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Manuel, un niño de femeninas facciones, de cara suave y despejada, con grandes ojos semejantes al sol, que da la sensación que se pueden perder en ellos, nació tras la unión de Antonio Fernández, un hombre español bien parecido, alegre, y junto a una muchacha muy ruda, de piel morena, cabello largo negro y liso, de cuerpo pequeño y menudo, pero que no por eso débil, quien todos conocía como "Mapu",  la relación de sus padres no era del todo buena, pero se notaba que estaban muy enamorados. Mapu, se sentía orgullosa de haber tenido un niño tan hermoso y sano, con el hombre que ama, tenía rasgos de ambos, los ojos grandes, almendrados  y color avellana, pelo liso firme y brillante que saco de su madre, y una piel rosada, pelo castaño  y facciones menudas de su padre. A pesar de todo lo que se podrían querer el español y la araucana, Manuel nunca fue reconocido por su padre, legalmente.  

Tras unos años, Manuel creció en una familia llena de amor y tranquilidad, más bien fue su madre quien se encargaba de todo, su padre era un agente de viajes turísticos, por lo que podían pasar meses sin que se vieran, pero siempre que volvía le traía un regalo. El pequeño de cinco años, sabía que las cosas materiales no eran remplazo del cariño que su madre le daba, así que siempre rechazaba los regalos de su papá, o lo ignoraba.

A Mapu, no le gustaba que su hijo desconociera a su padre y los trataba de acercar siempre que podía, hasta que un día, empezó a sospechar las malas andanzas de su "esposo" por así llamarlo, aunque ellos simplemente eran pareja,  se enteró que tenía otras parejas repartidas por muchos lugares, y que Manuel no era su único hijo, sino que tenía muchos más.

Como se sabe, Mapu, no tolera el engaño, y como mujer ruda y valiente, encaró al de ojos verdes. Antonio por su parte ya no podría seguir ocultando más la verdad y confesó que tenía otros hijos por distintos lugares, pero que su última conquista y su último amor siempre será ella, que se enamoró de Mapu no solo por su hermosura sino que también de su actitud desafiante, que tanto amaba. Se excusó diciendo que el último hijo que ha tenido ha sido Manuel, que jamás la ha vuelto a engañar, pero que a ninguno de sus hijos lo ha reconocido legalmente, ya que no posee dinero para mantenerlos a todos.

Mapu se sintió defraudada del hombre que amaba, sintió un desencanto y un peso en su orgullo, así que jamás le permitió volver a ver a su tan preciado hijo. Manuel por su parte, de un principio, ya  no querer mucho a su padre, termino por no querer saber nunca más de él, ya que a pesar de su corta edad tenía una conciencia activa, de esta forma el pequeño se crió solo con su madre, que tras unos años se contagió de una grave enfermedad que la mantenía casi  en cama,  por lo que manu para no ejercer más presión sobre ella, decidió entrar a un colegio internado, así no le daría más gastos a su madre.


Ahora el joven Chileno tiene 10 años, no es muy alto, ni tampoco tiene un cuerpo muy masculino, más bien parece una pequeña niña, sus facciones siguen sin cambiar,  sin embargo a pesar de su cuerpo no tan fuerte, posee una mente privilegiada y madura, en exceso para un niño de su edad.
 
Al entrar a su nuevo colegio, su compañero de habitación era otro niño unos meses mayor que él, pero a pesar de eso, el otro niño le ganaba en porte y en grosor, por lo menos unos 12 centímetros de diferencia,  era un niño tierno, de cabellera rubia y ojos color naturaleza, su tez mate combinaba con su pelo y poseía un raro acento, seguramente era argentino, pensaba Manuel. Ese niño se llamaba Martín Hernández, estaba en ese colegio, pero en distinto grado y sus razones del internado eran exactamente por las mismas razones que manu, solamente que su mamá murió hace ya bastante tiempo y su única familia era un tío lejano que tenía y su papá que realmente ni recuerda como era su cara.  

Las clases comenzarían al otro día, Manuel estaba nervioso, nunca había estado con otros niños de su edad, realmente todo lo que sabía se lo debía  a su madre que le enseñaba en casa, además por su carácter sabía que le costaría mucho adecuarse y más aun hablar con los otros. Martín fue una excepción desde el principio, recuerda que lo primero que le vio hacer, fue azotarse contra el suelo por tropezar con la  pelota de fútbol que llevaba para todas partes, Manuel no podía parar de reírse, si algo que lo mataba de risa era ver a gente cayéndose de mala forma y pensar como pueden ser tan despistados o "Weones" como solía llamarlos él.

-Che  sos pelotudo, ni me conoces y te ríes en mi cara – dijo quejándose el de rubia cabellera, levantando la mirada para ver mejor a la persona que se ríe de su caída, su cara fue encandilada por la linda sonrisa del que parecía una niña, tan así que quedo mirándolo por unos minutos sin apartar la vista o pestañar, se paró rápidamente, se limpió la tierra y se acercó al castaño, estirándole la mano para saludar.-Hola… Me llamo Martín Hernández, y che… soy divino para jugar a la pelota- no sabía que decirle exactamente como carta de presentación, Manuel lo miro con su cara seria y desvió algo la mirada, se sentía nervioso  y le dijo –Y…Yo me llamo M… Manuel González - ahí fue cuando la reacción del argentino fue sorprendente – ¡Che! ¿S…Sos un pibe?- el de ojos avellana no sabía realmente que significaba "Pibe" así que simplemente dijo que si, tratando de achuntar una respuesta.

Así el tiempo pasó, Manuel era uno de los niños "mateos" por decirlo así, de su clase, mientras que Martín se comenzó a desviar un poco de los estudios, ya que entró a un club deportivo de la ciudad, que de por sí eran unos de los clubes más grandes de fútbol.  Muchas veces el joven más alto invitó al menor  a verlo jugar, Manu iba, y siempre con su cuaderno y lápiz anotando cosas que se le ocurrían en el momento, generalmente eran poemas para su madre, a ella siempre le encantó esa habilidad tan linda que tenía su hijo, por eso él se esforzaba en siempre que algo viniera a su mente hacer unos versos lindos para mandarlos a su casa.

Todo iba a la perfección, Manuel ya tenía 12 años, fue cuando se enteró que su tan preciado amigo, era uno de los cuantos hijos que tenía repartidos por todas partes su padre Antonio. Un día como cualquier otro el castaño le pregunto a Martín si es que extrañaba a su familia, Martín no se inmuto realmente, y le contesto que su padre no valía la pena,  que tenía como 19 o más hijos esparcidos por todas partes y que incluso antes que el naciera ya había abandonado a su mamá por una mujer más al sur, lo que pasaba es que su padre era un agente de viaje, y por eso el realmente nunca le tuvo afecto o cariño alguno. Con esta respuesta manu quedo para dentro, bajo la mirada y le contesto de vuelta al más alto –Parece que tu papá es el mismo que el mío…- El rubio se alteró, ¿Cómo era posible eso, o es que acaso Manuel era resultado de unas de las aventuras de su padre?-  ¿acaso tu papá se llama Antonio Fernández?-dijo  con dificultad el ojiverde, abriendo los ojos con curiosidad.  –Sí, justamente así se llama ese weón…-frunció el ceño y miro molesto para otro lado.  

-¿Manu, no por esto nosotros dejaremos de ser amigos verdad? Porque créeme, vos sos el mejor amigo que he tenido –el mayor no pudo evitar sonrojarse dulcemente a lo que el más pequeño le respondió de vuelta –obvio que no afecta, ósea no por weas que hizo el gil ese nos va a joder a nosotros ¿o no? – Su acompañante, sonrió y lo abrazo fuerte –che sos el mejor- el pequeño castaño lo miro de reojo y en forma seria, pero a la vez bromista le dijo

- Todo depende de tus notas  po weón mira que estai casi repitiendo-

-¡Che! no arruines el momento queres-

-Jajajaajajaja ¿qué momento weón? Eso se ve tan fleto jajajaja, ya si queri yo te enseño -

-Claro manu- el más alto sintió que su pecho se comprimió, realmente no sabía que le estaba ocurriendo.


Tras un tiempo, los jóvenes seguían en la  escuela, de vez en cuando Manuel iba de visita a ver a su madre que realmente no mejoraba su condición de salud, una de esas veces, llevó a Martín, para que su mamá lo conociera, aunque jamás reveló que este era su medio hermano, quizás la condición de su madre podría empeorar si se enterará que ese niño es de aquel hombre que tanto amó.  Tras salir a vacaciones de invierno  a Manuel le ofrecieron adelantarlo en algunos cursos en el colegio, así que pasaría a un año más. Eso quería decir que estaba más próximo a tener que irse de aquel colegio y entrar a  otro liceo, y si ocurría eso, debería dejar atrás a su gran amigo. Le costó mucho tomar una decisión, no era fácil después de todo, aunque su madre estaba muy feliz por la noticia. Tras pensarlo, decidió que aceptaría la oferta,  así podría estar en el mismo curso que Martín, además si  terminaban el internado juntos, quizás podrían entrar a un liceo juntos.

En el curso de Martín, había una niña de cabellos negros y tez morena que del momento que lo vio, sonrió macabramente, mirando a otro niño que se sentaba cerca de ella, un tal José García.

-Mira pepito,  la niña nueva es muy linda tal vez tu deberías cortejarla ¿no crees?

-Rossi… no es una niña, es un niño… aunque realmente parece una.

-Pensé que no te habías dado cuenta -  la adolecente inflo los cachetes y quedo mirando al niño nuevo- Sabes, se me hace familiar su rostro,  es como si lo conociera de alguna parte-

-¿A qué te refieres?-

-Solo míralo

-Ahora que lo pienso, también se me hace familiar, me recuerda a papá-

-¿A papá? ¿Acaso tú crees que él pueda ser uno de esos hijos que el abuelo decía que papá tenía por otras partes?

-No sé, pero puede ser-

Efectivamente, José y Rossaura eran también hijos de Antonio, claro que ellos no eran solamente hermanastros, también eran a la vez primos, es decir, las madres de ellos dos eran hermanas, por ende su relación es mucho más estrecha que los demás hijos de Antonio, es más, se criaron los dos desde muy pequeños, así que eran casi como mellizos, tenían el mismo abuelo, el mismo padre, pero distintas madres.

-Deberíamos ir a preguntarles –

-E… Espera Rossi, no es como que llegues y le preguntes algo tan delicado-

-¿Pero porque no?-

-No sé, solo encuentro que es algo poco ubicado, además estamos en clases, por último, creo que deberías esperar al recreo o algo así-

-Bueno en eso tienes razón-

Manuel  se sentó delante de Martín, ya que había un puesto vacío y estaba justo delante de su amigo. Al llegar el recreo, los dos hermanos se acercaron al castaño que se encontraba jugando a la pelota con Martín en ese momento, Rosaura era la más alta entre todos los jóvenes, y realmente daba un poco de miedo su actitud, llego muy desafiante a hablar con ambos y casi acorraló al pequeño ojimiel,  el rubio claro, llegó a defenderlo, y así comenzó la conversación.

-Oye tú, niño nuevo, quería hacerte una pregunta-

-No seas tan dura con él, Rossaura-

-Pero si no le he hecho nada pepito-

-¿Che vos que queres con manu?-

-Ya oh tranquilo si se me defender solo, mi mamá me crio bien machito pa mis cosas ¿sabi?-

-Bueno como te iba diciendo, tu niño nuevo ¿acaso tu papá se llama Antonio Fernández Carriedo?

Manuel abrió unos ojos gigantes, ¿acaso esa niña seria otra de sus hermanos perdidos? Bueno, por algo pregunta, además se dio cuenta que por primera vez, escuchó el segundo apellido de su papá. Miraba fijo a la cara de la boliviana y se mantenía la tensión, por otra parte, Martín salto a la conversación y respondió por Manuel. –Che… ¿acaso vos también sos? ¿Hemos estado en el mismo curso, sin saber que somos hermanos?-  todos los jóvenes parecieron extrañarse, jamás pensaron que eran todos hermanos.

Al termino de año, los cuatro jóvenes ya eran más cercanos, Manuel, no sabe cómo es que le cambio la vida tan rápido, es decir, ahora ya posee tres hermanos, ¿acaso será posible que pueda encontrar a los otros?
Al fin de curso, Manuel, postulo a un liceo científico humanista, Martín postulo al mismo, solo para acompañar a su querido chileno, aunque él tenía más que claro, que cuando grande  sería un gran futbolista. Ambos quedaron en el mismo liceo, aunque Martín faltaba mucho, por cuestiones de entrenamiento de su club, ya que era un club de elite, debía esforzarse mucho entrenando, Manu por su parte, seguía esforzándose para ser uno de los mejores de su curso, y así fue que a los 14 años ya lo habían vuelto a subir de grado, quedando en tercero de enseñanza media, seguía visitando a su amigo en su club, seguía escribiendo, todo iba realmente igual, hasta que un día  después de un entrenamiento, el ojiverde  le tiro una pelota al más joven.

-Che manu, antes de irnos al internado, juga conmigo un partido

-Pero si vo sabi que soy un asco pa los deportes po

-Solo inténtalo, ¿recordas cuando jugábamos en los recreos?

-Si… bueno ya oh, pero solo por hoy-

Así jugaron toda la tarde, estaban realmente exhaustos, como siempre, llegaron al internado y para ahorrar tiempo y espacio, se bañaban juntos. Manuel jamás se inmuto por hacer eso, simplemente lo veía como señal de amistad y confianza,  aunque si, le daba mucha vergüenza, pero ya hace cuatro años que conoce  al argentino, y no tiene en que desconfiar de él. Por otra parte, el mayor, comenzó a mirar con otros ojos al más bajo, realmente, hace mucho tiempo que tiene guardado ese sentimiento, algo que le hace bombear la sangre intensamente, desde el corazón hasta cada rincón de su cuerpo, algo que le aprieta el estómago cada vez que tiene a manu cerca o que lo mira con su dulce y seria mirada, cuando mira sus cálidos labios hablar. Todo, todo de él le gustaba, además, no es que el fuera gay, solo pasó, no se dio cuenta cuando su corazón empezó a dictaminar aquel sentimiento, además, no es como que Manuel  sea tan masculino, más bien su cuerpo, su delicado rostro,  su delgada y curvilínea figura, lo asemeja bastante a una mujer, incluso, aun su voz no le ha cambiado, y su tamaño sigue siendo pequeño. Es como una frágil damisela que está a su cuidado. –Manu- habló el de rubios cabellos, tomando del  brazo al menor -¿Qué pasa? –no demoró en contestar.

-Manu, vos… vos me gustas-

-¿A qué clase de gustar te referí?- algo inseguro de preguntar eso, lo miro y por acto reflejo se alejó un poco, aunque el espacio en la ducha era bastante reducido.

-A este me gustas- apoyo el otro brazo en la cintura de manu y lo acerco, para darle un beso, bajo la lluvia de la ducha. Un beso que no alcanzo a durar ni cinco segundos, sin embargo, para el mayor, le pareció una eternidad

-¡Cresta! ¿Que estai haciendo conchetumare? –Salió como pudo de la ducha y se tapó con la toalla- para empezar, somos hombres weón y lo otro… somos hermanos weón imbécil – se secó lo más rápido que pudo  para vestirse y acostarse,  ¿Qué onda la vida de Martín? Pensó el castaño toda la noche, Martín simplemente se sintió algo deprimido, realmente no quería espantar al menor, sin embargo ya no soportaba más este sentimiento.

Estuvo bastante tiempo bajo el agua de la ducha, después de pensar bastante rato, salió, se secó casi con desgano y se acostó en la cama contigua a la de Manuel. –Aunque vos me rechaces, te conquistare como sea manu- dijo antes de cerrar los ojos, sin embargo el castaño no pudo oír sus palabras, puesto que ya se encontraba dormido.
Así los días pasaron y ninguno de los dos se hablaba, el menor se pegó en sus estudios y poemas, Martín,  se dedicó a entrenar, ya que estaba seleccionado como titular de sub 17 y pronto haría su debut.

-Che manu, no me ignores por favor, hemos sido amigos desde los 10 años,  comprende que teniéndote a mi lado, algún día y…yo me enamoraría de vos, sos la persona que más me entiende, sos el que siempre ha estado a mi lado, no hagas tan difícil este sentimiento, por favor háblame, por ultimo anda a ver mi partido de debut como titular del equipo, por favor manu sería el mejor gesto que podrías hacer por mí – lo tomo de las manos

-Y…Ya weón p...pero suéltame queri… puta… ya si te voy a ir a ver,  pero con una condición… deja de tomarme las manos tan fletamente porfa-

-Manu… no seas tan duro conmigo, hay  veces que me cuesta resistir-

-Seguramente es una confusión po, mira… vamos a hacer algo, que estoy seguro que te pasa eso, voh eri súper popular entre las niñas, igual tirai pinta po, intenta salir con ellas, demás que lo que sentí es apego familiar y nada más… -dijo nervioso el más bajo- Si aun así no pasa nada… es porque realmente eri fleto ¿cashai? …  

-Che eso no me gusta… yo solo te quiero a vos,… ¿acaso vos crees que uno se enamora de cualquiera? Claro que no pibe, lo hace porque es alguien especial para uno –suspiró algo desilusionado- pero tratare de hacerlo, solo por vos, pero manu, si compruebo que realmente no es amor familiar, ¿me aceptarías? Porque si no encuentro que sería una pelotudez hacerlo.

