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All Deviations
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IV




- ¿Será que es demasiado tarde para comenzar a vivir una vez más? – preguntará Helena viendo los ojos verdes de Miguel que parecen atravesarle la mente como un par de dagas de esmeralda.
- Uno tiene oportunidad de vivir hasta que ya no pueda respirar, si no lo hacemos es por mero capricho de uno – comentará Miguel haciendo gala de sus pensamientos y de esas palabras que pocas veces se anima a decir frente a todo mundo por temor a no ser comprendido del todo.
- Tienes razón, Miguel. Me gusta escuchar las respuestas de las personas a quienes les hago esa pregunta que por veces parece muy deprimente e incluso patética para los que creen que viven la vida al máximo y lo único que en verdad hacen es ir a fiestas, beber y tener sexo. Todo eso se puede hacer de forma responsable y artística – Helena dirá convencida.
- ¿Y cómo se puede hacer eso? No es que yo lo haga… - dirá Laura un poco temerosa, sabiendo que con una palabra podrá revelarle a Helena que gusta de la cerveza, o imagina cómo será eso de hacer el amor con una persona toda la vida si es que se mantiene fiel.
- No soy muy aficionada a las fiestas, pero sí a celebrar. Quién dijo que la vida no puede ser una fiesta perpetua en la que podemos disfrutar de todo: fiestas, alcohol, sexo y muchas otras cosas más. Lo difícil es hacer un arte de todo eso. En cuanto a las fiestas, que las disfruten los que amen eso de estar reunidos con todo mundo hablando de todo un poco y de nada a la vez con el simple pretexto de pasar un buen rato en el cual no es necesario poner la música popular a todo el volumen para incomodar a los vecinos que quieren dormir.
Helena caerá en ese instante en el abismo de sus recuerdos, de lo vivido que en este día tal vez no sea del todo conveniente recordar. Hablar de si fue otoño o invierno resultaría intrascendente, pues ella lo recuerda como un día sin más adornos que la fecha, no la estación o el clima. Sólo ve la noche constelada que es cubierta por las grandes nubes que se alzan en el cielo dando ese aspecto contaminado que opaca la visión que el universo otorgaba a la Tierra aquella noche. Tranquila y taciturna, la oscuridad se escurría entre los cabellos castaños de Helena que el casi imperceptible viento se encargaba de llevar en un pequeño vaivén.
Lo siguiente que Helena verá será el árbol que frente a ella le susurraba en palabras mudas (como las que ella disfrutaba) poesías que por años gustó de recitar en el silencio o para más gente que disfrutara del alma bohemia de ella. Recordará que estaba en el balcón apreciando una noche citadina que a causa de los automóviles que pasaban a poca velocidad por estar dentro de una zona residencial bastante decente, no resultaba del todo romántica o el escenario perfecto del poeta maldito. Sabrá de inmediato que no estaba sola, sino que detrás de ella se encontraba al que ella comenzó a llamar el hombre silencioso.
- Ya me tiene harto el ruido de la fiesta que tiene la Gaby al lado – rompió su silencio al decirte esas palabras.
- Sí, a mí también, Damián, pero qué se le va a hacer.
- Yo qué sé, llama a vigilancia o algo por el estilo. Para algo están las reglas, que parecen no existir en verdad.
- Los demás sí las respetan, Gaby no porque es la clásica nueva rica que por haber ganado la lotería se pudo instalar en este lugar.
Recordará también que en ese momento Damián comenzó a caminar hacia Helena para después tomarla por la cintura estando él detrás de ella. Sentirá nuevamente que la música de la fiesta organizada por los vecinos se difumina poco a poco entre la infinidad, como si fuera absorbida por un agujero negro sin posibilidad alguna de regresar a la realidad. Damián reconoció ese aroma fresco que el cabello de Helena emanaba.
- Me gusta que te laves el cabello con el shampoo de menta, te dije que sería una buena compra.
- Se siente como si estuvieras masticando un chicle de mentol con el cabello.
- ¿Te gusta mirar al pasado, Helena? – y entonces se sentirá desconcertada como aquella vez que el tema se cambió de manera tan abrupta.
- ¿Qué tiene que ver eso con la menta y el control de la orzuela?
- Estabas viendo las estrellas como añorando algo. Uno que es científico, sobre todo astrónomo, ve a las estrellas desde dos puntos de vista: el estricto y el artístico. No sólo los poemas tienen arte y métrica, las estrellas también, sólo que ellas se leen con el lenguaje más puro que tenemos, las matemáticas. Presiento que por ser tan puro es de tan poco agrado a los que tienen la mente turbia.
- Como tantos…
- Estrictamente hablando, allá, donde ves esos luceros que para muchos son el romanticismo hecho luz en el cielo, hay más caos y muerte que en toda esta tierra. En las estrellas ocurren fusiones de átomos que se transforman en una cantidad inmensa de energía; y toda esa catástrofe que ocurre en el núcleo de una estrella, producto del helio por sólo nombrar un elemento, deriva en la luz que muchos enamorados ven recostados en el pasto. Cuando uno está al lado de la persona que se ama, no se está pensando en la fusión de los átomos, en el desprendimiento tan brutal de energía, uno más bien ve los poéticos destellos de esa catástrofe maravillosa. Incluso uno puede ver una estrella que ya murió y nosotros la seguimos viendo viva como lo estuvo hasta sus últimos momentos.
- Por eso es que nuestro presente es una gran fiesta, no como el molesto ruido que tenemos a un lado: podemos ver lo que ya está muerto mientras nosotros estamos vivos. Si se hace un esfuerzo es fácil sacarle poesía a las matemáticas y a las explicaciones físico-químicas-astronómicas de las estrellas. Para eso estoy yo. Mejor vamos adentro y celebremos con un poco de vino y otras cosas más  interesantes…
Justo entonces la noche se perdió en el cabello de Helena, y su figura al lado de la sombra del silencio, quienes desfilaron por el corredor.



