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Capitulo V

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Pasado y futuro

Volvimos rápidamente a Eximim, en silencio absoluto. Lo peor fue la llegada a casa, Treyi rompió en lágrimas y Term la abrazó intentando consolarla. Incapaz de seguir viendo esa escena, más aún con lo que pensaba hacer, me fui. Deambulé sin rumbo definido por la ciudad.
Los soldados iban de un lado para otro, la voz se había corrido, muchos me miraban y susurraban algo que solo podría entender quien tuvieran al lado. La guerra contra los gigantes iba a empezar y el Gran Maestro del gremio de herreros había resultado ser un traidor que había encontrado la muerte a manos de un aprendiz, yo.
-¡Por orden del rey se abre un reclutamiento permanente para todo aquel que quiera ayudar a su patria!-gritaban los pregoneros.
Primer paso, fortalecer el ejército. Estaba claro que el rey no estaba dispuesto a perder contra los gigantes.
Un grupo de jóvenes se arremolinaban alrededor del oficial encargado del reclutamiento que había al lado del pregonero. Me acerque.
-Quiero alistarme-dije cuando me llegó el turno-
-Nombre.
-Caturis.
-Edad.
-16.
-Muy joven.
-Se luchar.
-No lo niego, pero debes tener 20.
-¿20?
-Sí, entrena y podrás alistarte en 4 años.
-¡La guerra podría haber terminado para entonces!
-No creo, chico, los gigantes son muy duros.