-…- Manuel se sonrojó al oír esto y analizo bastante la situación- es… es que yo… yo soy un hombre po, a mí me gustan las minas… y… no soy fleto sabi… ya sabi que más me voy a acostar, y voy a tratar de conseguirme una polola y voh también hazlo queri…-

-No sabes cómo me rompes el corazón manu-

-…- manu trago seco y se acostó en su cama ¿acaso lo que siente es remordimiento? Lo mejor era que Martín se encontrara una novia y lo olvidara, además así deben ser las cosas-

El primer partido del argentino, fue todo un éxito, ganaron 3 – 1 y  un gol lo marco el rubio, para esa fecha ya se había conseguido una novia, una joven de facciones similares a las de Manuel,  el aludido notó de inmediato la similitud con la joven y se molestó bastante, y además notó cierto alejamiento del ojiverde hacia él, eso lo inquietaba de cierta manera. Tras cumplir los 15 años y entrar a su último curso en la enseñanza media, Manuel creció bastante, ya  por lo menos pasaba el metro sesenta y cinco,  Martín por su parte ya estaba en el metro setenta y tres. Eran ambos unos jóvenes bastante sanos, Manuel, comenzó a salir de fiesta más seguido con sus amigos y el rubio, no podía beber ni estar en esos ambientes, claro está, debía seguir una vida más sana debido al deporte, aunque agradecía tanto, pero tanto la existencia del alcohol.

El castaño solía llegar en las noches a la pieza, bastante entonado, al principio el rubio solo lo ayudaba a acostarse, o lo lavaba cuando llegaba sucio, pero después comenzó a besarlo, encontró una excelente oportunidad de estar junto a él. La primera vez que se aprovechó del estado etílico del castaño, éste reaccionó muy mal, incluso le golpeo un ojo, estuvo con el hinchado durante una semana, luego la segunda vez que lo intento, Manuel se dejó besar pero tras unos besos, se quedó dormido. La tercera vez que el ojimiel llego ebrio, Martín  lo notó algo extraño,  lo ayudo a entrar, sin más el propio castaño se tiró a sus brazos y lo beso el mismo hasta quedarse dormido.
Para que hablar de la actitud del argentino, estaba muy feliz, pensaba que podría tener grandes esperanzas con el menor.  Así estuvieron por un par de meses, hasta que el día de su cumpleaños número 16, justo fue un día domingo, el menor obligo a ir a la fiesta al rubio.

-Ya po Martín, nunca vai a ninguna fiesta, además los broca son re tela-

-Che no me hables así que no te entiendo ninguna boludez que decís-

-Te digo que los cabros son re buena onda po, ya po anda a la fiesta además, estai soltero ahora ¿o no?, viste, demás te agarrai una mina en la fiesta y la vai a pasar bien, ya po si es tu cumple-

-Che… vos sabes que no me interesa nadie más que vos-

-Agh de nuevo con esa wea –se sonrojó el menor. –Haz la wea que querai, pero lo que  es yo, me voy al carrete.

-Che… está bien voy con vos, aunque no puedo tomar alcohol, vos sabes, por mi profesión.

-Dale, si nadie te está obligando a tomar po, pero no sabi cuanto me alegrai, ya arréglate y nos vamos –

-Claro manu-

Martín jamás había asistido a esas fiestas a las cuales iba tan seguido el chileno, le pareció un ambiente extraño, aunque no tan desagradable, el humo del cigarro claro esta no lo soporto, pero sin más siguió en la fiesta, no tenía intensión de bailar con alguna niña,  ni de beber y menos fumar, se estaba aburriendo, y se sentó en el sofá más cercano, miro un buen rato como los demás tomaban o bailaban, no falto la chica que se le acercó, bastante entonada, tratando de sacarlo a bailar, a todas les decía que no, Manuel por su parte, ya estaba bastante mareado por la cerveza, pisco y vodka que había tomado,  y se sentó en el suelo mientras esperaba que se le pasara un poco la borrachera.  

El ojiverde lo miraba con atención, quería llevárselo pronto a la casa, para besarlo, y se apresuró en ir a su búsqueda.

-Che pibe, ¿no queres volver a casa? Ya estas bastante mareado

-No po weón s...son recién las 12 no seai hip… no seai princesa

-Che no me trates así, recorda que mañana tenemos clases

-Aahg puta la wea… -Martín lo tomo del brazo, el más bajo se alarmo y  corrió la vista, el argentino estaba dispuesto a besarlo ahí mismo, ya que si no quería irse, bueno, el ya no aguantaba las ganas de besarlo, tomo su cara y poso sus labios en los ajenos

-Cresta ¿! Q...que estai haciendo culiao!?

-No te resistas pibe –

-Aghh salete de aquí maricón, mira…. Ahí... Ahí teni caleta de minas hip. Anda a besuquearlas a ellas y a mi déjame en paz … -dijo alterado el menor

-Che… como queras – El más alto se enojó, e hizo caso de lo que le dijeron, se acercó rápidamente donde una jovencita y le pidió bailar, esta no se negó para nada y empezó el baile, Manuel solo los observaba de lejos, no puede negar que le enojó la idea de ver a Martín moviéndose de esa forma para la niña, se paró como pudo y comenzó a beber más cerveza sin dejar de observar la escena del rubio, por su parte el argentino de vez en cuando miraba de reojo al chileno, sabía que estaba molesto de verlo bailar con otra,  ¿celos?  Esa idea lo volvía loco, quería descubrir si realmente estaba en lo cierto, tomó el rostro de la joven y comenzó a besarlo.  

-¡CTM!... Fleto maricón… a...acaso hip… acaso no me queriai a mi weón desgraciao… -grito del otro lado de la sala un Manuel furioso, se acercó dónde estaba Martín, y miró a la niña- voh aléjate de él ¡ahora!... este fleto es mío ¿entendiste? –sin más, tomo la cara de Martín y comenzó a besarlo apasionadamente… ya al otro día no se acordaría de nada, pero todos en el liceo lo andaban comentando, las únicas palabras del chileno al escuchar los rumores fueron "Nunca más tomo en mi vida", pero, como era de esperarse, la próxima semana Manuel llego de nuevo ebrio a la pieza, por lo menos sus notas eran ejemplares o sino hace bastante lo hubiesen echado del recinto.

Ese día, llego algo entonado, no es que no estuviese consiente, pero si no era capaz de pensar lo que iba a hacer, Martín como era de esperarse, tras verlo en esas condiciones, inicio el rito de besos, más ahora, agrego un toqueteo por allí, otro por acá y cuando se dio cuenta, Manuel estaba completamente desnudo a su merced y lo mejor de todo eso, era que no le puso ninguna dificultad, esa noche hizo el amor con el chileno por primera vez. Se  sentía en otro mundo, se podría decir que era el hombre más feliz de la tierra, por el contrario,  el castaño recordaba cada detalle que paso en la noche, cada roce, cada beso, cada caricia del otro, y sentía un remordimiento total, ¿Cómo permitió todo eso? Odiaba el alcohol con todas sus fuerzas.

-Martín… y…yo pedí cambio de pieza… no puedo estar más contigo.-
wooooooooooooo estoy feliz, hace mas de seis meses que vengo anunciando que escribiria esta historia. *-*
es un fanfic bastante largo que voy a empezar desde ahora.
espero lo sigan ^w^ realmente será algo muy lindo, trae de todo un poco. me inspire con la primera parte xD relamente nunca pense hacerlo de esa manera cuando planie el fic, para ser sincera, nada de lo que escribi iba planeado en la primera parte xD queria iniciar el fic cuando manu era mas grande y bueno cosas que pasaran en el segundo capitulo, osea se podria decir que la parte uno es puro y gran relleno X]D josjosjosjos


siguiente -----> cleoly16.deviantart.com/art/Un…

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los personajes les pertenecen a

Martin Hernandez(argentina) -> :iconrowein:
Manuel Gonzalez (Chile ) Jose García (Peru) y Rossaura Cartagena(Bolivia) --->:iconnennisita1234:
Antonio Fernandez (España)----> :iconhimaruyaplz:

mapuche, no se de quien es, pero doy credito a su respectivo autor.

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este fic se lo dedico a mis mejores amigas del DA *-*

mi sempai
mi erosenin
la riyu
la izhy
mi esposasa *-*
y la an

-las estruja-




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un pd gigante: Manuel es el hijo menor de antonio, ya que hice el orden de hijo segun los territorios conquistados, como se sabe, el ultimo pais que conquistaron fue Chile, por eso manu es el hijo menor, tambien por eso mismo hice que bolivia y peru fuecen mayores que Martin y como ambas naciones son muy parecidas hice que tubiesen una relacion mucho mas estrecha que medios hermanos

pd:  CAMBIE A DIEGO POR MARTIN ;>  ES POR COMODIDAD Y COSTUMBRE 
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I

Se queda quieto, estático, y sin la más mínima expresión en su cara. La lluvia cae con violencia en la calle, en la acera, y se pregunta cómo no fue capaz de predecir que llovería, o preocuparse si quiera de mirar el tiempo en la televisión. La oficina ya estaba cerrada, su llave revoloteó en su bolsillo, pero no quiso volver por un paraguas. Además, su vehículo no estaba a diez cuadras de distancia. No era tan terrible permanecer cinco minutos seguidos bajo la lluvia.

Caminó, entonces, en el único deseo de llegar a su auto, subirse y partir a casa. Buenos Aires no es una ciudad que alentara a la gente a recorrer sus calles con forma de tablero de ajedrez. No cuando tiene la mente tan ida, al menos. No ese día, a esa hora.

No esa noche.

Cuando divisa a unos metros, a través del parabrisas, su casa, sonríe con amargura. Una sonrisa no esperada, desconocida. Se baja de su vehículo, entra, y el eterno silencio lo envuelve de nuevo, como nunca, como siempre. La clásica soledad, los colores cálidos. Las escaleras cubiertas de alfombras marrones.

Suspira, sonríe. Con cinismo, pero sonríe. Se quita su saco y lo cuelga en algún gancho que tiene por ahí, y camina hacia la cocina.

Enciende la tele, no hay nada. Nada interesante al menos. Programas de concursos, videos musicales de Soda Stereo, documentales sobre Edad Media. Al poner a calentar el agua se decide entonces por dejar el sonido de la tele en una película. Busca el mate, lo encuentra y se sirve. La misma rutina todos los días.

El hervidor a un lado, la tele en frente, los ojos perdidos, la boca que sólo se abre para beber el líquido amargo. No hay susurros, no hay risas, no hay gestos de exageración cuando quiere explicar algo.

Ya no había nada de eso. Hace un año que ya no. No en soledad, en monotonía, en recuerdos vacíos de significado. En llantos soltando palabras que ya no cambiarían absolutamente nada.

La extrañaba… cuánto la extrañaba.

Apagó la televisión y dejó todo allí tal cual, sobre la mesa. Subió a su habitación. Miró la cama desde la puerta. No se atrevía a entrar. Como a las primeras semanas de que ella se fuera. Ese día pareció renacer todo el rencor, los recuerdos que para ella parecieron no significar nada. Se recordó haciéndole el amor y eso acabó por liberar las lágrimas y fruncir su ceño. De borrar su sonrisa irónica.

—Victoria…

Ella se había ido, pero Martín podía jurar que esa silueta delgada aún se paseaba por su casa. Que sus dedos le acariciaban la mejilla cuando pasaba detrás de él, que sus brazos aún lo rodeaban y que el cuerpo femenino se apoyaba de frente contra su espalda. Podía apostar su cabeza a que la sentía aún, mirándolo de frente.

Pero no. No estaba. No volvería a estarlo. Mal que mal, Inglaterra está a más de 11 mil kilómetros de distancia.



II

Debía ordenar miles de papeles en la oficina. Se preguntaba cómo demonios podía tener tanto trabajo una persona con tan poca experiencia laboral. Sería la poca oferta de Administradores de Empresas que había en el mercado de trabajo. Cada una de las hojas se deshacía entre sus dedos, quería terminar rápido con eso, el estrés se lo estaba comiendo por dentro. No era que quería regresar a casa. Nunca lo deseaba. Pero quería salir de allí, de ese espacio tan pequeño. Se ahogaba allí, y más cuando su jefe escuchaba a Led Zeppelin a todo volumen. Victoria era una afanada a esa banda. A sus solos de guitarra, a sus letras. Vivía cantándolas cuando estaban en casa. Martín solía sonreír cuando la escucha cantar, aunque Victoria no fuera cantante, su voz era más dulce que la de un ángel. Y eso era suficiente para él.

Y más cuando, por sus rutinas tan tiernas, ella las traducía del inglés al español. Martín siempre había sido una roca para las lenguas extranjeras. Mas ella parecía adivinar cada palabra del francés, inglés, italiano, alemán…

Martín amaba escucharla. En el idioma que fuera, ella era preciosa en todas las lenguas.

Se puso de pie en su oficina, caminando hasta su ventana. Buscó cada silueta femenina moviéndose en la calle. Quería ver algún abrigo claro aleteando con el viento, un cabello castaño oscuro, un adorno amarillo con forma de mariposa.

Unos ojos grises… Sabía que incluso a esa distancia sería capaz de reconocer los de ella. Lo haría desde el otro lado del mundo, literalmente. Porque ese era el único gris que amaba, el único que no quería perturbar. Al que le debía todo, su felicidad, su tristeza, la amargura, los recuerdos inútiles.

Pero no. No estaba. Sólo había grises tristes en un mundo que él insistía en llenar de colores. En su ingenuidad, volvió a buscarla. Y volvió a decepcionarse. Hubiera estado horas enteras así, subiendo y bajando, colina tras colina, tras un amor que lo abandonó hace ya un año y medio.

Fue entonces cuando unos golpes en la puerta lograron distraerlo. Era su jefe, apurándolo con unos documentos que debía tener listos en treinta minutos.

Entonces, Stairway to Heaven dejó de sonar.



III

Y sin querer, lo conoció a él.

Decía venir desde el otro lado de la Cordillera, buscando nuevas oportunidades. Lucía siempre serio, con el ceño eternamente fruncido. Los audífonos pegados a sus orejas escuchando Eduardo Gatti. Los cables negros siempre iban cubiertos por una palestina a cuadros en blanco y negro, como una película antigua. Cuando llovía, tenía la costumbre de llevar la capucha de un polerón sencillo, incluso cuando estaba en la oficina. Cosa rara. Por lo que él podía recordar vagamente en el mundo real, los editores no solían vestirse así.

Vio, entonces, una chispa. Algo que le llamó la atención, que por un segundo fue capaz de sacar a Victoria de su mente sin intentarlo dos veces. Ya no hubo destellos grises, no delante de esos marrones que, curiosos, le miraban mientras le sostenía del brazo.

—¿Qué hueá te pasa? —pregunta, y Martín no sabe qué decir. Las palabras se le mueren debajo de la lengua, se ahogan delante del ceño fruncido mostrando una posición defensiva. Carraspea, vacila; hace de todo menos soltarlo. No va a dejarlo ir.

—Disculpá—La voz le tiembla, como la primera vez que intercambió palabras con Victoria—, ¿Cómo te llamás?

El chico de ojos cafés hace un gesto de extrañeza, desfigurando sus perfectas facciones. Martín lo sigue mirando, hasta que lo obliga con los ojos a contestarle.

—Manuel.

—¿Sos chileno?

—¿Qué creí' tú? —arisco, suelta las palabras como si las escupiera. Martín sonríe y, para su sorpresa, se está divirtiendo. Ese cabello castaño oscuro, perfectamente liso, luce demasiado tentador. Y por fin se vuelve a sentir pleno delante de un color así.

—Qué torpeza la mía, ¿no? —dice, y dibuja una sonrisa en su cara con demasiada naturalidad. Una que lo descoloca—Soy Martín, y trabajo aquí mismo.

Manuel le mira desconfiado, pero algo lo convence. Sonríe un poco, apenas, pero suficiente para que Martín lo note. Los ojos marrones se superponen de nuevo, ahogándole otra vez todos los recuerdos inservibles. Esos que, si volviera a compartirlos con Victoria, no significarían nada.

—¿Querés un café? —le ofrece.

—Prefiero un té.

Martín suelta un suspiro.

Nunca más volvería a añorar al gris.



IV

Cuando lo invitó ya por sexta vez a un té, o un café; se fueron ambos a su casa. En su auto, impacientes por llegar. Martín traía los ojos hinchados, rojizos, y Manuel se preguntaba por qué. Sin embargo no dejó escapar ni la más mínima duda hasta que llegaron.

Entraron y ambos se unieron en un abrazo. Uno que para Martín no parecía ser suficiente.

Volvió a extrañarla… volvió a odiarla.

Manuel lo abraza con más fuerza, buscando algo que pudiera calmar los sollozos del rubio, desesperado por no encontrar ese algo por ningún lado.

Y mientras, Hernández aún sigue allí, en el pecho de González, llorando algo que ya no volvería, añorando una mirada gris, un abrazo por la espalda que dijera sin palabras todo lo que necesitaba sentir.

—Te dejaré arriba—dice el chileno, y suben las escaleras. Le llaman la atención las paredes. Las mira y se vuelve a concentrar en la torpeza de sus pies. Al sentarse junto con Martín en la cama, lo mira a los ojos. No quiere dejarlo.

—Ya podés irte—le dice, sin querer realmente quedarse solo. La soledad duele demasiado cuando todo a su alrededor es gris.

Pero sus ojos verdes parecen mentir demasiado bien. Mas para Manuel es una capa de invisibilidad inexistente.

—No voy a irme—al pronunciar las palabras, sus manos juegan con el cabello rubio de Martín, y le vuelve a sonreír. Lo mira, y Manuel sigue con lo suyo, hablándole como realmente quiere hablarle—¿Sabí' por qué? —Martín niega como un niño.