Dejarás esa carta sobre el diván y darás los suficientes pasos para abandonar esa habitación. Pasarás frente al espejo, pero esta vez no te atraerá, sino que habrá de repelerte como si se tratara de un imán dispuesto en una mala posición. No te darás cuenta ni de cómo ni de cuándo lograste salir del corredor para ir nuevamente directo a la sala en donde se encuentran esas personas tan molestas. Caminarás hacia ellos con un gesto pensado para dar pena o incluso lástima que no lograrán descifrar del todo. Te verán con ojos de incredulidad, como si el que se acerca fuera un extraño con el cual nunca han cruzado ni siquiera un trozo de su respiración.
- Perdón por arruinar la reunión, a mí también me hubiera gustado celebrar con ustedes mi regreso a esta casa, pero recibí una llamada en la cual me notificaron de una emergencia, nada grave, pero que tengo que atender, y no quisiera ser descortés con ustedes que tan amablemente vinieron a recibirme – dices sabiendo de antemano que todo eso es una mentira que fraguaste en pocos segundos.
- Al contrario, no hay ningún problema – dirá Gabriela, la Gaby para los vecinos y conocidos – si te podemos ayudar en algo no dudes en decirnos. Si quieres hasta te regamos tus flores.
- ¡No! Para eso está Pedro… Los acompaño a la puerta.
Y así lo haces con paso rápido y efectivo para que ellos se retiren lo más pronto posible de la casa que quieres tener para ti solo. Antes de darte cuenta los vecinos ya se encuentran fuera de ese jardín que pareció reverdecer más en cuestión de unos cuantos minutos. Entras nuevamente a la casa y ves cómo Pedro sigue inamovible en la mesa bebiendo el coñac que compraste hace años en la provincia de Cognac, Francia. Te acercas a él y te sientas a su lado mientras que tomas una copa especial para beber ese destilado; colocas un poco del licor dentro de la copa y puedes ver las formas que se dibujan al ser agitado un poco el coñac; aprecias con cierta melancolía los tonos que se desprenden de él.
- ¿Por qué los echó de la casa, patrón? Se me hace que no tenía ningún pendiente y nomás quería sacarlos para que no se tomaran su coñac.
- Me conoces bien, dentro de lo que he dejado que me conozcas. Pero creo que ya tengo suficiente de mis locuras por esta hora. Ha sido una de las horas más intensas de mi vida, y eso que lo único que he hecho es regresar a esta casa, abrir el coñac que dije que no iba a abrir, dejarme llevar por los traumas de ese pasillo, encontrar pasiones en la biblioteca, y echar a los vecinos que me tenían harto. Pero mejor dime, ¿te ha pasado algo interesante en el día, en tu vida, algo que necesites decirle a alguien a causa del alcohol que estás metiendo en tu organismo?
- Todo bien, señor. Ya sabe, uno acá con sus problemas de todos los días. Yo no soy tan rico como usted, y pues tenemos que trabajar más para traer el pan a la mesa. Lo bueno es que mi mujer tiene acceso a esas pensiones que da el gobierno de la capital.
- Es lo malo, más bien. Eso lo hacen sólo para tener a los pobres más o menos bien alimentados, pero pobres al fin y al cabo. Si se hiciera menos populismo y más gobierno tal vez tú no estarías diciendo eso y no necesitarías la ayuda que te da el gobierno de la ciudad.
- Pues yo no entiendo de política, sólo sé cómo podar árboles.
- ¿Y tu tío?
- Sigue en el hospital para locos, ahorita está en la casa para que se adapte a la sociedad, o eso dijeron los doctores. Ya ve que dice que pudo encontrarle la verdad al tiempo o qué sé yo. Si para eso están los relojes.
- No son tan precisos como uno cree. El tiempo, decía Einstein, es completamente relativo, o sea que no es el mismo para todos.
- ¿El del cabello loco?
- Ése mismo.
Recuerdas al tan citado tío que, más allá de un paradigma de lo real maravilloso, era un loco convencido de su locura. Tratas de evocar su imagen: ese ser que no fue favorecido por la belleza, de piel morena clara y un cabello que ondeaba de manera rebelde e incluso incongruente. Siempre dijiste que parecía más viejo de lo que en realidad lo era, tal vez debido a esa barba que comenzaba a tener vetas de color plateado que contrastaban con el negro que cubría otras zonas. A veces cuando ves el espejo logras traer a su infinidad el rostro de ese hombre que parece estar atrapado entre la nada y el todo como si se tratase de una fuerza que es difícil de explicar, llena de misterio y fantasmas dentro y alrededor de él.