Corrí, furioso. No podía alistarme. ¿Qué iba a hacer? ¿Quedarme en la forja? ¿Sin hacer nada durante 4 años? Di un puñetazo a una pared y escuché una voz de mujer.
-Esa pared seguro que no tiene culpa ninguna, encanto.
Me sonaba la voz, levanté la cabeza y me encontré una mujer de unos veintitantos, pelirroja de ojos castaños. No podía ser, eché un vistazo al local del que salía y al que le había pegado el puñetazo, un burdel. No podía ser el mismo, no. Por si acaso, pregunté.
-¿Moyi?
-¿Eres un antiguo cliente? Me suena un poco tu cara.
-Soy Caturis, no sé si…
No llegue a terminar, se abalanzó y me dio un abrazo.
-¡Eres tú! Yem me dijo que desapareciste de las calles, no sabíamos que te había pasado. ¿Dónde has estado?
Los remordimientos me quemaron por dentro, haciéndome sentir aún peor.
Se lo conté todo, el encuentro a los 13 años con Term, los años en la forja, mi amor por Freyi, su muerte, la reunión. Ella simplemente escucho y me abrazó cuando acabé, después de contarle que no podía alistarme.
-¡Oh, Caturis! Lo siento, debe haber sido duro, pero al menos has salido de las calles.
-Lo siento, debería haberos dicho algo, vosotros fuisteis mi mayor apoyo durante mis años de vagabundo. ¿Cómo esta Yem?
Una lágrima se deslizó por la cara de Moyi.
-Caturis, yo… No sé cómo decírtelo, la verdad. Sé que estabais muy unidos.
Otra piedra sobre mi consciencia, mi corazón ya moribundo tras la muerte de Freyi termino de caer. Sabía que era posible, Yem era mayor, lo sabía, pero eso no lo hacía más fácil.
-¿Qué paso?
-Una noche fui a llevarle el pan, lo encontré sin vida. Hace dos años de eso. No había heridas, ni signos de lucha. Simplemente murió, se… fue-se le quebró la voz.
Una lágrima corrió por mi cara. Al menos había sido lo que él quería, tranquilo y solo.
-Una vez dijiste que era un héroe de guerra.
-Lo era.
-Nunca me contó esa historia.
-Nunca la contaba. Yo tuve que emborracharle mucho para que me contará como había llegado a las calles. Y lo hice porque unos soldados que vinieron hablaban de un tal general Yem, que había desaparecido antes de que se le pudiera otorgar la recompensa que merecía por lo que había hecho en el campo de batalla.
-¿Qué hizo?
-Fue hace 40 años, Exolico estaba enfrascado en una de las muchas luchas contra los hombres lobo, no ha habido una desde entonces gracias a lo que hizo Yem.
-¿Qué pasó?
Moyi, se mordió el labio, estaba claro que no quería hablar de ello.
-Lo siento, si no quieres o no puedes contármelo…
-No, él siempre decía que tendría que habértelo contado-dijo ella. Se quedó en silencio u momento-. La guerra contra los hombres lobo estaba siendo impresionante, habíamos descubierto que no eran las bestias sin inteligencia que siempre habíamos creído que eran, más bien todo lo contrario, que eran tan inteligentes como nosotros. Tenían hasta un rey, el Alpha Supremo. Él había unido a todas las manadas, no, manadas no, tribus de hombres lobo. Todos los Alphas, los líderes de las tribus le rendían pleitesía. El caso es que Yem, con solo 5 hombres llegó hasta él con una estrategia muy astuta.
-¿Cuál?
-El engaño. Le hizo creer que era un mensajero del rey, enviado para negociar con él una alianza contra todas las ciudades estado. Una vez en la tienda, fingió una ofensa del Alpha Supremo al rey y le desafió en su nombre a un duelo a muerte, vinculando el resultado de la guerra al de esta batalla.
-Muy arriesgado, ¿y si hubiera perdido?
-No podía perder, le encomendaron esa misión porque era el mejor espadachín del reino, campeón de todo torneo realizado en Exolico durante años.
¿Yem? Me quede de piedra, nunca lo habría imaginado.
-El combate al parecer fue espectacular, Yem se impuso en todo momento al Alpha Supremo y acabó con su vida fácilmente. Los otros Alphas huyeron y desde entonces han estado peleando entre ellos para obtener el título, a falta de una palabra mejor, de Alpha Supremo. El caso es que Yem dio instrucciones a su lugarteniente de contar lo ocurrido y desapareció. Volvió años más tarde a Eximim, como vagabundo, ocultando su identidad, para ver cómo le iba a su hijo. De esto hace 20 años. Le vigilaba desde las sombras, cuando él y su mujer murieron, junto con el mayor de sus dos hijos, se quedó destrozado, buscando al hijo menor. Nunca me dijo se le encontró o no.
La sombra de una sospecha asomo a mi mente.
-¿Cómo se llamaba su hijo?
-Cremyen y su esposa, Heyitt. Los hijos ya no lo sé.
El oír esos nombres me impresionó, pero Moyi no sabía por qué. ¡Eran los nombres de mis padres!
-El hijo mayor se llamaba Remtus, Moyi.
Me miró sorprendida, claramente no esperaba esa respuesta.
-¿Cómo lo sabes?
-Porque-comencé, sin encontrar las palabras-esos son los nombres de mis padres.
Nos quedamos en silencio, me miró, evaluando seguramente cualquier parecido que pudiera tener con Yem. Eso lo explicaba todo, ese cariño que me tenía, ese deseo de haberme contado su historia cuando podía. Era mi abuelo. Le había mentido a Moyi, seguro. Si me había buscado una vez, muy posiblemente cuando desaparecí, cuando me fui con Term, también. Seguro que me vio en la forja, si no se acercó fue para que me mantuviera apartado de esa vida.
-Entonces, ¿Yem… era tu abuelo? Pero eso…-se cayó, quedándose pensativa un buen rato-. No, tienes razón, si me fijo te pareces a él, aunque es difícil decirlo por las barbas que llevaba cuando le conocí.
-Moyi, ¿dónde lo enterrasteis?
-Detrás del burdel, como a tantos otros vagabundos. Solo porque saltaba en nuestra defensa ante los violadores se le puso una placa con su nombre, en vez de enterrarlo sin más.
Corrí sin decir nada más. No tardé en encontrarla, era la única tumba con placa, rezaba lo siguiente:
A Yem, hijo de Rem.
Vagabundo y defensor de las mujeres
Que la Diosa acoja a este buen hombre
Me arrodille. Toque la tumba y murmuré:
-Abuelo.
Y lloré. Note la mano de Moyi en mi hombro.