Es entonces, cuando siente que los labios del castaño atacaron su boca. Los sollozos, como las palabras lo hicieron incontables veces, mueren.

—Porque ya no sé irme…

Beso a beso, se rendía. Manuel lo estaba invadiendo y no importaba. No le importó el recuerdo de Victoria, el gris de su mundo y sus colores inservibles. Quizás, esos labios que le quitaban el aliento y que lo condenaban eran mejor a esos recuerdos de nostalgia y dolor.

—Deberías irte ahora…—le ruega, no por sí mismo, sino por Manuel. Sería egoísta, pero no puede. Mas se contradice y se abraza a él, dejándose besar, permitiéndose ser un blanco fácil para esos labios invasores— antes de que ya no podás escapar…

—No sé irme, no sé escapar…—le susurra contra su boca—el destino es tan maldito que, ni aunque salga corriendo lejos de ti, te volveré a encontrar…

—Ojalá…—contesta, lejos de todo lo que recuerda como suyo—porque ya me diste una razón para no dejarte ir…



V

La luz del sol se cuela por su ventana. Ese mismo sol que le miente cada día con su destello, lo obliga a abrir los ojos. Siente las sábanas rozar su cuerpo desnudo y mira a un lado, en la mesita de luz, de modo distractor. Se sienta sobre el colchón y ve ese cuadro que ya hace dos años le bloquea el camino hacia su felicidad.

Está hacia abajo, ocultando lo que no debería ocultarse.

Victoria, por una noche, dejó de mirarlo.

Se vistió con lo primero que encontró y bajó a la cocina. Manuel estaba allí aún, de espaldas a él. Un impulso extraño lo obligó a abrazarlo, asustándolo por el repentino contacto.

—Pensé que te habías ido…—le dijo, restregando su rostro contra el cabello castaño, aspirando el aroma de éste.

Manuel rió en un suspiro.

—¿Quién es la mujer de la foto en tu pieza?

No quería responder. Supuso que la situación del momento, esos míseros segundos en los que se había olvidado de ella, no podían permanecer para siempre a su lado, borrando superficialmente la nostalgia. Lo real de todo siempre florece.

—Es…—se detuvo. Paró su lengua en seco. Volvió a asesinar lo que anhelaba por hacer real. Lo único que merecía la pena cambiar todo por cobrar sentido a esos recuerdos—Era—se corrigió, riéndose de sí mismo por volver a ser ingenuo—… ella era mi novia.

Manuel se quedó en silencio, como si supiera que Martín tenía más cosas para decir.

—Huyó con un inglés el día en que nos íbamos a casar.

Las manos del chileno se detuvieron, murieron, se pusieron blancas. Giró su cabeza hacia atrás, encontrándose con los ojos verdes del argentino.

—Lo lamento…

—Ya no importa—dice, resignándose por fuera. Bien sabe que por dentro aún le parece increíble—. No sé cómo, pero cuando desperté el cuadro estaba boca abajo. No recuerdo haberlo puesto así…

—Yo lo bajé—interrumpe. El silencio los envuelve otra vez. Es incómodo, no como el de la noche anterior.

Martín lo mira con tanta curiosidad, que Manuel necesita volver los ojos a sus manos muertas y blancas.

—¿Por qué? —pregunta, con los ojos fijos en el perfil de González.

—Porque te hace daño… y siento que… que ella no tiene por qué vernos mientras hacemos el amor…

El argentino sonríe. Ataca el cuello de Manuel en un beso asesino, robándole el aliento y entregándole color a sus mejillas.

—No lo hace—responde entre besos, como un niño encantado. Manuel le confirma los dichos, entregándose a la falsedad de sus palabras—, pierde cuidado.

Porque ni el mismo Martín era tan iluso como para caer en su propia mentira.



VI

—¿Cómo se llamaba? —le pregunta, acurrucado en su pecho, mirando la fotografía a la que terminó acostumbrándose luego de tres meses de ese placer lleno de suplicio.

—Victoria—le responde, y sus ojos se tiñen de blanco, como una telaraña. Mueve sus piernas, inquieto, haciéndolas rozar con las de Manuel bajo las sábanas.

—¿Victoria cuánto?

—Alcorta.

Sus ojos se abrieron más de lo esperado. Sus manos, ilusas en el pecho lechoso del argentino, se contrajeron. Supo en ese instante de quién se trataba, y por qué los ojos grises no lo dejaban tranquilo.

—¿Por qué? —infiere Martín, sintiendo el temblor de Manuel sobre su piel. El castaño no responde. Era su turno ahora de asesinar sus palabras en un mar de recuerdos que, ahora, mostraban sus siluetas aterradoras—¿Manuel?

—Yo…—dice, y le duele hablar. Los recuerdos le queman, lo lastiman, lo acorralan a una pared llena de clavos que amenaza con deslizarse hacia su cuerpo—Yo…

—¿Vos qué? —la tranquilidad de Hernández le hace peor.

—Yo la conocía…

No supo qué decir. Las coincidencias tenían esa costumbre de burlarse de él.

—¿Cómo que la conocías…?

—Yo… la ayudé a escapar con Arthur.

Su mundo se vino abajo. Cómo demonios todo su universo podía ser tan pequeño y contradictorio… Quiso hacer mil preguntas, mil gestos, mil versos. ¡Quería sólo una explicación a todo eso! ¡A esa burla tan sádica!

—Estás mintiendo…

—¡No podría mentirte con una hueá así!

Lo apartó. Se tomó la cabeza con ambas manos y se sentó en la cama, dándole la espalda. Los dedos subieron por ésta, enterrándose en su piel, golpeándole la carne y el alma. Arrebatándole la melancolía de los recuerdos y haciéndolos pasearse por las paredes.

—No me preguntí' cómo… es una historia demasiado larga…—dice, arrimándose al argentino, intentando abrazarlo, pero la capa de hielo era irrompible, inamovible. Le dolió la frialdad de la verdad, el poder de los recuerdos— por favor Martín, perdóname…

Y volvió a apartarlo. Los besos dulces en sus hombros le dejarían marcas de por vida, a pesar de la suavidad de esos labios. En su propia casa, lo abandonó a su suerte. A las paredes grises y a los muros cargados de tristeza y recuerdos vacíos.

Manuel quedó solo. Se volvió a sentir abandonado, como cuando puso el primer pie en tierras argentinas.



VII

Frente a la barra, se dijo que no tenía caso. Ir en contra de la esclavitud de un corazón roto, de la corriente que lo empujaba al vacío. El recuerdo era cruel, el pasado seguía siendo demasiado crudo como para enterrarlo. Las memorias adorables renacerían allí y en China. A donde sea que fuese, Victoria lo seguiría. El gris no lo iba a dejar en paz, jamás. Una vez, hace ya demasiado tiempo, iba a jurar proteger ese gris de los colores de un mundo lleno de perversidades y defectos. Fue demasiado iluso. Lo reconocía.

La ingenuidad dolía. El optimismo del momento al mirar esos ojos marrones y decirse que por fin el gris quedaría detrás. Que ya no haría vagar más su mirada en las calles buscando adornos amarillos con forma de mariposa. Que la felicidad estaba a un paso del recuerdo, de los ojos grises. Era todo mentira.

Victoria lo había condenado. Lo había marcado para siempre como suyo. La cicatriz estaba en todas partes y moría por borrarla de su piel, de su mente, de sus dedos cuando tocaba a Manuel, a ese que le mostró el destello al final del túnel.

Y recordó sus ojos marrones, su cabello castaño. Sus palabras heridas y que murieron cuando tocaron el hielo del cuerpo de Martín. Lo anheló. Quiso un beso, una mirada. Que su nariz se arrugara cuando le disgustaba algo. Que, como cuando lo conoció, negara en todos los idiomas que conocía ese sentimiento. Lo quería.

Y se preguntó entonces la real importancia de su pasado. El peso de las cicatrices en su memoria, los colores cálidos en su casa y su cuerpo marcado por esa indiferencia que tanto deseaba sentir. Se cuestionó las palabras de Manuel, si valió la pena apartarlo con crudeza cuando le confesó su más doloroso y horrible pecado. Si, a caso, esa valentía no se merecía algo; una mirada furiosa o una teñida en el amargo color de la tristeza. Puso en la balanza sus verdaderos sentimientos y sus reales metas. Midió su fiereza, su fuerza, su inquietud, su corazón encadenado. Y el círculo vicioso se repite dos, tres, cuatro veces más.

Era incapaz de responderse todo eso. No tenía la suficiente capacidad emocional para soportarse a sí mismo. Sólo quería estar lejos de su propia mente.

Entonces, se respondió.

El pasado no importaba, ni el suyo ni el de Manuel. Ni el odioso recuerdo que compartían ambos sin saberlo. No importaba porque la felicidad nunca era completa. Nunca lo fue al lado de Victoria. Menos lo sería con Manuel.

No, claro que no importó. Le quitó el peso a la base de su vida, a evocar todo lo que miraba y relacionarlo con el pasado. Le sonrió a su reflejo en el whiskey moviéndose inquieto en el vaso de vidrio. Se sonrió a sí mismo a través del espejo, se volvió a cuestionar con optimismo cada una de sus dudas, y no permitió que la realidad odiosa de sus recuerdos asesinara sus esperanzas.

Y corrió hacia su casa, con la idea de volver a sentirse como el inexperto adolescente en esos pasos torpes que, en su tiempo, dio por un amor ahora lejano y olvidado.



VIII

—¡Manuel! —gritaba desde afuera, ansioso por escuchar esa maldita llave actuar en la cerradura. Golpeaba la puerta con efusividad, llamando el nombre de su amado repetidas veces.

—¡Ya voy, por la mierda! —escuchó que decían por dentro. Sonrió con sinceridad. Extrañaba esas palabras, en esos tonos que él permitía desgarrarle la cordura y las memorias.

Al fin le abrieron. Manuel se quedó estático, mirándolo sin saber qué cara poner, hacia dónde ir, ni qué hacer. Se miraron por largos segundos, escrutándose. No importó el frío de esa tarde de invierno, ni que el calor de la estufa de su casa se esfumara por la puerta abierta.

—¿Qué estái' haciendo aquí? —se atrevió a preguntar, entonces, cuando hubo recuperado la noción del mundo real.

Martín carraspeó. No supo por dónde empezar. El tiempo se le había reducido demasiado y, para él, las cosas habían sucedido demasiado rápido. Deseó más minutos, más días… pero ya no podía ponerse a pensar.

—¿Puedo pasar? —la voz sonó titubeante. Por un momento dudó de sí mismo e incluso se le ocurrió salir corriendo, o alejarse de allí casi silbando.

Pero los ojos marrones le clavaron los pies a la acera. Comenzó a llover de pronto, encontrando así el chileno la excusa perfecta para dejarlo pasar.

El cabello rubio se le humedeció, goteando ansiedad, dudas, recuerdos. La casa de Manuel era acogedora, y el olor a té negro se entremezcló con el perfume del castaño.

Apenas el chileno cerró la puerta, Martín lo abrazó, rogándole que lo perdonara, que ya no volvería a correr en dirección opuesta a su felicidad, que ya no volvería a insistir en querer encontrar el gris en el marrón, que todo lo que buscaba estaba allí, en esos colores cálidos, y no en los de las paredes tristes.

Lloró como un niño, con el arpegio de Dust in the Wind detrás de su espalda. Cerró los ojos en el cuello de Manuel, dejándose abrazar, dejándose comprar. La melodía se lo llevó todo: la angustia, al recuerdo vacío.

Se separaron un instante, mirándose a los ojos. Manuel tuvo la osadía de limpiar las lágrimas argentinas mientras le sonreía con calidez, mostrando ese brillo que sólo Martín fue capaz de divisar entre tanta oscuridad, en la frivolidad de un mundo sin significado.

—Ya no quiero pertenecerle a ella…—suspiró entre sollozos. Esos sonidos tristes que le dolían más al chileno que a él—Sólo quiero estar con vos, pertenecer a tus canciones y a los besos de tu boca…

Lo besó con efusividad. Se dejaron invadir de nuevo, y volvió a no importales.

—Todos los recuerdos resulta ser polvo en el viento…—le dijo, permitiéndole entrar en su alma, viendo sonreír al argentino con sinceridad, viendo a todas esas memorias sádicas alejarse definitivamente de ellos.

Dejándolos en paz.

Dust in the Wind…

Y Manuel rió, por el patético intento de inglés que Martín soltó.

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I·I·FIN·I·I
Ok, lo reconozco: estaba sin imaginación cuando le puse el nombre, pero las canciones salvan... vaya que sí xD

Claro, se nombran varios temas. Led Zeppelin participó en la inspiración para este fic, su música es hermosa, sólo escuchen [link] ♥ Además, quise relacionarlo con la trama... descubran ustedes mismos por qué la puse en esa escena~

Kansas es una banda más vieja que la cresta, pero a mí me gustan. Este tema [link] fue especial. Sólo lean la letra en español... ;w;! Duuuust in the Wiiind ♫ *canta y al ratito desafina*

Por supuesto aclarar que en mi fic Victoria y Martín NO son hermanos... es obvio xD! Y la verdad es que desconozco si en el fandom efectivamente lo son, pero personalmente yo no los considero como tal... Además de que me gustan mucho juntos, así que... quise meterlos aquí xD Perdón por usar a Victoria así, pero en esta ocasión quise dejar en paz al Seba xDDDDDDDDDDDD!!! *se confiesa* ya lo he manoseado mucho últimamente (?) además ya vendrá con más protagonismo en un longfic que tengo pensado: un ArgUru y ArgChi, dentro de la misma historia. Ahí veremos qué sale... y... me desvié.

En fin, espero que les haya gustado esta cosa... xD andaba media estresada últimamente y me ayudó a descargar un poco de frustración. Muchas gracias por leer! ♥

Argentina (Martín Hernández) © ~Rowein
Chile (Manuel González) © ~Rowein
Islas Malvinas/Falkland Islands (Victoria Alcorta) © ~Conylandia
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I

Año 1974, Santiago, Chile.

El mismo bar, el mismo ambiente y la misma música. Todos a su alrededor en silencio, percatándose de sus miradas esquivas y sus comentarios nerviosos. Y él, solo como nunca y como siempre, bebía de su vino sumiendo su mente en la copa elegante, disfrutando de su textura y sabor, dirigiéndose hacia todo eso que lo rodeaba y comprendía como una nación. Una más que había caído, a pesar de todo, en la inmensa mayoría.

Y es que Chile siempre fue una nación única, con sus hermosos paisajes plasmados en una gama de estilos artísticos. El norte seco y árido, el sur con sus cielos fríos y lluviosos, plagados de turistas europeos recorriendo sus faldas y admirándose de la belleza tan variada y única, concentrando todo lo que los viejos europeos siempre desearon tener en sus encantos.

Sí, era hermoso para todos. Chile era codiciado tanto por Alfred como por Arthur, por Francis, por Antonio aún. Tan únicamente latino, tan distinto y al mismo tiempo parecido a sus hermanos, innatamente hermoso.

Juraba que cualquier nación desearía tener en sus divinidades todo lo que Chile tenía. Parecía, paranoicamente, incluso, que todos lo deseaban, menos él.

Vendería todo eso por ver a su gente libre. Poder vislumbrarlas caminar libremente por las noches en las calles tan desesperadamente ordenadas de Santiago.

Daría cualquier cosa por cambiar todo ello.

Dio un sorbo a su copa, tomó su chaqueta militar y se retiró del lugar, dedicándose a pasear por las calles e intentando perderse entre ellas, como queriendo ocultarse de algo o de alguien…

Sentía la represión encogiendo su pecho. A lo lejos, dos militares se paseaban por Plaza de Armas, imponentes y poderosos. Algo pareció distraerlos, yendo corriendo hacia donde venía el ruido que González también había escuchado. Los siguió, y vio allí a sus hijos golpeándose entre ellos mismos.

¿Hacia donde los había conducido la desesperación?...

Lloró, y toda la impotencia pareció demacrar su angelical apariencia de los eternos 18 años. Salió corriendo de allí, dirigiéndose a La Moneda, donde en su cama, dedicó en sus escritos toda la ira que un año infernal de tortura, por influencia de ajenos, de afanes ideológicos y de guerras que jamás obligaron a los guerreros a apuntarse con armas uno frente a otro lo habían conducido sin poder evitarlo.

Socialismo. Esa palabra marcaba su mente una y otra vez, penetrando sus pensamientos e invadiendo las buenas intenciones que tenía por salvar a los hijos de su tierra. Había dinero, pero no cosas para comprar. Las eternas filas por obtener un miserable kilo de harina para hacer pan. Jóvenes, mujeres y niños amaneciendo en las calles con dinero en mano para comprar. Y mientras tanto, él iba muriendo poco a poco.

Hasta que alguien apareció, como una luz al final del túnel, el ángel de la salvación.

Parecía lo mejor, lo más extraordinario que pudo haber pasado. El capitalismo tomaría el poder de Chile y así, aliado con Alfred, saldría de esa horrible condición.

¡Sí! ¡Nada podría salir mal!

—Are you sure, Chile?— Decía el norteamericano entregándole el lápiz para firmar. ¿Firmar qué? ¡¿Qué demonios estaba firmando con ese gringo odioso?!

—Lo que sea por sacar a mis hijos de la miseria…


Error fatal.

Lo que sea… Lo que fuera…

—Esto, por ahora, puede ser tu más grande salvación. Pero tú sabes que las cosas que hoy nos dan alegría, mañana pueden traernos el peor de los llantos…

No meditó en ello ni un solo instante, y sólo firmó, dejándose llevar por la desesperación y los impulsos nerviosos.