- Ramón, nunca me gustó llamarme así, suena muy fuerte, como de macho, como de hombre que tiene a dos mujeres a los lados mientras que camina por la calle, de esos que tienen su amante y la esposa le perdona las infidelidades – así se presentaba el tío de Pedro –. Solamente que yo no puedo mantener a una mujer a mi lado por más de cinco minutos porque prefiere irse con otro hombre.
- Mucho gusto – dijiste por mera cortesía ante tan extraña presentación.
Ese día habías ido al lado de Helena a la casa de Pedro por una invitación suya como parte del agradecimiento que el fiel jardinero le tenía a los sustanciosos pesos que le pagabas por mantener ese jardín en buen estado. De humilde tenía demasiado la casa: ese  hogar de gente con poco dinero donde la esposa se encuentra cocinando o viendo el drama de alguna actriz. Por alguna razón te sentiste oprimido en el momento en que decidiste entrar a ese lugar lleno de humedad y descuidos propios de los años de tediosa ocupación. Recuerdas que te sentaste en uno de esos sillones derruidos que se extendían a lo largo de la sala. No hubo aperitivos, sólo un par de cervezas claras que tuviste que tomar por más obligación moral que por gusto, ya que despierta más pasión en ti una fermentación de la cebada mucho más oscura, como si se tratara de otra de tus infinitas noches. Intentas traer a tu memoria lo que pudo o no pasar en ese tiempo, pero te ves perdido en una bruma que no deja ver que no hubo nada trascendente que merezca ser recordado hasta el momento en que tuvieron que pasar a la mesa para comenzar a comer ese arroz blanco bastante insípido y el pollo rostizado al cual le faltaba la sazón a la que estabas acostumbrado. No había en el platillo ninguna clase de especias, ni siquiera pimienta para realzar el sabor. Pero más que al pollo veías más al tío de Pedro que comía con notoria apatía, como sabiendo de antemano que la comida era pésima, que no aportaría nada a su endeble cuerpo que parecía enfermo y desgastado por el paso de los años y de la vida.
- ¿Eres físico, Damián? – habría de preguntarte ese ser enigmático.
- Sí, y actualmente estoy especializándome en astronomía – respondiste después del asombro que por alguna razón te provocó aquella pregunta.
- Interesante la paradoja de Schrödinger.
- ¿Sabe usted de eso? – le contestaste sin poder creer que él te nombrara aquel experimento imaginario que se creó en el campo de la mecánica cuántica.
- Soy pobre, pero no pendejo. Y si supiera más matemáticas podría definir el tiempo en una manera bastante más formal porque yo estoy seguro de haberlo descubierto en su esencia más pura, sólo que no sé cómo explicarlo sin un modelo que pueda ser interpretado.
- ¿Cuál es su hipótesis? – preguntaste con incredulidad e intriga a la vez.
- Que el tiempo no existe, así de simple. Lo que contamos con los relojes es un capricho. Pero el no existir hace que se vuelva tan real como el pollo tan feo que estamos comiendo.
Nunca supiste en qué momento comenzó a caer la noche bajo el techo gastado de la modesta casa de la familia de Pedro, pero sí supiste de todo lo que debatiste con aquel tío tan fuera de lo común. Te pareció por un momento que su hipótesis era verdadera: no notaste el paso del tiempo como ahora lo haces. Tomar la copa de coñac parece un acto que dura toda una eternidad comparada a la brevedad del tiempo que le toma al líquido llegar a tu garganta. Platicar de la física y su relación el tiempo fue como no haber vivido el tiempo, como si se dejase a un lado para que fuera absorbido por otro agujero negro.
- Después de ese día que vinieron a la casa y que usted se la pasara hablando con Ramón, el tío se volvió más loco de lo que ya era. Si supiera todo lo que tuvimos que pasar. Se empeñó en esa cosa del tiempo: que si no existía, que si mi reloj era una mentira andando, que si daba igual que llegara del trabajo en la tarde o en la noche, que si era lo mismo comer o no comer porque el cuerpo entrenado no sabe del tiempo, y qué sé yo qué tanto decía sobre eso que ustedes platicaron y yo nunca entendí, que si el gato en la caja, que los gemelos, que la pelota de golf, que el pollo no tenía polvitos que a usted le gustan.