Llegué tarde a casa. Term estaba esperándome.
-Treyi está dormida. ¿Dónde has estado?
-Deambulando. No podía, era imposible para mí estar aquí.
-Comprendo. ¿Dónde has ido?
-He intentado alistarme.
-¡¿Qué has hecho qué?!-grito furioso.
-Quiero hacer algo, no simplemente forjar armas. Quiero ayudar, pero tengo que esperar a los 20.
Term noto la rabia en mi voz. Su expresión se calmó, puso su mano en mi hombro y dijo, pausadamente:
-Entonces aprovecha y termina tu aprendizaje en la forja. Serás de más utilidad aún si además de soldado eres herrero.
-Gracias.
-No las des.
Le pregunté algo que llevaba rondándome por la cabeza varios años.
-Term, ese amigo al que dices que me parezco, ¿cómo se llamaba?
-Das por hecho que está muerto.
-Por favor, dímelo.
Term suspiro, se sentó y me miró a los ojos.
-¿Por qué ahora?
-Porque acabo de descubrir que el mendigo viejo que durante mis años en las calles me ayudo tanto era mi abuelo y no me lo dijo. Y ahora está muerto. He estado delante de su tumba y…-se me quebró la voz.
-¿Yem? ¿Se convirtió en vagabundo?
-¿Cómo conoces el nombre?
-Lo has descubierto ya.
-Entonces…
-Sí, ese amigo del que te hable era tú padre, Cremyen, hijo de Yem. A ambos nos abandonaron nuestros padres y eso nos unió mucho, pero les idolatrábamos, pues si bien Yem era un héroe de guerra, mi padre Tart era el mayor herrero de su tiempo. Desapareció en un viaje por mar junto con Herys el traidor. Solo uno de los dos volvió, Herys dijo que mi padre se había enamorado de una herrera enana y quería aprender de ellos. Ahora me pregunto si eso era cierto.
La rabia en su voz era terrible, nunca perdonaría a Herys, ni después de muerto.
-Nos conocimos cuando el, junto con su tío, fue a buscar una espada a la forja de mi padre. Yo aún no tenía edad para aprender los secretos de la forja y él ya había perdido a su padre. Yem se fue cuando Cremyen tenía 3 años. Creció escuchando historias de su grandeza, pero sin conocerle. Eso le inspiro para alistarse cuando cumplió los 20. Y a los 16 años de eso, murió, como ya sabes.

Mi padre y Term eran amigos. Era algo que sospechaba desde que Term me dijo que le recordaba a un viejo amigo. Era una posibilidad.
-¿Por qué dejasteis de veros?
-Nos peleamos, a los 12, una pelea tonta propia de críos. A los dos nos gustaba la misma chica, la hija de un panadero. Ella lo sabía y coqueteaba con los dos. Maldita sea, después de pelearnos y no volver a vernos, resulto que ninguno acabo con ella. Se fueron los dos. Cremyen seguía en la ciudad, pero ya no nos veíamos. Ambos estábamos avergonzados de cómo nuestra amistad se había torcido por ella. Ella se marchó a otra ciudad con su familia. En una ocasión fui a esa ciudad por trabajo. Murió antes de llegar por un ataque de hombres lobo. Tu abuelo evito que estuvieran unidos, pero las tribus siguen siendo igual de peligrosas. Esperemos que no se alíen con los gigantes.
Toda aquella información no hizo sino reafirmarme en mi plan. Me alistaría en el ejército tan pronto cumpliera 20 años.
Tocaba seguir entrenando.
Quinto capitulo de mi proyecto, parece que Caturis por fin va comenzando a establecer su camino
© 2015 - 2021 DanielLykos
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