Le había entregado todas sus esperanzas a Estados Unidos.

Y ya su mente descansó, olvidándose de todo y desconectándose de su cuerpo. Pronto se encontró en una habitación lujosa llena de decoraciones donde le quitaron la ropa, una boca estadounidense le besaba con lujuria y deseo y sus piernas se abrían a recibir a Washington en sus entrañas.

Sacudió su cabeza, nervioso, intentando evadir esos pensamientos. Ahora que los veía tan lejanos, le daba demasiada vergüenza.

Y ahora, su superior. Ese ser odioso que asesinaba a los hijos de Chile sólo por pensar diferente. ¿Cómo demonios Estados Unidos pudo ser cómplice de algo así?

—Sólo veo el beneficio que puedo sacar de países como tú, Chile. El socialismo no puede expandirse entre tus hermanos, ni tú puedes regirte por él tampoco. Si es así, te estás yendo en contra de la más grande de las potencias. Y tú sabes a lo que me refiero, ¿Verdad? Así que más te vale mantenerte alejado de Rusia y todos los que tengan que ver con él. Iván es malo, Chile. Sólo quiere destruirnos porque sabe que nuestro régimen hace feliz a nuestros hijos. El comunismo es, al fin y al cabo, igual que el nazismo y el fascismo. Y supongo que tú no quieres un régimen totalitario gobernándote, or am I wrong?

Las palabras de Alfred lo torturaban desde adentro hacia afuera. En ese entonces fue fácil de convencerse. Estaba desesperado.

La desesperación, ese maldito sentimiento que lo había llevado a tomar las decisiones más imbéciles de su vida.

Y allí, en Guerra Civil, mirando por la ventana de su Casa de Gobierno hacia todos sus territorios, se disculpó con sus hijos, siendo cómplice del dolor y de la angustia, sintiendo su corazón encogerse entre suspiros llorosos y lágrimas que quemaban sus mejillas.

No tenía voz ni voto. Sólo podía obedecer a sus superiores, y esos estúpidos ministros que no hacían otra cosa más que actuar y hablar como robots programados para someterse sin rechistar.

Abrió la ventana, como cuando daba los discursos a través de ella para dirigirse a su gente, a esas personas que construyeron lo que en ese momento era orgullosamente Chile.

—Libertad de expresión…

Un débil susurro que la brisa de aquella noche se llevó como la más vulgar de las hojas otoñales.

—… y tú no quieres un régimen totalitario gobernándote, Chile.

¿A caso no resultaba lo mismo? ¡¿De qué demonios había valido el hecho de aliarse con Estados Unidos y los demás países capitalistas?!

Lloró con más fuerza por la impotencia que se expandía como un cáncer dentro de su corazón. Aquel que se desplegaba frente a sus ojos como la imponente ciudad, la imponente capital de Santiago.

—Libertad de expresión…

Repetía la frase como una grabadora sin sentirla como quería realmente.

"Todos son iguales…"

Y gritos por todos lados.

Las calles vacías.

Y su corazón explotando de ira.

—Nunca quise esto para mis hijos. Jamás…

¿De qué servían las buenas intenciones?

—Las intenciones son tan frágiles y vanas que se las lleva el viento—Se dijo. Intentaba justificarse, excusarse, pensando al mismo tiempo que la excusa agravaba la falta—. Lo que importa son las consecuencias. La intención no es más que el plano que realiza el arquitecto para construir la mansión.

La experiencia se lo había enseñado a latigazos.

—Los planos pueden resultar confusos a la primera, pero luego el resultado es imponente cuando se expanden en tierra. Para que un plano quede bien no debe haber desesperación, sino sutileza y dedicación.

Y eso fue, justamente, lo que a Chile le faltó al momento de pensar en sus acciones.

Fue allí cuando mostró su parte más humana de todas.

—Pero cuando el plano se construye bajo presión, el resultado es…

No se atrevió a pensarlo si quiera. Dolía, dolía mucho hacerlo.

—Una catástrofe para quienes más amo…

Golpeó con rabia el ventanal cerrando sus ojos. Sus puños, sostenedor de miles de armas en incontables ocasiones, cayeron a los costados de su cuerpo.

La conciencia le pesaba como la peor de las mochilas. Y el sentimiento de culpabilidad era inapagable, quemándole las sonrisas una por una hasta convertirlo en un alma gris más.

El Golpe de Estado estaba en su máximo apogeo, y difícilmente la situación se revolcaría.

—Por la cresta…— Suspiró pesadamente, y se inclinó hacia adelante ocultando su rostro en su antebrazo apoyado en el balcón.

Y lo que era peor, ¿qué podría pasar más adelante si ni su gente ni el mismo Chile podía opinar?

II

Año 1977, Buenos Aires, Argentina.

Lo que hacía unos años se veía tan imposible e inalcanzable en sus tierras, había invadido su casa. Su situación no era demasiado diferente a aquel que comúnmente dormía a su lado en noches de desvelo y necesidad de calor humano.

Sin hablar, sin mirar, sin escuchar. Atado de manos al igual que su vecino, siendo golpeado por el hacha de la dictadura.

Ahora, era exactamente igual a todo lo que ocurría tras la cordillera.

Y pues, no vale la pena explicar demasiado. Maltratos entre sus hijos que opacaban sus ojos verdes esmeralda, haciéndolos profundamente tristes.

Tristes como ellos solos.

Indiferentes unos con otros.

Apoyado en el balcón de la Casa Rosada, meditaba en todos los cortos siglos que como nación había vivido, con su joven historia y la leve huella que dejaba en el eterno camino de su hogar: Latinoamérica.

Parecía que fue ayer cuando corría libre por los bosques del sur en compañía de Manuel. No era dependiente uno de otro, sin embargo la ayuda estaba siempre presente, como una rama que jamás se consumía a pesar del fuego abrasador que luchaba contra su resistencia.

Y Antonio invadiendo lo que consideraban suyo e íntimo. Todo había pasado tan rápido, la Conquista, los virreinatos… ¿Cómo los eventos de hace cientos de años estaban tan frescos en su memoria? ¿Sería la nostalgia de saber que aquellos tiempos jamás volverían? ¿Sería la resignación ante la verdad irrefutable de que todos esos días eran mil veces mejores que los actuales?

No supo responderse. A pesar de todas las cosas, sabía, muy dentro de su corazón, que Chile y los demás todavía se consideraban entre sí como hermanos.

Hermanos Latinoamericanos.

Qué hermoso sonaba, ¡qué hermoso se vería el título escrito en muros eternos que se perderían en el horizonte argentino!

Pero no.

Aunque todos supieran, aunque todos lo pensaran así, cada uno velaba por sí mismo, y no había nadie más fuera de las fronteras nacionales.

Y así poco a poco, la soledad de las naciones fue cobrando vida hasta hacerse imposible de vencer, de descolocar. Estaba allí restregándoles la verdad en la cara a cada uno, aunque muchas veces se ignorara aquel hecho.

Pues es que Martín Hernández había caído también.

—Señor, la Nueva Constitución está lista. Debe reunirse con su superior para organizarlas y re-editarlas. —La voz del anciano ministro del Interior resonó en sus pensamientos una y otra vez, chocando con las paredes de su cabeza.

—Iré en un momento—Contestó desganado. Esa noche no tenía ni la más mínima intención de resolver problemas de etiqueta, aunque fuera algo tan simple como ello—. Decíle al superior que en cinco minutos estaré allí.

El ministro se retiró, dejando sola a su patria. Argentina siguió mirando hacia su ciudad, y sus ojos presenciaron la misma escena que Chile odiaba mirar en Santiago: una enfermiza tranquilidad.

Una cruel, aniquiladora y asesina tranquilidad.

Las calles trazadas en forma de ajedrez en la tierra producían silencio. Ese que se burlaba de su soledad, de su desamparo, de su ingenuidad al ver a Estados Unidos como un héroe.

Al final, tan distinto de Chile no era.

Recordó la Guerra del Pacífico al ver la Patagonia desde su ventana. Recordó la cara orgullosa de Chile por la victoria y la ganancia de las regiones de Tarapacá y Antofagasta.

Era un país muy fuerte, y al mismo tiempo, uno tremendamente débil.

Alfred sólo necesitaba convencer a los superiores para implantar el neoliberalismo y el bloqueo al socialismo. Era la manera más fácil y la única disponible para mantener a su América Latina bajo su dominio, bajo su influencia y sus redes de comercio y aprovechamiento.

Eso era. Nada más que eso. Alfred nunca fue un héroe ni un salvador. Ni para Argentina ni para Chile.

Sólo vio la oportunidad, y supo aprovecharla de la manera perfecta.

—Martín, ya bajá, che. —La misma voz del anciano volvió a invadir sus pensamientos, y no le quedó otra más que obedecer.

Se resignó y bajó al primer piso de la Casa Rosada, donde allí lo esperaba su superior.
Lo miró a los ojos y sólo esperó a que sus palabras atravesaran su mente.

—Te ves cansado, Hernández. —Dijo el superior, sin preocuparse demasiado por la apariencia del argentino.

—No dormí bien anoche, eso es todo. —Respondió su patria, más seco que nunca.

El superior siguió revisando papeles que curiosamente a Martín no le importaban demasiado.

Ya no quería saber nada de nada.

—Los exiliados políticos de Uruguay y Chile albergados aquí son demasiados. La cantidad ha ascendido considerablemente, y no sé si podremos ayudarlos a todos. Te recuerdo que tenemos nuestro propio problema político actualmente. El tiempo y los países capitalistas avanzan de manera rápida…

Siguió hablando, y poco a poco las palabras fueron haciéndose humo. La ira comenzó a invadirlo por dentro y apretó sus puños con fuerza, conteniendo las ganas de desquitarse con alguien.

Y ese estúpido superior que tan tranquilamente hablaba de cuando se trataba de Chile y Uruguay, y que se desesperaba por Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y todos esos charlatanes que se llenaban la boca con el concepto de Libertad, y que cada vez que podían se la arrebataban a los más débiles.

¡¿Cómo demonios podía actuar así?!

Golpeó con fuerza el escritorio, bloqueando la boca del superior y mirándolo con odio.

—¡Estados Unidos, Gran Bretaña y los demás pueden irse al carajo!—Sentenció, perdiendo completamente la paciencia—. Estamos en aprietos igual que todos los demás. Chile está en las mismas, Brasil, Uruguay… ¡¿Y tú te preocupás por los que incitaron a asesinar a mis hijos sólo por impedir una ideología distinta a ellos?! ¡¿En dónde mierda vives?!

—Vivo en la tierra, Hernández. —Contestó el superior, sin molestarse demasiado por la actitud de su nación. Argentina seguía fulminándolo con los ojos, aunque no tomó lo dicho por el hombre como una burla, sino como una advertencia. —Vivo en ti, en un lugar que debe valerse por sí mismo y rascarse con sus propias uñas. Mucho podés querer a tus hermanos y viceversa, pero primero está tu gente, primero estás vos. Si no querés ver más sangre manchando las calles de Buenos Aires, cooperá con Norteamérica, y así todos felices.

—Todos felices—Repitió, con una sonrisa triste. —Todos, menos nosotros, las naciones.

—Debes ser egoísta, Argentina. Es por tu bien, ni siquiera es por el mío. Si vos estás bien, yo también lo estoy. Y tus hijos serán felices bajo el nuevo Gobierno.

—¡Esto no es felicidad, la puta madre! ¡Es un lavado de cerebro! —Gritó exasperado.

—¿Y qué es felicidad? No podés gozar de ella si no eres un pelotudo que no cuestiona, investiga ni piensa en nada, sólo en su egoísmo —El superior se puso de pie, encarando al argentino.

—Yo no quiero ser uno de esos…

—Te guste o no, debes serlo. Es la vida de ellos—Y apuntó hacia la ventana, que mostraba aún las calles vacías de Buenos Aires. —la que querés proteger. Así que hacé un sacrificio y dejá a Chile y a Uruguay resolver sus asuntos. Se nos vienen problemas mayores ahora.
Hernández dio la media vuelta para salir. Puso la mano en la manilla de la puerta, y la voz del superior volvió a hacer eco en sus pensamientos.

—Tanto que te preocupás por Chile, Argentina. No sé ni me importa qué clase relación tenés con él, pero sólo espero que toda esa preocupación valga la pena, y no termine saliéndote el tiro por la culata.

—No será así. Se lo aseguro. —Respondió, volviendo el trato tradicional que tenía Martín para con su superior.

"Espero…"

Salió de la oficina y se dirigió a su habitación, mandando al demonio el verdadero motivo por el que había sido llamado. Se sentó en la cama y apoyó sus codos en los muslos, acariciando su rostro con pesadez.

"Te extraño tanto, boludo…"

No pudo evitar pensarlo. En su mente nació la idea de ir a verlo o algo para por lo menos abrazarlo, pero no. Sería demasiado arriesgado hacer algo así.

Se durmió sobre la cama sin siquiera haber tomado una ducha o acostarse debajo de las sábanas. Estaba demasiado cansado para hacer todo eso.

"Chile…" Alcanzó a pronunciar en su mente antes de sucumbir al sueño que ya lo llamaba con demasiada fuerza.

Y la noche lo abrazó, llevándose por un miserable instante de sueño todas sus penas.
ESTE FANFIC TIENE CONTENIDOS A CERCA DE POLÍTICA. Sí señores, quise tocar este delicado tema en mi fic. Por favor, si alguien se siente ofendido MIL DISCULPAS, pero consideré que era importante tocar el tema no sólo por la guerra y las relaciones entre Chile y Argentina históricamente, sino que también el acceso del neoliberalismo y la Guerra Fría a Latinoamérica. Si crees que no es correcto tocar esos temas, pulsa el botón "atrás" y todos felices.

:3 Ojalá les haya gustado. Es complicado escribir a cerca de esto como ya mencioné. Dediqué mucho tiempo a indagar a cerca de fechas y acontecimientos históricos, mis conocimientos previos no eran suficientes xD

Les recuerdo que ésto es sólo el comienzo. La historia se irá desarrollando de a poco (espero). Tengo algunos capítulos adelantados, pero los iré subiendo cada tanto.

Sobre lo del socialismo y comunismo: Nunca, NUNCA he comprendido bien la diferencia determinante entre ambos xD pero al ser ideologías de izquierda y características de la Unión Soviética quise tomarlas como sinónimos. Claro, si ustedes saben la diferencia por favor háganmelo saber para arreglarlo en mis próximos capítulos.

Lo de los superiores de Chile y Argentina: No quiero dar nombres xD! eso sería extraño. Además daría la idea de que tengo cierta simpatía con alguna ideología y NO ES ASÍ e_é sólo quería adaptar los sentimientos de cada personaje a la idea del fanfic.

Sin nada más que decir, me despido. Un millón de gracias por llegar hasta acá xD, pero más que nada, MUCHAS GRACIAS por leer mis estupideces.

¡Nos vemos! :D

Prólogo: "La supuesta Salvación" Here
Capítulo 1: "La noticia, los recuerdos" [link]
Capítulo 2: "La demanda del reencuentro" [link]
Capítulo 3: "La decisión más difícil" [link]
Capítulo 4: "Jamás" [link]
Capítulo 5: "Rebeldía" [link]
Capítulo 6: "Un deseo egoísta" [link]
Capítulo 7: "Intenciones de Cristal" [link]
Capítulo 8: "Despertar" [link]
Capítulo 9: "Promesa" [link]
Capítulo 10: "Traición y Deseo" [link]
Capítulo 11: "Falsas Verdades" [link]
Capítulo 12: "Inaccesible" [link]
Capítulo 13: "Escombros" [link]
Epílogo: "El Derecho de vivir en Paz" [link]

Hetalia © Hidekaz Himaruya.

Chile (Manuel González) y Argentina (Martín Hernández) pertenecen a :iconrowein:
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El Gran Salón era, grande ciertamente, y tanta gente allí reunida, mirándolo y cuchicheando lo tenía un poco nervioso. Sentía el sombrero seleccionador sobre su cabeza y en lo único que podía pensar desde que lo tenía puesto era:

                                          "No en Gryffindor"

No era la casa, no era que el rojo y amarillo no le agradaran, ni que un león no pudiera llegar a representarlo algún día, era solo que…

                                     "Por favor, en Gryffindor no"

Es que estaba ÉL allí, hace unos cinco chicos lo habían asignado a aquella casa, y francamente ya tuvo bastante desde el andén 9 ¾ de la estación como para soportar otros años más junto a ese rubiecito engreído y acosador que no había dejado de hablarle hasta que lo llamaron al podio en el que él estaba ahora.

-En Gryffindor no, por favor –Terminó susurrando tan afligido que su voz le sonó como si fuera una niñita a punto de llorar- En Gryffindor no, no, no… -Miró hacia la mesa de los valientes, y allí lo vio con sus ojos verdes pegados en su persona, sonriendo de esa manera extraña y un poco traviesa que había conocido en el vagón, cuando no pudo cambiarse de asiento porque estaban todos llenos y él y Francisco tuvieron que aguantar a "Martín" y a su amigo moreno todo el viaje.

-La casa que quieras, menos esa… -Suplicó nuevamente y el sombrero dejó de hablar por un momento, tal vez se molestó un poco- Por favor…

Estaba seguro que en Hufflepuff  no iba a quedar, así que despedía la idea de acompañar a su amigo en la mesa, le quedaban por tanto Ravenclaw y Slytherin, y a decir verdad en este momento cualquiera de ellas le parecían igual de aceptables con tal de alejarse un poco del chico que seguía inspeccionándolo a la distancia. No estaba dispuesto a gastar toda la memoria de su cabeza en hechizos para alejar al futuro jote en que el rubio se convertiría seguramente. Y su madre antes de que entrara al tren le permitió tener noviazgo con casi todas las criaturas que en el mundo mágico podían existir, claro, pero no recordó darle permiso para salir con otro chico, así que tampoco podía desobedecerla a ella.