Más que un reclamo te parece una frustración que Pedro no puede superar, un estado que lo aleja de la jovialidad que normalmente es parte importante de su esencia. En este momento te llega a doler, pues recuerdas que tras esa noche el tío consiguió tu número telefónico, el cual marcó un sinnúmero de veces para explicarte su teoría, su filosofía, su vida, su todo. Supiste antes que nadie que él había estado casado con una mujer de nombre Martha, que ella lo engañó tantas veces como estrellas tiene el firmamento y que él lo perdonó todo porque seguía queriendo establecerse con alguien definitivamente, más que por amor, por traumas ocasionados por personas que le dijeron que jamás podría estar con una mujer. No te importó. No te importó tampoco que en breve tiempo su obsesión por la demostración del mismo tiempo que pasaba de manera inclemente sobre él se transformara en una enfermedad que catalogaron como un simple delirio que podía ser reprimido con grandes dosis de fármacos. No te importó la locura que se volvía como una tormenta eléctrica en su mente. No te importó su demostración. Pero sí te importó ese día en que a Helena y a ti les dijo que consiguieran algo que sellara la eternidad con un reflejo. Te importó que tal vez tú fueras el culpable de la demencia. Te importó que la demencia no te atacara a ti. Y te importó e importa que ese espejo sea producto de la misma demencia.
- Hace unos días nos dijeron que tenía esa enfermedad alemana, la que hace que se te olvide hasta cómo ir al baño – te dice.
- Alzheimer… Supongo que eso hará que se le olvide su obsesión al precio de no recordar ni sus olvidos. ¿Sigue en el psiquiátrico?
- Le dieron unas vacaciones. La verdad es que tiene temporadas, luego los doctores dicen que ya está bien, luego que está mal, luego que más o menos. Quién sabe. Ahorita está en la casa, aunque se queja mucho. Parece que está bien, pero después sale con sus locuras. Yo digo, patrón, que a los locos hay que tenerlos encerrados para siempre, los locos nunca aprenden a vivir como uno, así, normal.
Te parece que en las palabras de Pedro hay un cierto dejo de ira, de reproche ante su tío quien se debate entre la realidad y su realidad. Todo, según crees, a causa de tu imprudente plática sobre la relatividad y la percepción del tiempo. Hubiese sido mejor decir que al pollo le faltaba sal.
- ¿Le podré llamar? – preguntas a Pedro, quien se toma de un solo trago el resto del coñac.
- Pues ahí vea usted, patrón. Llámele, no creo que se ponga peor, y si lo hace lo mandamos de vuelta al loquero, no nos hace mucha falta. Pero eso sí, no vaya a la casa, ya sabe por qué. Yo lo estimo, pero ya ve cómo es la familia desde que hizo lo que hizo con Ramón.
- Ya no me reproches, Pedro… Yo también pago el precio. Lo bueno es que él va a olvidarlo todo y se morirá como el día en que nació: sabiendo a penas cómo sobrevivir, necesitado de ayuda.
A pesar de tu repudio por los teléfonos celulares, tomas el tuyo y buscas el número de la casa de Pedro. Esperas con ansias mientras que esos repiques molestos resuenan en tus oídos que preferirían estar escuchando una sinfonía de Berlioz o de algún himno del hard rock, de esos que Queen interpretaba con singular maestría. Luego de las insulsas palabras de siempre, absorto en la rapsodia bohemia, comienzas a escuchar la gastada voz de ese al que llaman loco, al que no comprenden, al que ni él sabe que es él.
- Ramón…
- Ya me dijeron que tengo Alzheimer, Damián. Aún así me voy a acordar que el tiempo no existe. Los que no saben nada tampoco saben que el tiempo existe, y por lo tanto no existe.
- Perdón…
- Gracias.
- Ramón…
- Ni lo menciones, Damián. Ya te mandé una carta con mi demostración. Le dije a Pedro que te la diera, y él me dijo que como yo ya ni me iba a acordar de lo que decía, sería mejor que tú demostraras esto para que te dieran tu Oscar en física.
- Adiós, Ramón.
- Adiós, Damián.
Después de eso Pedro sacó de uno de sus bolsillos un arrugado sobre el cual contiene, según las palabras de su tío, esa demostración que por tanto tiempo (paradójicamente) buscó y que por fin había logrado. La ves con cierto temor y la tomas sin decir palabra alguna. Al parecer el silencio vuelve a hablar por ti, sólo que esta vez el misterio de la carta devora incluso las palabras que no has llegado a pensar. Te levantas, como si estuvieras siendo manipulado por alguna fuerza inexorable, y comienzas a emprender el viaje a otro lugar que debes visitar: la habitación en donde alguna vez dormiste, en la que tus palabras silenciosas se hicieron presentes en la pluma de una brillante escritora. Y sin que lo notes, ignorado y perdido en sí mismo, lejos de la jovialidad de tiempo atrás, Pedro deja la silla vacía de él y llena de melancolía de esos días en que Ramón quiso ayudarlo a estudiar algo de la escuela. No lo sabes, ni lo sabrás. Tu objetivo es egoísta y difícil. El espejo no deja de mirarte y entras a la habitación que se sitúa a la izquierda del fondo del corredor.


