder otra vez.
-Concéntrate, páralo.
-Eso intento.
Casi no podía pensar, el ansia por apagar el fuego dominaba completamente mi mente. Y el fuego no parecía querer apagarse, de hecho, parecía… arder con mayor intensidad.
Al final caí inconsciente nuevamente.

Al despertar, Byris estaba sentado en una roca, el fuego se había apagado por completo.
-Bueno, al menos has conseguido invocar el poder, muchos no pueden hacerlo la primera vez.
Y así llegó un nuevo poder. Estaba un paso más cerca de mi objetivo.
Nuevo capitulo del libro, Caturis comienza un entrenamiento intensivo para estar listo en 4 años para su objetivo de entrar en el ejercito, pero las cosas no salen del todo como él esperaba.
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© 2015 - 2021 DanielLykos
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