                                     "No en Gryffindor, no en Gryffindor"

-No en Gryffindor… -Repitió. El sombrero algo le comentó, para hacerlo cambiar de opinión pero Manuel no se persuadió, entonces para dar por finalizada esa discusión, y pasar a un nuevo estudiante al fin dijo…

                                                 ¡Slytherin!

La mesa pintada de verde y plateado celebró el tener un nuevo miembro, mientras los otros aplaudían con mayor mesura. Mientras caminaba hacia la mesa de su nueva casa con una media sonrisa observó por el rabillo a la mesa de los valientes, allí unos ojos verdes eran acompañados por una mueca disgustada y algo desilusionada. Habría sonreído más si no fuera porque Martín pronto rió, y dándose cuenta que Manuel lo estaba observando también, le hizo un guiño, con lo que el muchacho entendió que nada significaba que estuviera en otra casa, porque qué eran las comidas y la noche, si el resto del día estaba libre para verse.
Entonces se dejó caer en la silla que le cedieron, y tardó en corresponder los saludos amistosos que sus nuevos compañeros le ofrecían, ahora tan solo podía pensar...

                                     "Por qué no me fui a Beauxbatons"
esto es para el evento de tablas (?) de universo alterno- Literatura/Peliculas

Harry Potter es como lo más típico que hay pero no importa! xD no había hecho nada con eso antes =3

No sé si lo subi bien, o antes de tiempo, u otra estupidez que se me haya pasado

En el oneshot altere el sentido y ahora Manu no quiere quedar en Gryffindor en vez de Slytherin xD como podrán darse cuenta...


Argentina (Martín Hernández) y Chile (José Manuel González Rodríguez) © ~Rowein
Ecuador (Francisco Burgos Torres) © ~Nefis
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-¿Están todos?
-Sep.
Luciano arrancó el auto robado con la técnica de Martín, dejando atrás la casa donde habían residido tan poco tiempo. ¡Tantas tristezas yacían guardadas en aquella casa! Es por eso mismo que cada uno, internamente, se alivió de alejarse por fin de aquel lugar. Tomaron el “camino  largo”, para buscar alguna parte del camino armamento servible.
Nada.
Desolación.
Manuel jamás se imaginó que podría alguna vez oler el olor a muerte. Pero era lo que hacía en este mismo momento. Olfatear muerte.
-Olor a muerte… -susurró.
-No. La muerte no tiene olor. Lo que está en el aire es… olor al abandono. Cuando la vida abandona su cuerpo, éste se pudre. Olor a lo que deja la muerte –le respondió Martín, con la mirada perdida en las calles que iban pasando.
El chileno se sorprendió al ver su seriedad.
-Pero por eso po… es olor a muerte –discutió, seguro de su opinión.
-Bueh, yo lo veo de otra forma –respondió el otro, sin dirigirle una sola mirada.
-Mmh.
-Son cosas que pienso en la facultad mientras hay un cuerpo destripado y el profe nos pide que señalemos los órganos –dijo con la misma tranquilidad de antes, imperturbable.
-Esas son cosas que no necesitaba saber –replica el castaño, arrugando la nariz y sonándose los mocos.
Martín soltó una risilla.
-No, no es tan así, no te preocupes…
-Ah… eso espero –masculló.
Luciano notó una especie de tensión en esa incómoda conversación. Fijó su vista en una tienda que le pareció curiosa.
-Hey –los llamó, señalando con la cabeza.
-Sí, pará ahí –asintió Martín, divisando una cerrajería donde vendían todo tipo de herramientas.
-¿Quién va? –preguntó Manuel, dispuesto si tenía que ir.
-No sé –contestó el brasilero, dejando en claro con su expresión que quería quedarse con su novio, quien dormía pacíficamente en el asiento delantero, reposando su cabeza contra la ventana, representando la viva imagen del cansancio.
-Voy yo, entonces –asumió el chileno.
-Te acompaño –Martín hizo un ademán de salir del auto mas el castaño lo detuvo.
-Quédate pero dame la mochila. Voy vengo.
-Rompé el vidrio para entrar... –le aconsejó Martín.
-Pero si la puerta parece abierta…
-Sí, ya lo sé. Igual es más divertido si te das el gusto de hacer estallar un vidrio en pedazos. No es como si pudieras haberlo hecho antes… legalmente.
Manuel lo consideró mientras salía del auto. Pero no. Él no era así de infantil, así de destructivo.
-¿Martín? –la voz de Luciano denotaba duda y miedo.
-¿Sí?
-¿Te puedo hacer una pregunta?
-Ya la hiciste.
-¿Entonces dos?
-Ya las hiciste –respondió divertido.
-¿Entonces cuatro? –se avivó Luciano.
-Ya las hiciste.
-¿Cuándo? –dijo al instante, confundido.
-Ahora –el argentino rompió en carcajadas idiotas.
-En serio, esto es grave. –el rubio dejó de bromear al ver su expresión.
-¿Qué te pasa?
-Sebastián… -dijo con simpleza.
-Claro, ¿Cuándo no? –respondió con ternura.
-Mmm… é que… llegado el caso que… ¡ojala que no! Mas… si llegara a pasar… ¿Cómo es eso de que tendrías que amputarle una pierna? –a pesar de los rodeos, logró plantear su pregunta.
-Qué morboso. No preguntés esas cosas, porque no querés saber. –Martín bajó la vista, jugando con el agujero de su jean que quien sabe cómo y cuando se lo hizo, pero allí estaba. ¡Era su jean favorito! Y ya estaba roto.
-Pero necesito saberlo… ¿É doloroso? ¿Corre riesgo de vida? ¿Puede afectar otra coisa? ¿Ou puede tener efectos secundarios?
-Luciano –lo interrumpió, inclinándose para acercarse más al aludido del asiento conductor- no te tortures.
-Lo haré si no me dices la verdad.
Martín se echó hacia atrás nuevamente, pasándose una mano por el cabello que ya había perdido su suavidad por el sudor y los días que llevaba sin bañarse. Suspiró antes de contestarle.
-Ya lo sé. Bueno, con los instrumentos necesarios te diría que es casi fácil… pero como no los tenemos, tendríamos que emborracharlo y hacerlo lo más rápido posible. Le dolería, sí, pero probablemente se desmayaría del dolor… lo que en esta ocasión sería bueno sin sedantes… las posibilidades de que salga mal son más si consideramos que no tenemos los elementos necesarios para cubrir un error y… bueno, eso…
Luciano apretó los dedos con fuerza alrededor del volante, con miedo en los ojos. A pesar de que volteó, Martín pudo verlo por el espejo retrovisor.
Y eso que no le conté que debería quemar la herida para cerrarla del todo, pensó para sí, estremeciéndose.
-A mí lo que más me preocupa es que yo no podría… osea, hay una razón por la que los médicos nunca trabajan con sus conocidos como pacientes, por el tema emocional. Sería una tortura para mí tener que… -tragó saliva, de repente enojado- ¿Por qué me hacés pensar en estas cosas?
- Sinto muito–apenas auriculó la disculpa, dándole igual si Martín lo escuchaba o no.
El argentino iba a decir algo pero fue interrumpido por un estruendo que lo hizo taparse los oídos. Cuando se atrevió a mirar por la ventana, Manuel estaba allí, con la mochila de aspecto pesado afianzada entre sus manos.
-Córrete weón, quiero entrar.
Martín le dejó espacio, observando la pequeña mesa lanzada por la ventana de cristal.
-Lindo lio, pibe.
-Gracias –Manuel sacó un hacha de mochila, entregándosela al rubio-. Ponle Tomás dos, ¿Sí?
Martín se mordió el labio, agarrando con delicadeza su nueva arma.
-Tomás segundo del reino apocalíptico –bautizó con una sonrisa.
-Te conseguí un fierro, Luciano. ¿Te servirá? Teni cuchillos también...
-Sí… algo –aceptó el fierro, dejándolo a un costado-. Eu tengo una buena precisión con los cuchillos…
-Ok.
-¿A Sebas que le trajiste? –preguntó el argentino con curiosidad, inspeccionando su nueva hacha con un brillo especial en los ojos.
-No tenía mucho tiempo pa’ elegir, asique traje algo que pudiera manejar…
Sacó otro fierro y lo dejó de lado. Revolvió entre cuchillos y cosas que no estaba seguro de qué eran, pero parecían fuertes y útiles. Mientras, el moreno arrancaba el auto otra vez.
-Esto –dijo Manuel, extendiendo al rubio para que inspeccionara y saciara su curiosidad.
-¡Una pistola de clavos! Que genialoso…
-Es perfecto –comentó el brasilero.
-¿Por qué tanto alboroto? –murmuró Sebastián con voz somnolienta.
-Salimos a conseguir armas, tomá –Martín le alcanzó la pistola de clavos al dormido.
-¿Esto puede realmente matar a un zombie? –preguntó dudoso, refregándose un ojo por debajo de los anteojos.
-No estoy seguro, toma por si acaso –le responde Manuel, entregándole un machete.
-No me gusta usar estas cosas…
-Tendrás que acostumbrarte –dice Martín, mirando por la ventanilla- Mirá si te pasa algo… ¿Nosotros qué hacemos?
-¿No me estás sobre valorizando?
-Claro que no, mi pequeño espermatozoide ganador…
Sebastián levantó una ceja. Sonrió, negando con la cabeza.
-Tonto.
El resto del viaje siguió en silencio. Veían cada tanto una horda de zombies, juntos como muertos caminantes, como si tuvieran el poder sobre todas las calles sin tener conciencia de ello. En cambio, algunos de aspecto tan desvariado como solitario, gruñían a la nada y buscaban algo de qué alimentarse.
El único que no los veía era Martín, que estaba muy ocupado observándose a sí mismo por el espejo retrovisor.
Le sorprendía lo rápido que su cabello se volvió opaco y sus ojos perdieron su brillo y vitalidad. Parecían apagados. Tenía la cara sucia, al igual que todo el cuerpo sudado y apestoso. Hasta su propia expresión se había vuelto, de alguna forma, más seria y… ¿Dura? ¿Fría? No, eso era imposible. Trató de sonreírse ante el espejo, ronroneando de alivio al darse cuenta que su encanto seguía, no importara cuan sucio estuviera su rostro.
-¿Puedes dejar de hacer caras al espejo? É realmente molesto –le recriminó Luciano.
-Peeeerdón –susurró con molestia, aburrido, mirando sobre el hombro de Manuel para ver el paisaje desolador y desmotivante que había del otro lado del vidrio, ignorando que él tenía su propia ventana.
-Che, hay muuuuchos menos zombies –comentó.
-Sí, era lo que iba a decir poh –murmuró el chileno- debe de ser porque estamos por llegar a “la zona segura”, como le llaman esas películas estadounidenses…
-No existe la zona segura –Martín habló con amargura- ningún lugar que tenga militares es una zona segura.
-Tenés razón –asintió el uruguayo- aunque hay que agregar que los militares…
El auto frenó de golpe, cortando lo que estaba diciendo el rubio, quien casi se golpea la cabeza contra el vidrio delantero. Gracias a sus reflejos, pudo atajarse con las manos.
-Che, ¿Qué hacés? –dijo al instante, agradeciendo la rápida reacción de su cuerpo y el cinturón de seguridad. Tranquilamente pudo haber volado por la ventana que tenía en frente.
Luciano no contestó y todos siguieron su mirada.
El fuego se extendía a lo lejos, ardiendo por sobre quién sabe qué. Los cuatro quedaron como hipnotizados por esa luz rojiza que ardía ellos saben dónde. Por supuesto. Como dijo Martín, no existía una tal zona segura.
-¿Eso es…?
-Sí. –Le respondió Martín a Manuel- Tu zona segura. –agregó con sarcasmo.
-¿Y ahora que chucha hacemos?
-Yo digo que igual nos quedemos cerca –opinó Sebastián- y que después del fuego vayamos a ver si quedó alguien vivo… o si hay algo que podamos rescatar…
-No es mala idea. –el tono de voz que usó el chileno era quejumbroso, evidentemente frustrado-  Pucha, por un momento creí que la suerte estaba de nuestro lado.
-Nah, la suerte nos quiere como alguien querría a un mono boludo sin brazos que vomita acido por los ojos y produce sida cancerígenamente inmortal.
-Es que respirar aire le hace mal –explica Sebastián, tan frustrado como el chileno.
-¿Dónde nos quedamos? ¿En el auto? –preguntó el moreno.
-No, es peligroso… -lo contradijo el castaño.
-No tanto –defendió el argentino- fijate que no hay ni un alma.
Manuel se colgó observando los alrededores, confirmando lo que decía el rubio.
-Igual sí, prefiero quedarme en una casa.
-Vamos a esa… -señaló el uruguayo.
-¿Donde? –Martín buscó con la mirada, medio aplastando a Manuel debajo de él.
-Tení tu propia ventana –cuchicheó más consigo mismo ya que nadie lo escuchó.
-Ahí, boludo, no sé, cualquier casa sirve.
-Vamos a esa entonces, es más linda.
-¡Pero esa es más grande…! –discutieron la casa mientras se bajaban del auto.
-Nos quedamos en la que resulte más fácil entrar y punto –se metió Manuel.
-Buena idea, ¿Cómo no se me ocurrió? Larga vida a Manuel –dijo Martín, divertido.
Entrar a la primera casa que encontraron no fue difícil, ya que tenía un precario sistema de seguridad. Una puerta de madera y una cerradura oxidada hubiera traído problemas en el mundo lleno de inseguridad que había antes, sin embargo, ahora era una ventaja a su favor.
Lo primero que hizo Martín (después de asegurarse que en la casa no había nada perjudicial para su humanidad y hubiera al menos dos o tres alimentos en la alacena) fue buscar el sillón y echarse con aire agotador. Los demás le siguieron.
-Estoy re cansado…
-¿Cansao de qué? Eris un flojo –le reprochó Manuel.
-Ñe, hice muchas cosas. ¿Te cuento? Ja, no me vas a creer.
-¿Zombies?
-Oh, ¿Cómo es que has adivinado, ser mágico de las cavernas…?
-¿Sebastián? ¿Realmente te molestaría conseguirte otro amigo? Porque a este lo mato –el castaño pegó un golpe despacio en la cabeza rubia.
-No, dejá, tengo más amigos. Deben estar buscando cerebros pero al menos no dicen pelotudeces…
-Son re malos –Martín se tapó la cabeza, como si se protegiera.
-Ah, eso me hizo preguntarme… ¿Es cierto eso de que buscan cerebros? ¿O será otra cosa?
-Buscan comida –respondió Martín.- O algo que se le parezca. Si vos ves una vaca por ahí pensas que si la matás podés sacar buena carne, ¿No? Y ellos a pesar de que no piensan, su instinto les dice que somos comida… va, esa es mi teoría…
-Interesante.
-Ahá.
-Pa’ mi que no buscan cerebro, su instinto es mordernos y ya –Planteó Manuel.
Sebastián estuvo por agregar algo más pero unos golpes en la puerta lo interrumpieron.
Golpes sincronizados, como un “toc, toc, toc” de algún vecino.
Nadie se movió.
Los golpes se hicieron más frenéticos, desesperados.
-Voy… a abrir… -murmuró Martín.
-Con cuidado. –asintió Luciano.
-Y con el hacha –añadió Manuel.
-Obvio. Estén atentos ante cualquier cosa...
Me volví a enganchar en mi propia historia :D Eso es bueno xD Asdfghjkl y terminé con los exámenes!! Solo me faltan rendir las materias que me llevé y seré toda suya (? Y de las historias <3 Completaré todos los fics por la mitad que tengo, lo prometo (la mayoría son lemons :3)

Bueeeeno, volviendo al fic, les aviso que este capítulo es medio aburrido (para mi) y corto porque adivinen, ¡Es un capítulo doble! En un rato subiré la segunda parte, que es como un extra, como un "acá empieza otra parte" C:

Argentina, Chile y Uruguay le pertenecen a Rowein.
Brasil es de Hinata-neko
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Algo más que profesor y alumno
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Cap 1