- Los voy a tener que dejar solos – comentará de súbito Helena, quien siente en la mente que se le está haciendo tarde. Tal vez tarde para vivir…
- Aunque no nos dijo sobre la celebración y el arte de la bebida y del sexo – dirá Laura con cierta decepción.
- No te preocupes, eso llega a su tiempo. Se siente muy bien – Helena sonreirá con esas palabras.
Recordará entonces que luego de borrar de su atención la fiesta de los vecinos, fue con su hombre silencioso en busca de una botella de vino y un par de copas, las cuales fueron llevadas después a la cocina. Traerá a su memoria el momento en que comenzaron a sonar los sartenes chocar contra el metal de la estufa, la estridencia de ese sonido que le prepara al fuego un terreno pleno y único. Después la comida comenzó a salir en su forma más primaria para que ésta, en un futuro, descompusiera su forma y se transmutara en una materia distinta.
- Astrónomo, sorpréndeme con algo. Tengo hambre y ganas de engordar.
- Eres la primera mujer que ha osado decir eso… y me encanta - contestó complacido con esa orden de Helena –. Sirve el vino y yo invento algo. El vino debe respirar, es como una persona: necesita oxígeno, pero más del debido lo destruye.
Les dará la espalda sin decir más que un adiós. Laura y Miguel quedarán en el sitio en que el día decidió darles una charla fuera de lo usual. Volverán a sentarse, ahora en la mesa que dejó libre Helena tras su partida, con esos recuerdos de las estrellas y el vino.
- ¿Por qué tan intrigada? – habrá de preguntar él.
- Adolescencia, supongo – se apresurará a contestar con el pensamiento de lo prohibido, de la tierna lascivia cuyo único pecado es no dejar expresar palabras sinceras: quiero saber qué se siente hacer el amor.
- Cuando cumpla los dieciocho te compro una botella de vino para ti sola.
- Rosado, me gusta su color – (¿Lo sabré, Miguel?)