A Martín le gustaba jugar en grupo, luego de clases. Estaba acostumbrado, a penas tocaban el timbre -o a veces antes-, a salir al parque de al frente a jugar a la pelota, su gran pasión, el futbol.
Sin embargo, esa tarde se encontraba solo pateando la pelota y practicando pases y trucos… Y eso, lo tenía aburrido.
-Lpm!- se quejó -Esos boludos! Luciano, Daniel… y hasta el Seba! Que me dejan solo!
No era su culpa, sin embargo, el rubio se empeñaba en culparlos aún si sus primos y el brasileño se habían disculpado, al igual que los demás chicos, con él.
-Deberías venir también- aconsejó Sebastián antes de irse junto a Luciano a estudiar a su casa, al igual como lo hacía Daniel con Julio y Miguel con Francisco mientras discutían si ir a la casa del peruano o a la del ecuatoriano que insistía en que iban a estar sus hermanas con las cual podía estudiar mejor aunque por alguna razón, Miguel insistía en hacerlo solos en su casa. Aunque en fin, cada uno armando su grupo de estudios y Martín no iba a discutir que algo "raro" había entre esos dos, pero bueno…
-Me vale… No necesito estudiar. Soy grosso así que es obvio que seré la nota máxima!
El viento sopló solitario mientras el rubio de ojos verdes no se creía nada de lo que decía ¡Le iba como el orto en matemáticas!
Y la inseguridad comenzó a crecer dentro de él. Si reprobaba, lo más probable era que repitiera el año, aún si esta no era la final, pero también ya les haía dicho a Seba, a Luciano y a Daniel que ni muerto estudiaría y que más encima, se quedaría más tarde de lo habitual leseando por la calle.
¡Simplemente no podía llegar y aparecerse por la casa de Seba!
-¿Por qué tenemos que ser vecinos, che?!- dijo mosqueado mientras pateaba la pelota con fuerza, no midiendo.
Entonces la pelota salió volando fuera del alcance del chico, atravesando entre árboles y arbustos, llegando hasta donde menos quería que llegara.
-Dale, Martín, sos un boludo- se dijo para sí, cuando se dio cuenta de la dirección de la pelota -LPM1 NOO!
Quizás podía alcanzarla, sólo quizás… antes de que llegara a la mitad de la calle y muriera atro… Por Maradonna! No quería ni pensarlo!
Dio un paso largo dispuesto a pillarla, ya pasando la cuneta cuando sintió una mano jalarlo hacia atrás, bruscamente alejándolo de la calle.
-Cuidao!!!- iba a matar al puto que lo paró antes de percatarse como un auto pasaba frente a sus narices a toda velocidad, quedándose helado e instintivamente cayendo sentado hacia atrás.
-¡Qu…qué con…?- No salía de su estupor, aún con sus ojos verdes completamente abiertos.
-¿Estái bien?- el acento de aquella voz le llamó la atención, aunque fuera una voz calmada y seria, levantó su mirada, hacia "el puto que hubiese golpeado hace unos instantes atrás", para quedar prendido de dos profundas orbes cafés.
No movió ni un solo músculo, el temblor que tenía en el cuerpo por el susto se detuvo al igual que todo a su alrededor.
Se perdió en los ojos oscuros que no reflejaban nada más que el brillo del día y la difuminada y casi imperceptible silueta suya.
Mientras que el chico vestido sencillamente de calle y con los audífonos colgando desde su cuello, parecía algo asombrado por las claras orbes frente a él, tan verdes y chispeantes, que contrastaban totalmente con las suyas, y que moldeaban su silueta  en forma acuosa y nítida.
No lo demostró, pero un leve escalofrío recorrió su cuerpo mientras el chico de cabello castaño le extendía la mano para ayudarlo a levantarse.
-¡Estás bien?- corrigió en tono más formal, el muchacho de tez más clara aún parecía algo agitado por ser casi atropellado, sin embargo, lo supo ocultar demasiado bien.
El rubio carraspeó algo nervioso ¿qué había sido eso? ¿por qué sintió una corriente eléctrica al momento en que su mano rozó la punta de los finos (y bellos) dedos de la (hermosa) mano extendida que se le ofrecía.
Mierda, el temblor había vuelto y no era por el shock nervioso de casi morir, sino que por los nervios ¿quién era aquel chico?
-B..bien-dijo por fin ¿Martín Hernández tartamudeando? De seguro aún estaba traumado, see, de seguro, pero entonces… ¿por qué no se atrevía a mirar otra vez al menor?
Fijándose mejor, ahora en su figura -evitando siempre su rostro-, podía notar el delgado y hasta fino cuerpo que se ocultaba debajo de un chaleco holgado gris y una polera bastante larga roja debajo, más jeans negros y un "kefia" rojo y negro que adornaban su largo y (exquisito) cuello blanco. A simple vista, era un lindo chico de secundaria, algo bajito, menudo y delicado, mas, había quedado claro que aquel pibe no era nada enclenque, pues había logrado atajar a su fornido y divino cuerpo ejercitado y deportista cuando iba corriendo a toda velocidad.
-Gracias, che- el argentino no lo podía creer. Jamás pensó poder cohibirse por un desconocido así, ¡y hombre más encima!
-De na´, pero ten más cuidao pa la otra ¿dale?- mencionó con severidad pero siempre sereno
-Y…ya te vas?- fue lo único que atinó a decir, le sorprendía la actitud cortante del castaño, quien ya yéndose lo quedó mirando raro.
-Mínimo te invito un café, che. Me salvaste la vida- se apresuró a decir con los nervios a flor de piel.
-No te preocupís, me tengo que ir… Ah, y, en serio, lo siento por lo de tu pelota, se lo que se siente- trató de hacer una mueca de comprensión.
-¿Qué pelota?
-…-
-Oh, claro. Esa pelota jeje che, se me olvidaba- finjió una sonrisa nerviosa llevándose una mano a su nuca
La puta madre! ¿Cómo se le había olvidado la pelota?!! Era su vida, su pasión! Era como haber perdido a su hija-esposa-compañera-hermana!
Bueno, lo último no tenía sentido, el punto era que había perido a su amada pelota de futbol atropellada y sin embargo, la punzada de angustia en su pecho no era por su pérdida, sino porque el castaño ya se iba, no había aceptado su invitación (nadie rechaza a Martín Hernández) y seguramente nunca más lo volvería a ver.
-Bueno… me voy- dijo ya volteándose
-Esperá, ¿cómo te llamás…?
-Manuel!!- la voz de un joven que estacionaba un lujuso auto negro a la orilla de la vereda en donde estaban, interrumpió la pregunta.
-Chucha… ese gringo- soltó por lo bajo- Sorry, me tengo que ir. Bye- se despidió con la mano.

-Hello, Manuel, ¿how are you?-
-Hola, Manuel-
-Hola- respondió a  dos personas y que, claramente saludó a uno de mucha mejor manera que al otro.
Dos rubios se encontraban dentro del auto en que subió aquel chico castaño de ojos oscuros.
Ambos de habla inglesa, pero con un dejo distinto en el acento. No pudo ver de quién se trataban, y tampoco se fijo en eso, pues el rubio quedó embobado.
"Manuel… Manuel… Manue.. Manu~"
Se repitió una y otra vez en su cabeza.
-Manuel, che- susurró al viento.
Luego se adentró nuevamente en la plaza como si nada y con un aire mágico envolviéndolo aún, recogiendo sus cosas junto al árbol al lado de la cancha de futbol desolada a esas horas de la tarde, ya oscureciendo se fue a su casa pensando que podía tomar un mate luego de una ducha caliente antes de acostarse.
¿y la prueba? Nah, total, era la mensual de noviembre, aún le quedaba para estudiar para la prueba final.
-…-
Eso, en serio, no se la creía.
-Iré en el curso de la Vick~- sonrió emocionado al recordarla.
No sonaba tan mal… repetir el año y quedar con esa linda chica, aunque ahora… ponía en duda eso, luego de conocer a aquel chico de secundaria.

___________________________________
Fin Capítulo
adasada el primer fic que subo acá QAQ
Este fic va principalmente dedicado a :iconrinokumuara: por su cumple Feliz Cumple Atrezado Caro~!! Mi "che" hermosaa :heart: xDDD
Les gusta la trama? pronto subiré la conti si es que les guste n.n adasad hace caleta que no escribo un fic así que echenle la culpa de atrosidad de redacción a mi poca práctica ToT *se tira*
Ya verán más adelante que qué onda el título ewe
Espero que te guste Rin y a ustedes también por su puesto les guste ^O^

Capítulo 2 --> [link]
_____________________________________-

Martín Y Manu son de :iconrowein:
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OKTOBERFEST
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***CAP:1 Viaje

-...Y  recuerda si vas a salir deja bien cerrada la puerta de tu casa para que no la invadan, no quiero tener que llegar con un ejercito para echar a  cejudos molestos (imaginando a  Arthur) ni pervertidos del vino (imagina a Francis)¿Italia? ¡Oye!.. ITALIA ¡¿ME ESTAS ESCUCHANDO?!
-Veeeee  (contempla el vuelo de una mariposa sobre su cabeza)
-¡ITALIAA!- Grita el joven alemán haciendo que el italiano salga de repente de sus divagaciones
- ve, doitsu, doitsu  ¿a Dónde vas?-pregunta el joven italiano inocentemente
- tranquilo, volveré pronto- respondió metiendo las ultimas pertenencias en su maleta antes de cerrarla- voy a ser juez de un festival de la cerveza que organiza un amigo en América
- ¿A...merica?- pregunto confundido imaginando de pronto a un joven rubio de anteojos, casaca café y  riendo ruidosamente "I AM A HERO *HAHAHAHAHAHAHA*"
-NO, no ese América- respondió apartando aquella burbuja de imaginación- un amigo de  Sudamérica
- ¿vee? ¿Qué es Sudamérica? (Muchas gracias globalización ¬¬)

- uff  -_-u ...suspiro Alemania, dejando la maleta en su cama y dirigiéndose hacia su escritorio, de allí saco un atlas y lo llevo hasta donde estaba Feliciano quien lo esperaba sentado en su cama junto a la maleta sonriendo despistadamente.

- a ver...aquí estamos tú y yo- explico señalando en un mapamundi un país con forma de bota y otra región un poco mas al norte- y acá...- trazando con un lápiz un circulo en torno a una gran porción de tierra al otro lado del océano atlántico -...está América y mi amigo esta acá- marcó con su lápiz el contorno de una larga y delgada faja de tierra.

- vee,¿como sabes de ese lugar? ¿Cuándo fuiste?
- bueno hace mucho tiempo...



*** Flash back histórico***

" a mediados del siglo XIX Alemania no era una nación unificada sino un conjunto de pequeños estados (Bohemia, Sajonia, Baviera, Alsacia, Silesia) entre 1848 y 1849 ocurrió la"revolución alemana", la cual tenia por objetivo unificar estos estados, pero en ves de generar la tan anhelada republica los estados quedaron bajo el dominio prusiano (kesesese) dejando a Alemania en una gran depresion.

Mientras tanto en una adolescente y hace poco tiempo independizada nación del nuevo mundo, se promulgo la ley de "inmigración selectiva" en 1845, la cual  tenia por objetivo  atraer a profesionales y artesanos  extranjeros para colonizar zonas del sur de Chile Uno de los principales motivos de la emigración extranjera fue la necesidad de expandir el territorio habitado por chilenos, a fin de protegerlo ante cualquier intento de ocupación (¡eso va para  ti Diego!)...esto hizo que los habitantes de los estados alemanes consideraran la posibilidad de emigrar a ese remoto país.
  
Alemania tenia un espíritu de emprendimiento y lucha que sorprendieron al joven Chile haciendo que ambas naciones intercambiaran culturas y estilos de vida es por eso que Una vez en Chile, los inmigrantes germanos lograron desarrollar una serie de actividades económicas, así como también estrechas relaciones navieras entre ambas naciones. Chile también acogió a inmigrantes alemanes luego de la segunda guerra mundial.

La amistad entre estas dos naciones se puede ver hasta hoy en día."

*** Fin del flash back histórico***


-...entre las cosas que deje en Chile fue mi gusto por la cerveza, es por eso que él organiza una  fiesta de la cerveza en honor a la Oktoberfest que se realiza en Múnich

Feliciano escuchaba atentamente la historia hasta...

- nos apoyamos mutuamente cuando nuestros pueblos tuvieron dificultades- siguió hablando Alemania- es por eso que...Chile y yo somos muy buenos Amigos
  
- ¿muy...buenos...amigos...?-en ese momento aquella frase invadió la cabeza de Feliciano como una nube negra, Alemania siempre había sido un país un poco reservado y Arisco con otras naciones, y eso le aseguraba que él seria siempre su amigo, que lo cuidaría, aconsejaría  y defendería, pero...¿era posible que tuviese otro amigo?.¿Que fuese mas fuerte? ¿Qué no le causara tantos problemas?, la historia que le conto Ludwig a Feliciano, demostraba que el alemán sentía mucho cariño y aprecio por ese país llamado Chile ¿podría Alemania sustituirlo por esa otra persona?

En ese minuto Ludwig se disponía a abrir la puerta para salir

- ¡Nooo, no te vayas, no te vallas!- corrió sollozando hacia el Alemán, aferrándose fuertemente a su brazo, lo que hizo que Alemania perdiera el equilibrio y callera al suelo, sobre el italiano (¬///¬)- ¡no quiero que te vallas! Veeee T.T-

El alemán sonrió de manera tierna, ¿Qué había en ese miedoso y  despistado chico que le gustaba tanto?, el italiano, no paraba de llorar mientras se abrazaba con fuerza a Ludwig, tal vez no se había dado cuenta en la incomoda posición en la que estaban, sin pensarlo se dejo llevar por sus emociones y se acercaba lentamente hasta los labios de Italia. Hasta que su razón lo detuvo "Scheiße (mierda) pero ¿que estoy haciendo?- pensó- él es mi amigo, no seria capaz de hacer nada que lo lastimara, no quiero asustarlo con mis estupidos sentimientos"- pensaba mientras se incorporaba maldiciéndose a si mismo, luego de levantarse, ofreció su mano al italiano, el cual la acepto secándose las lagrimas, una vez en pie, Ludwig posó su mano en la cabeza de Italia revolviéndole el pelo

-Si quieres puedes ir a visitar a tú hermano o a Kiku en mi ausencia ^^- dijo- solo ten cuidado cuando pases por Suiza , y ¡por favor!...no te metas con los gatos de Grecia      
-Ve- respondió afirmando con la cabeza

Y así ambos salieron de la casa de Alemania, separaron sus caminos en el puerto de Hamburgo, ambos aparentemente felices, pero con mucha incertidumbre en su corazones.   

*************************************************************************************

Malloco, RM de Chile, 11:00 AM, a una semana de la Oktoberfest   

  El sol primaveral brillaba con intensidad, y a pesar de que aun era de mañana hacia mucho calor, faltaba casi una semana para el festival pero el día estaba ideal para una rica cerveza *¬*, los barriles de las cervecerías aun no llegaban y eso era bueno, porque con ese calor ya se hubiesen agotado incluso antes de tocar el suelo, los trabajadores y tramoyas que en ese momento trabajaban arduamente, hubiesen vendido su alma por una gota de aquel néctar fermentado de cebada.

El que dirigía las obras no estaba exento de aquel deseo, pero se contenía, ya que todo tenia que estar listo y perfecto para la 7ª edición de la Ocktoberfest, y aunque el chileno suele hacer todo a última hora (palo XD), en esa edición nada podía fallar, sobretodo si venia ÉL.

-¡¿YAA jefe a donde armamos el escenario principal?!- pregunto un trabajador al joven castaño a cargo de la organización
-Allá, al fondo, quiero que se vea  en todo el sector- ordenaba con el índice el lugar  deseado -¡¡ya ustedes, déjense de andar comadreando y pónganse a trabajar!!- ordenaba a un grupo de trabajadores sentados en el suelo- YA, amarren esas amarras, cableen esos cables, posteen esos postes.
-¡¿EH?!¿postear postes?
-o///o...eh...  ¡solo pónganse a trabajar!...-ordeno algo avergonzado,usualmente cuando estaba a cargo de algo era mas relajado, pero esa vez nada podía fallar, NADA.

Aquel joven castaño que dirigía tan arduamente el trabajo, no era más que la República de Chile, o Manuel como le gustaba que lo llamaran. Como hacia calor, solo vestía unos jeans  y una polera roja, una chaqueta de seguridad sin mangas y un casco blanco, algunas gotas de sudor resbalaban por su frente se quito el casco para limpiarse con la muñeca.  Ese gesto, esa postura, lo hacían ver provocativo. Sin percatarse que desde el otro lado de una gran muralla de roca nevada. Unos ojos verdes lo observaban a través de unos prismáticos
       
- ¡¡¡CHE MANU!!!- gritó a lo lejos- ¡¡no sabés lo sexy que te ves trabajando!!, ¡¡SOS UN BON-BON!!

Aquel comentario hizo que el moreno se pusiera rojo como tomate

-""UUUYYYYY""- gritaron riendo a carcajadas los trabajadores, dirigiendo su atención hacia el rubio que agitaba una mano llamando la atención y el avergonzado chileno

- ¡¡DEJATE DE ANDAR WUEBIANDO, FLETO CU#@€#¬6€, HASTA CUANDO ME VAI  A ANDAR SAPIANDO`, ANDATE A MOLESTAR A OTRO LAO` CONch€@#€#¬#€¬#¬!!- enojado le lanzo el casco que tenia en la mano, el cual callo con gran precisión en la frente del argentino,quien a causa del golpe, perdió el equilibrio y callo desde la muralla hasta el patio de su casa.

-ayyy ayy- se quejaba sobándose la cabeza- ya vas a ver manu...juro que en ese famoso festival...me la voy a jugar por vos ayyy..Jeje vas a ser mío chileno- decía mientras un sonrisa lasciva se esbozaba en su rostro.

CONTINUARA...
ANTES DE TODO **llega tímidamente con una armadura y un escudo anti-tomates** quiero decirles que este es mi primer fan-fic y soy nuevita en devianart (de hecho aun tengo problemas para hacer mi cuenta XD), soy una gran admiradora del trabajo que hacen en #Hetamericafanclub y Hetalia-Latinhetalia espero que este fic piloto les guste, por que pienso seguir aportando a estas grandes comunidades.

Bueno después de darles la lata con esa presentación TAAN mamona ¬¬ les cuento...

Desde hace algún tiempo Manu organiza en su casa el Oktoberfest, un festival de la cerveza que se realiza en primavera a finales de octubre, en esta 7ª versión como juez e invitado de honor Chile invito (valga la redundancia) a La Nación de Alemania. Haciendo que en esta visita traiga con sigo un montón de problemas y situaciones que harán que el cuarteto dinámico (Chile, Argentina, Perú y Bolivia)se encuentre face to face con las fuerzas del eje ( Alemania, Italia Y Japón)

¿que cosas sucederán en este encuentro?
¿Que amores y desamores se producirán?
¿Cual es más rica, la cerveza negra o la dorada? LOL

***Glosario***
(Espacio dedicado a explicar algunas palabras del idioma Chilensis entre otras cosas)

Palo: palabra que se incluye en las frases, se refiere a un golpe ficticio que se le da a una persona cuando se da a conocer un error cometido por ella misma o a alguien conocido. EJ: "debí haber incluido este glosario antes" (palo xD)

Comadreando: del verbo comadrear, se refiere a conversar.

Fleto: gay

sapiando: del verbo sapiar, hace alusión a los sapos, que en Chile es un sinónimo de soplón o espía.


******

los personajes de hetamerica (Chile y Argentina) pertenececen a :iconnennisita1234:~nennisita1234

los personajes de hetalia (Alemania e Italia) pertenecen a (C) Himaruya Hidekaz

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CAP 3

-¿Qué querés tomar?
-Té- fue la simple respuesta. El rubio apoyó la carta en la mesa y miró con sus verdes ojos al castaño.
-¿Qué?- cuestionó inquieto por la mirada del argentino
-¿Te gusta el té?- preguntó incrédulo.
-See ¿a ti no?
-Ni de broma- cerró el menú con rapidez -Soy fiel a mi mate- dramatizó.
-Noté tu acento desde el principio- apoyó su mejilla en su mano, observándolo con detenimiento -Argentino matero a morir ¿verda´?
-Y vos: chileno ¿los ingleses te pegaron lo de andar tomando "tecito"?-preguntó con igual ironía que el castaño, sin dejar de mirarse a los ojos.
Se habían robado la confianza así de fácil, en algún momento Martín comenzó a tutearlo y lo trató como un viejo amigo echándose "bronca".
-Es irónico que digái eso cuando estamos en una cafetería ¿sabí?
-También sirven té, pero no te daré ese gusto -le guiño un ojo-Dos cafés porfa~-
Le encargó a la mesera que iba pasando.
Manuel rodó los ojos divertido.
-Martín… ¿cierto?- el ojiverde lo volvió a mirar mientras el castaño hacía un puente con las manos y posaba su barbilla allí. -¿Por qué le das tanta importancia el que te haya empujado?- preguntó tranquilamente como sorbía su recién servido café.
-No se… quizás ayer no le di tantas vueltas al asunto -mintió descaradamente -Pero si el destino nos volvió a juntar es por algo, che.
-¿Destino?- Al chileno le quedó retumbando esa palabra en la mente. Le dio un pequeño sorbo al café otra vez.
-¿no crees en él?- preguntó el rubio sin desviar su mirada verde de la oscura, arqueándose un poco para tomar de la bombilla de su vaso sin nunca perder el contacto visual.
-Han pasado cosas malas para pensar en eso- fue la breve respuesta. A Martín le sorprendió eso, mientras el otro desviaba su mirada hacia la ventana algo incómodo.
Prefería cambiar el tema… No se había dado cuenta pero se quedaron mirando todo el rato sin decir nada. Se sonrojó por eso.
-Decíme, Manuel… ¿vos has vivido siempre en el extranjero?- prefirió omitir que país exactamente.
-Sólo tres años- contestó sin mirarlo
-¿Eso no es muy poco para hacer una carrera como biología?- se extrañó como jugaba con la bombilla entre sus dedos.
-No, si eres un genio- le volvió a mirar con una pequeña sonrisa burlona en los labios. Martín rió, más encantado por las lindas facciones del castaño que por lo que decía.
-Me fui a los quince- continuó.
El argentino quedó mudo.
-O sea… que no era broma?- lo miró asombrado
-Ee… No ¿cuántos años crei´ que tengo?
-…-
El ojiverde parpadeó.
¿Era un chico de secundaria terminando una carrera universitaria? Por Maradona! Tenía casi su misma edad, era a penas unos meses mayor que él.
-¿En serio tenés dieciocho?!- soltó de la nada.
Manuel asintió.
-Woah. O sea que sos superdotado o una cosa así?
-Ni tanto… sólo estudié toda mi vida.
Ahora comprendía la personalidad introvertida del chileno.
-Aunque…- El mayor lo miró sonrojarse, algo que desató algo tibio en su pecho (se veía lindo, demasiado!) -Pensé que erai´mayor- Manuel enrojeció aún más.
¿Desde cuándo confesaba cosas sin importancia? ¿acaso al rubio le importaba?.
Se notaba que Manuel no conocía a los argentinos.
-¿eh?- Martín creía que podía saltar de emoción -¿pensabas que era un pibe universitario o algo así?- sonrió
-"Pensaba"- recalcó, desviando la mirada, sintiendo la cara arder -pero ahora que te miro de cerca… no te vez como de la edad de ellos…
-¿Ellos?
-Si, tu cachay, los demás profes que llegaron, ellos ya son licenciados y todo.
-Oh… Arthur y el otro ¿verdad?- su semblante cambió
-¿Los conoces?
-Algo…- dijo medio serio. Vicky le había comentado algo sobre el otro.
-Alfred va a ser el nuevo profesor de educación física, sólo que tubo unos problemas y empieza mañana. Arthur… es profesor de química.
-Algo me dijo Vicky- soltó desviando la mirada a la calle tras la ventana.
-¿Vicky?- Manuel se inquietó un poco, mas no lo demostró ¿quién era ella para Martín? Los comentarios de Miguel y Pedro llegaron a su mente.
-Victoria. Mi… Una amiga- trató de explicar, algo incómodo también.
Un silencio insoportable se formó y Manuel recién notó lo tarde que era, ni siquiera había alcanzado a probar los alfajores que Martín encargó para acompañar el café. Miró la hora en su reloj pulsera y se disculpó.
-Si quieres te llevo, mi casa queda a unas cuadras de acá y te tiro en mi auto.
El chileno lo quedó mirando sonrojado, sabía a que se refería el rubio, sin embargo, en su mente seguía sonando raro aquella invitación.
Ir a su casa… y luego irse en su auto…
Sintió un escalofrío ¿qué acaso ese rubio no quería separarse de él?
Mala idea pensar en eso a estas alturas.
-No te preocupí, tomo la micro acá en la esquina no má- se excusó nervioso
-Pero está oscuro… además vienes llegando de un país extranjero, seguro que sabés cómo llegar a tu casa?-
Mierda… Las únicas dos veces en que fue a la casa de Antonio, llegó en auto de Arthur o el mismo español lo llevó. Y no se acordaba de los números de la locomoción.
-No importa, yo me las arreglo
-Pero Manu…- ¿Lo estaba evitando? ¿Por qué se negaba a que le prestara ayuda? ¿Había dicho algo malo?
-¿Por qué me dices así?- se levantó de la mesa
-¿Te molesta?- cuestionó siguiéndole con la mirada, tratando de no demostrar que le dolía la repentina hostilidad del castaño.
-Si…- apenas habló. En eso, comenzó a sonar su celular -Sorry. ¿Aló?
-"¿dónde estás?- se sintió la voz calmada y seria a otro lado.
-"Em… en una cafetería ¿por qué?
-"¿Con quién?… Fui a la casa de "Antony" a buscarte y no me recibió muy bien, sabes que no me llevo bien con tu padrino.
-Sorry, Arthur, ya me iba a la casa ¿qué necesitabái?- Martín quedó helado. ¿Entonces Manuel estaba hablando con ese pelotudo por su teléfono celular (y personal)?
Se levantó sin decir nada.
-"Alfred…"- fue lo último que escuchó el chileno antes de que el rubio colgara el celular.
-¿Q… qué chucha te pasa?!- le cuestionó sorprendido y molesto.
-Arthur Kirkland ¿no?- levantó una ceja con un brillo en sus ojos que produjo un extraño escalofrío en el ojicafé ¿qué era esa sensación?
-El profesor de química, ese inglés… ¿Lo conocés?
-Si, obvio que lo conozco… pero qué tiene que ver?
El castaño se sorprendió cuando el argentino sacó un billete y lo estampó en la mesa, para luego tomar fugazmente su mano y jalarlo hasta fuera de la cafetería.
-¿Qué mierda…?- Manuel alcanzó a tomar su mochila mientras trataba de zafarse del brusco -pero cálido- contacto.
Martín caminó un largo tramo sin decir nada con el chileno a sus espaldas insultándolo, dispuesto a atravesar la calle hacia su casa en la acera de al frente, cuando la voz de Manuel ("Puta la wea, cuidao conchetumare!") y el ruido de un motor de camión pasó casi rozando su cabeza, sintiendo el aire tibio que agitó su flequillo.
El más bajo lo abrazó por la espalda y lo empujó hacia atrás en un acto desesperado, cayendo de alguna forma, el castaño sobé Martín, quien sabe como, en la fría acera.
Lo primero que logró enfocar el rubio fue el cielo oscuro estrellado y el fino rostro de Manuel con una expresión indescifrable en el rostro, lo que vino después fue un montón de ruidos (una mezcla de voces curiosas, autos y vibraciones raras) acompañados de un fuerte dolor de cabeza.
El frío del piso y el aire helado en su cara, vio un montón de pies a su alrededor pero lo único que logró captar en su aturdimiento fue:
.Martín aweonao! Te dije que pararaí, por la cresta, agilao!
Seep, era un lindo comienzo, quería conocer más a ese chico por alguna razón (y parecía que lo estaba logrando ¡Si hasta lo estaba regañando el pibe!)
Todo pasa tan rápido, y la vereda helada es un buen sitio para reflexionar, si que sí. No estaba en sus cabales en ese momento…
¿Qué es Arthur para vos?
Hubiera sido la pregunta ideal, pero su mente no estaba en la tierra, y todo lo que atinó a hacer con Manuel aún arriba fue pestañear, mirarlo como borracho y preguntar.
-¿Tenés novio?
Se liberó de un gran peso, ahora podía desmayarse en paz.
_______________________
-Te aplaudo, Martín, sos el mismo boludo de siempre-
Abrió los ojos lentamente, topándose con la parda mirada de su primo tras los cristales de sus anteojos.
-¿Qué carajos pasó?- gruñó perezoso mientras se sentaba atontado cuando sintió una dolorosa punzada en la cabeza -La puta madre…- chilló llevándose la mano, y en vez de pelo palmeó un material aterciopelado y suave.
-Te pegaste en el coco- dijo, cruzado de brazos, sentado en la banquita junto a la cama
-¿Cómo?- tenía un revoltijo de imágenes borrosas de ayer.
-El paramédico dijo que casi te arroya un camión, pero que los testigos dicen que un chico bajito y delgado te salvó la vida empujándote para atrás, haciendo que te cayeras y golpearas en la cabeza contra el piso, pero luego el pibe ese les dijo a los de la ambulancia tu nombre y después de fue sin más, lo que me hace preguntar… ¿"otra vez"?
.Pará, pará, con un carajo!
Le hizo un gesto con la mano para que se detuviera, mientras cerraba los ojos con dolor y se sobaba la cabeza sobre las vendas.
Las palabras de Seba le caían como balas de ametralladora.
¿Por qué tenés que hablar tan rápido cuando querés, che?!- se quejó.
-Era el mismo chico ¿no? ¿Es el profesor nuevo?- ignoró totalmente las quejas de Hernández.
Martín abrió los ojos sorprendido.
-¿Por qué sabés todo, Seba?- disimuló su nerviosismo.
-Es cosa de observar, además, muchas cosas pasaron ayer.
-¿Ayer?
-Ya es de día, fijáte- le  corrió la cortina
-LPM- se tapó la vista ante el brusco cambio de iluminación.
-¿Lo sabés, cierto?-
-¿qué cosa?
-Lo de Victoria- dijo en tono serio  mientras se ajustaba las gafas.
Martín bajó la cabeza.
-Está bien con nosotros… no necesita llevársela- atinó a decir buscando apoyo en la mirada de su primo.
-No… otra vez- susurró más para sí.
-No te preocupes, Martín, vos sabés que no vino por ella, sino que por trabajo.
-Pero ese cejudo conoce a Manu! Es muy cercano a él!
Hubo un silecio repentino y el rubio decidió callar
-Así que Visctoria no es lo que te preocupa…
-No es eso- le interrumpió apenado- es sólo que Arthur no vino solo, vino con ese pibe y otro más que todavía no conozco ¿para qué?
-Es simple, vino por trabajo, no quiere más problemas
-Pero Vocky quiere…
-Victoria está bajo la tutela de tío Lovino, cuando vos cumplás la mayoría de edad, te encargarás de ella. Creo que lo hemos discutido un millón de veces, y está perfectamente claro, viste?
Martín quedó mudo, pestañeando atónito
-A veces tu seriedad ocasional me asusta, che
-En fin, te dejo descansar, todos quedaron preocupados por lo que te pasó, ya toda la escuela sabe que "el príncipe de los turros" está agonizando- bromeó riéndose del apodo recién inventado.
-No es para tanto…¿y qué mierda ese nombre, che?- se rió
-Lo mismo les dije, bueno, ya me largo, chau~- se despidió a punto de salir de su habitación -Ah… por cierto-
-¿qué?-
-¿Hiciste algo que molestara al profe?- asomó su cabeza de costado, mirando directamente al rubio sentado en la cama.
-¿por qué lo decís?
-¿notas esa bandita en tu mejilla?
El argentino tocó su pómulo izquierdo y le ardió
-Qué…?- miró interrogante al charrúa
-No fue exactamente producto de la caída, sabes? Por eso te digo si es que hiciste enfadar a "Manu"
-Me…?
-Chau~-
Sin más se fue dejando al otro boquiabierto
-Oye! Oíme pelotudo! Che!
Pero Seba ya había llegado al primer piso, y se había ido a su casa (o quien sabe, quizás a la casa de Luciano, que estaba junto a la de él y su primo).
__
Pasó la tarde viendo la tele, no entendía a Seba ¿a qué se refería exactamente con haber molestado a Manuel?
Ver farándula toda la tarde no ayudaba mucho, con una mueca agotada de tanta fiaca que tenía revisó la hora. Calculó que faltaba casi una hora para que terminaran las clases. Quizás el uruguayo había pedido permiso para llegar tarde, lo conocía y sabía que no se perdería ningún día de escuela.
Entonces, una idea se le vino a la cabeza.
Iría a buscar a Manu, le pediría disculpas -por qué sabe qué le dijo ayer, para que lo golpeara- y aprovecharía de darle un vistazo a cómo iba lo de Victoria.
Sus ojos verdes brillaron, se cambió de ropa, buscando algo decente en la montaña de cosas en el suelo que tenía por closet.
Se miró en el espejo para arreglarse y por primera vez se vislumbró desde ayer. Era un poco penosa su perfil, con la frente cubierta por una venda que envolvía su cabeza por debajo del flequillo rubio, y un cuadrado parche en la mejilla izquierda. Sin más, salió.
Mientras cerraba la puerta con llave sintió que alguien lo llamaba, levantó la mirada y dos casas más allá divisó la sonrisa amistosa de Luciano quien lo saludaba
-Olá, Martín. Supe lo de tu accidente. ¿Você está bem?- le gritó a punto de entrar a su casa.
-Oh, Luciano- le miró extrañado, pues todavía no era hora de salida- Bien, supongo, che ¿por qué ha esta hora por acá, te has arrancado- le cuestionó.
-Am, no, jeje, eu no soy como voce, hoy salimos más temprano por consejo de profesores.
-¡¿Eh?!- lo miró asombrado -No~- se quejó llevándose las manos a la cabeza -¿Y Seba?- notó su ausencia, por lo general, siempre le brasileño y su primo se venían juntos- apartó de inmediato cierto mal pensamiento.
-Se quedó conversando con el profe de práctica, quien sabe por qué…- Martín se fijó en el tono molesto de su amigo.
Pero espera… ¿significa que Manu estaba solo con Seba, y este sabiendo -deduciendo- lo que le pasaba con el chileno?
-Mierda- salió corriendo, llegaría como fuera
-Você no debería correr con esas vendas en la cabeza..- sugirió mientras lo veía con curiosidad.
-No importa, che, tengo que salvar mi posible ligue con cierto pibe- dijo sin pensar, dejando a un confundido brasileño atrás.
--
-Por Maradonna… oh- se detuvo de golpe frente al portón de la escuela, sin aliento y con el corazón en la garganta, descansando sus manos en sus rodillas.
¿En serio había corrido todo ese tramo desde su casa al colegio?.
-Soy un boludo para no haber tomado el autobús- dijo mientras un extremo de venda suelta se deslizaba por su frente y comenzaba a balancearse frente a su vista. Lo sopló entupidamente, antes de comenzar a enrollarla otra vez mientras entraba rápidamente. Aunque de repente un mareo enorme lo azotó, casi derribándolo si no fuera porque se apoyó en una pared.
-Mierda…- Quizás, si debió seguir el consejo del moreno.
-Entonces, entendiste más la idea?- Levantó la mirada ¿esto era magia? A penas reconoció esa voz, sintió el corazón latirle con fuerza, lo que no ayudó mucho a su dolor de cabeza en aumento.
-Si, profe, je, no sé como no me di cuenta antes, che, gracias-
-De nada, y dime Manuel no ma´no me gusta que me hagan sentir tan…- se detuvo al divisar a cierto rubio en el pasillo.
-¿Martín?- cuestionó su acompañante de anteojos- ¿qué no te dije que descansaras, che, qué haces aquí?- su semblante cambió.
-Je, hola, Seba- surcó a penas sus labios en una torpe sonrisa, con expresión adolorida ¡parecía que le iba a explotar la cabeza, carajo! -te vine a buscar, che- mintió -quedamos con un tema pendiente ¿no?- Quería ignorarlo, en serio que sí (aunque ni siquiera sabía el por qué) pero era conciente de cada pequeño movimiento del castaño (sus pequeños gestos, su respiración), aún si este estuviera quieto parado frente al charrúa, con una expresión indescifrable.
-¿A sí?- arqueó una ceja, sin creerle un poco -Bueno, tendrás que irte sin mí entonces,; estoy acompañando a Manuel hasta que termine el consejo de profes…
-No te preocupís, Sebastián, yo puedo esperar a Arthur solo, tú anda no más- dijo algo incómodo.
-¿Arthur?- se le escapó. Así que estaba esperándolo ¿eh?. Por alguna razón, una tonelada de celos lo invadió.

¿Qué es Arthur para vos?

Mierda… Esa pregunta volvió junto con los recuerdos completos de ayer.
"¿Tenés novio?"
-…-
Murió de vergüenza, nada más que decir.
Atinó a apoyar su mano en el hombro de su primo con movimientos robóticos y rojo como un tomate, echando humo.
-¿Eh?- pestañeó confundido Artigas -Che, Martín? Respóndeme, che, eh!- lo zamarreó por los hombros, pero el rubio ya no respondía, no reaccionaba, parecía hasta tener los ojos en espiral.
Era una masa inerte, colorada y humeante…
--
-Martín… oe weón, pesca po!- sintió una voz susurrante.
¿Era joda o deja vu esta boludés?  Fue lo que se preguntó mientras entreabría los ojos con desorientación. Sintió su cabeza apoyada en algo blandito y cálido. Lo primero que enfocó fueron dos ojos oscuros.
-Um… ¿Manu?- pestañeó confundido, mientras se sonrojaba al notar que estaba sobre su muslo.
-Em… si, supongo po- respondió igual de incómodo que él.
-¿dónde estamos, che?- siguió con ese tono bajo.
-En el cole po, si ya se fueron to´os- respondió mirándolo con una ceja en alto.
Martín desvió la mirada adormilada hacia su alrededor, estaban en una banca del patio, junto a un farol que era rodeado por unas cuatas polillas, ya estaba bastante oscuro.
-¿Y él Seba?
-¿vo´no te cansai nunca de preguntar cierto?- sonrió burlón -Fue por unas bebidas a la esquina- dijo simple.
-Hm.. No me cansaría de seguir preguntándote cosas todo el rato- sonrió, inconcientemente acomodando más su cabeza en la pierna del otro.
-¿Tai cómodo weón?- preguntó con burla.
-No te imaginás- le respondió con el mismo tono -che… todavía estoy algo mareado- se quejó cerrando un ojo.
-Eso te pasa por porfia´o. El Seba te dijo que te quedarai en la casa ¿no?- lo miró desde arriba -Te desmayaste por eso mismo, por no descansar.
-Je…sí, supongo- le sonrió nervioso -"si sólo supieras que fue porque colapsé por ti, chilenito"- pensó, para luego agregar: -Ayer, también me salvaste, gracias, che…-le costó decirlo ahora que se acordaba del show que le armó.
-Mm… no te preocupís, si igual.. Ayer me pasé- miró incómodo y sonrojado el parche en su mejilla -Es que te pusiste a hablar weas y yo no andaba de buenas ¿cachai? So… sorry por eso.
-Am… jeje no te preocupes- cerró los ojos sonriendo nervioso- me lo merezco, me golpeé muy fuerte la cabeza, ya ni siquiera me acuerdo que boludeces dije- mintió descaradamente -pero… si hubo algo que te molestó, disculpa, en serio-
-Ja, si dale- se hizo el desentendido.
Un gran silencio se produjo y entonces una duda asaltó al argentino.
-Y vos… ¿no tenías que irt denante? Ósea, el consejo de profes terminó hace que rato…- desvió la mirada incómodo.
-Le dije al Arthur que se fuera no más, total, podemos hablar después… me dio cossa despertarte- también desvió la mirada, ruborizado.
-¿cosa?- cuestionó posando su vista verde en el castaño.
-Sí, porque cuando te desmayaste… bueno… lo primero que atinamos con el Seba fue recostarte acá, me senté pa´ abrocharme las zapatillas y vo´te pegaste como lapa y…
-¿Y?- sonrió al notar el tartamudeo nervioso del otro.
-Y… y si ya te sentí mejor, córrete! Porque ya ni siento la pierna weón!- se quejó.
Jamás iba a decirle que mientras estuvo desmayado lo único que repetía era su nombre como "gil con fiebre". Jamás, que plancha!
--
Fin Capítulo
adaaasadd por fin :iconiloveyouplz:
me demoré más que la.... pero lo subí al fin ;A; al última hora como siempre ñ.ñU
tenía la mitad del capi escrito desde hace como dos semanas, pero recién ayer (viendo el partido de Chile con Paraguay) me puse a escribir como loca (el futbol inspira fuck yea!) siempre cuando estoy ocupa´la inspiración me llega, que lata xDDD
Creo que me salió larguito xD no se ustedes... adasda espero que les guste ;w; :heart:
Creo que Manu todabía no me sale tan tsundere como quiero xD a lo mejor mientras más se conozca con Tincho la cosa cambie ¬w¬
[link] <--Capítulo 2 Capítulo 4 --> [link]
______________
Los personajes pertenecen a la comunidad Latin Hetalia!! :3
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LEAN PRIMERO LA DESCRIPCIÓN *Los apunta con una pistola de agua que tiene jugo... D MANZANA (?*

1_ Blancanieves.
-Espejito, espejito. Quiero que me digas quien es el más sexy de todo el reino…
-Es usted, mi amo- Respondió el espejo.
-Obvio, jeje. Ahora, espejito, espejito. Quiero que me digas quien tiene los ojos más hermosos de todo el reino…
-Es usted, mi amo- Respondió nuevamente el espejo.
-Sí, con estos ojazos… Espejito, espejito. Quiero que me digas quien tiene la cara más linda de todo el reino…
-…
-¿Espejito? Jodeme que acá no agarra señal…- El rubio zamarreo el espejo mágico con el seño fruncido.
-¡H-hey! Lamento informarle que no es usted, mi amo.
-¿Qué? ¿Ahora andas mal?
El espejo suspiro. Sabía que este día llegaría.
-Es un chico llamado Manuel que vive en una cabaña en el bosque del reino junto con siete duendes.
-¿Es joda? ¿Hay alguien con una carita más linda, más tierna y dulce que la mía?
-Sí.
Martín Hernández, mejor conocido como el Rey Sexy del Groso Reino, pensaba eliminar cualquier persona que pudiera sacarle el trono como Rey Sexy y ese tal Manuel no era la excepción.

2_Cenicienta.
Antonio era malo con Manuel. Decía que tenía que ordenar la casa antes de divertirse pero por más que pusiera todo su empeño en ello no lo lograría jamás; no si sus hermanastros, Feliciano y Lovino, vivían haciendo desastres a cada paso que daban. Eran caprichosos y molestos y si los insultaba o se quejaba, Antonio le pegaba.
Antonio amaba a sus dos hijos con el alma y Manuel los odiaba en parte por eso mismo. Ellos tenían amor. Él no.
Barrio las pisadas de barro que habían traído sus hermanastros por haber estado jugando en el patio, mientras él se había quedaba limpiando.
-¡Carteeeero!
Manuel abrió la puerta y recogió las cartas.
Propaganda, propaganda, propaganda, factura, propaganda… ¿Invitación?
"Se invita a todos los seres humanos a la más grande fiesta pogo electrónica hecha por cualquier persona en la historia. También hay concursos; El primero es de mascaras flasheras y el otro es de cosplay. Cuanta más gente, mejor. Esta noche en el gran castillo, diez de la noche. ¡Hasta las ocho de la mañana no paramos! Con cariño, su rey Martín."
-¿Fiesta?- Manuel sonrió levemente. Decía que estaban invitados todos. El podía ir, ¿Cierto?
-¿Y eso?- Pregunto Feliciano sacándole la carta de la mano.
-¡Dejame ver!- Le grito Lovino.
La carta termino en manos de Antonio.
-¿Seres humanos? Joder, es discriminación hacia los aliens y los animales… pero me mola, parece divertido ¿Ustedes que pensáis?
-Si hay pasta, vamos- Dijo Feliciano.
-Entonces está decidido…
-¿Yo… puedo ir?- Pregunto Manuel tímidamente.
-No seas tonto. Claro que no. Lovi, Feli, vayan a prepararse que faltan un par de horas nada más. Manu, volveré a las doce y media o a la una para asegurarme que hayas terminado de limpiar la casa y entonces regresare a la fiesta otra vez.
¿Doce y media? Si Manuel usaba mascara o cosplay podía ir a la fiesta mientras volviera a las doce…

3_ La bella durmiente.
Martín vivía con miedo.
Sus padres ya lo habían olvidado, todos lo habían hecho. Menos él.
Recordó su decimo cumpleaños, una fiesta a la cual fue todo el reino. Era la fiesta del príncipe, todos tenían que estar presentes ¿No?
Invitaron a todos, hasta a las criaturas del reino mágico (quienes todavía vivirían si no hubieran sido masacrados tres años más tarde. Eso les pasa a los que roban la sagrada papa frita). Invitaron a todos menos al hada de la isla llamada Inglaterra porque al príncipe le daba miedo. De todas formas, se presento sin invitación, maldiciéndolo. Martín negó con la cabeza, seguramente porque no podía ser tan aterrador como lo recordaba… ya que dudaba bastante que realmente lo hubiera maldecido un hada macho con cejotas y vestido de tutu rosa y varita que soltaba brillitos. Pero él sabía que fue real.
Le recorrió un  escalofrío por la espalda.
"Maldigo tu vida.- Dijo esa noche el "hada", quien se había puesto una coronita hecha de papel en la cabeza- Dentro de diez años caerás en un sueño profundo y dormirás por siempre… por siempre… por siempre… por siempre… por siempre… por siempre…"
-Por siempre…- Susurro el príncipe. Hoy era su cumpleaños número veinte y lo único que quería era encerrarse en su cuarto a jugar a la play hasta dentro de diez años más.
-Y pensar que podría pasar diez años jugando al Pes2012…- Suspiro con miedo a lo que podía venir…

4_ Peter Pan.
-¡Cuéntanos otra vez la historia!- Grito Migue acurrucado junto a Julio.
Manuel sonrió. Sus hermanos eran adorables.
-Okey. Ahí estaba, el capitán garfio y sus secuaces, aterrorizando a todos… ¿Y quién lleg-?
-¡Peter Chori-pan!- Gritaron los dos niños.
-Si poh, el mismo. Y agarro su espada y…- Algo le llamo la atención y pego un corto grito de sorpresa.
-CONCHETUMARE.
-Segui, me gusta que la gente hable de mi grosasidad- Dijo un tipo rubio y de ojos verdes, vestido con un traje al estilo de los animadores de fiesta que son pobres.
-¡MAMAAAAA! ¡ENTRO UN PSICOPATA A LA CASA!- Grito Manuel histérico, Julio llorando y Miguel con lagrimitas a punto de salir de sus ojos.
-No seas boludo, soy Peter chori-pan, ¿No te diste cuenta?
-¡MAMAAAAAAAAAA! POR QUE NO LLAMAI A LA POL- "Peter chori-pan" le tapo la boca.
-¿Qué haces? Pero vos sos loco eh… Te quería llevar al País de jamás nunca, donde los pibes no crecen…
-Además de psicópata estai drogado, ¡Migue, Julio, corran!
Los chicos le hicieron caso a su hermano mayor, levantándose torpemente del suelo y largándose a correr. El rubio se puso la palma en la cara, suspirando.
-Ya me acorde por qué no visito tan seguido la tierra… Dale flaco, veni que te llevo al país de jamás nunca…
-¡TAMBIEN ES VIOLADOOOOR, AYUDAAA!
-Me cago en la puta madre- Se acerco dulcemente y le dio un cabezazo y el chileno se desmayo. Lo arrastro hasta la ventana y salieron volando…
HEEEY, LEAN ACA PRIMERO (?
Hola :3
Les explico (?
Estos vendrian a ser 4 principios de cuentos basados en las peliculas de Disney (basados nomas e.é) y quiero hacer como una votacion para ver cual quieren que continue.
Son AU, en un reino magico pero bastante actual.
La votacion se cierra cuando publique el siguiente capitulo de mi fic de ArgChi (probablemente el ultimo cap) y el cuento que gane va a ser publicado completo hemmm... cuando lo termine (? pongale una semana despues.
Espero que les guste y se caguen de risa tanto como yo al escribirlo x'D les juro que me sentia anormal escribiendo esto...
Perdonenme, yo se que esto es muy bizarro y desearia ver sus caras de WTF xDDDDD a veces... *suspira* no se que estoy haciendo con mi vida (? se me safa un tornillo :P
PD: Yo no me decido cual me gustaria continuar... Creo que el de Cenicienta o el de Peter pan, pero con sinceridad me copan todos jajaja.
Dejen en el comentario su voto, los voy a ir anotando :D

Personajes:
(Son varios asi que lo voy a resumir e.e)
Martin, Manuel, Miguel y Julio pertenecen a Rowein.
Arthur, Antonio, Loveno y Feliciano pertenecen a Hidekaz Himaruya.
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-¿Por qué seguí' molestando?
Manuel frenó en seco girándose sobre sus pasos encarando al mayor con el ceño fruncido.
-¿En qué te molesta mi divina presencia?
El rubio se defendió enarcando las cejas deteniéndose también.
-Harto po. ¿Por qué creí' que te pregunto? ¡Me sigues a todas partes! ¿Te creí' perro o que wea?
El castaño bufó hostigado por la persistencia de aquel egocéntrico argentino que insistía en que eran "el uno para el otro".
-Los novios van para todas partes juntos- Martín dijo inocente y calmado.
-¡Por enésima y pico vez. No soy tu pololo!-
-¿Ah, no, Manu? ¿Y qué me decís de los besitos y todo?- se cruzó de brazos mirándolo con reproche mientras alzaba la voz para llamar la atención de la gente que pasaba por allí -No decías eso mientras garch….
Manuel se sintió enrojecer hasta las orejas, histérico e inundado por las ganas de matar a ese argentino, se abalanzó a taparle la boca.
-¡Por la puta! ¡Ahora todos van a pensar que soy fleto y que más encima vo' soi mi pareja, aghh!
-Pero si eso somos, amor- sonrió con malicia, divertido por las reacciones del chileno, le gustaba molestarlo.
-Sólo…- lo apuntó con un dedo, dispuesto a insultarlo, mas decidió callar y ahorrarse guerra- Sólo quiero comprar tranquilo, weón. ¿No me dejas ni ir al quiosco solo?- lo miró casi implorándole que lo dejara en paz, con la vaga esperanza de que Martín accediera.
-No. Yo también iba a comprar- pasó sonriendo por el lado de Manuel, y este sólo lo miró con odio.
-Andai' maricón ¿ah?-
Lo siguió manteniendo la distancia hasta llegar al negocio, con esa necesidad típica y adicta chilena de masticar un chicle, en lo posible de menta, cuanto antes.
-¿Qué vas a comprar?-
-¿Qué te importa?- ignoró el mohín infantil del rubio y se acercó donde el señor que atendía.
-¿Tío, me da un chicle?-
A penas el caballero se volteó en busca de los dulces, Martín leyó algo que le llamó la atención.
-¡Oh, Groso como yo! ¿Pero por qué está escrito con dos "s"?- arqueó una ceja.
-Es una marca de chicle, aweonao- Manuel lo miró feo mientras escogía el de menta.
-Y elegís el verde, apuesto a que te acordás de mis bellos ojos con ese color- se le acercó coqueto y el señor sólo se rió pensando que eran de esos amigos que siempre se hacían ese tipo de bromas, pero Manuel no se lo tomó así y sonrojado le pegó al rubio en la frente para alejarlo.
-Auch- Ya un poco lejos del quiosco y el chileno ensimismado en sacarle el molesto envoltorio al chicle, Martín rompió el silencio.
-¿Me vas a dar?-
-¿Ah? Nica- Manuel abrió la boca rápido para poder disfrutar su dulce sin tener que compartirlo, pero sólo alcanzó a sostenerlo entre los labios cuando Martín lo sostuvo de la nuca y simuló un beso para poder robarle la goma de mascar.
-Conchetumare- El castaño pestañeó ruborizado y en shock, frunció el ceño humillado- ¡Weón, era mi chicle!
-Vení y recupéralo- le enseñó la golosina entre los dientes en una amplia sonrisa- ¿O te da miedo, chileno?- movió las cejas desafiante.
Entre llamar "Manu" y "chileno" a Manuel había una gran diferencia, y era que con el último, Martín siempre lograba que aceptara sus retos. Así que el castaño en vez de regresar a comprar otro, no dudó en pararse de puntitas y arrancar la mitad sobresaliente del chicle entre los labios del rubio fugazmente, quien aprovechó de robarle un beso.
-Voy a tomar en cuenta que te gustan los "grossos" para la próxima- le guiñó un ojo mientras hacía un globo.
-Gil- se alejó con el ceño fruncido masticando con fuerza, aunque en el fondo agradado por el sabor a menta en los labios de Martín.
Fin.
Una tontera que se me ocurrió xD
Estaba en el quiosco de mi cole y siempre jodo con una amiga por esos chicles. Para alguien que no sepa, acá en Chile hay unas gomas de mascar que se llaman "Grosso" :3 y que le decimos a toda la gente adulta "tía o tío" en vez de señor o señora xD
eso po :'3

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La marca del chicle no me pertenece(?)
Martín y Manuel de :iconrowein:
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