A veces quisiera olvidar lo que no he vivido. Las cosas que he experimentado ahí se quedan, puedo borrarlas de mi piel o dejarlas marcadas.

- Te dejó pensando esa mujer, Miguel – (Dímelo…)
- Me quedé pensando en ella –  (Helena, Helena…)

Otras veces se me antoja tomar un puñado de mi esencia y dejarla plasmada en lo que no soy, para así tal vez llegar a ser un poco lo que quiero.

- ¿No es muy grande para ti? – (Porque no me enseñaron cómo se vive)
- No seas celosa, Laura…  – (Porque Helena está enamorada)

Algunas más, quisiera que mi alma pudiera ser catada como si se tratara de un vino, para encontrar en ella sus componentes más perfectos que normalmente se quedan ocultos tras la profundidad de lo que muestro.

- Tenía bonitos ojos – (Mírame…)
- Yo también tengo los ojos verdes y a ti te gustan – (Herencia, dice mi padre)

Pero no puedo hacer otra cosa que dejarte estas letras, que son todos los intentos de coleccionar mis deseos escritos en prosa poética. Quizá un día te diré que me detengas para que frene mis impulsos literarios, para que vuelva a mis estados primigenios, al estado en que me deja ese reflejo.

- No queda más que volver al corredor… - dirá Helena con un suspiro - … y ver tu silencio en el espejo.
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Author's Comments

Cuarta parte de esta romántica y melancólica historia. Al menos ése es el sentimiento que llega a mí cuando la escribo o la leo. A reserva de lo que puedan pensar muchos, me gusta mucho este capítulo.

Imagen hecha por :icongrety: a quien por fin logré convencer de que subiera los dibujos que ha estado haciendo para esta historia a su galería, así que no duden en visitarla y darle los favs que se merece. Éste, obviamente, es Damián en su modo etílico.
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Devious Comments

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~Grety:iconGrety: Aug 2, 2007, 9:00:59 PM
Más melancolía. Más tristeza. La historia se sigue desplazando con el hilo del romanticismo. En este capítulo me gustó la historia del Tío loco. Yo diría que no está loco, sólo que vive su realidad, como bien lo mencionas. Podría concordar muy bien con la hipótesis del tío : el tiempo simplemente no existe.

Esas teorías e hipótesis del tiempo son muy interesantes. Espero que en el próximo capítulo se de algo más de eso, y que ,por supuesto, se muestre el contenido de la carta.

Me encanta que Damian sea un astrónomo y que de vez en cuando explique maravillas estelares, que describa y cuente sobre la inmensidad de aquel universo más allá de las nubes. Eso me encanta también.

Y también me encanta que Helena sea tan cursi...

Bueno, en sí, la novela es cursi. Pero Helena le da el toque magistral con sus grandes pensamientos y sus cartas al hombre silencioso.

Me gustó mucho esta parte:

"Algunas más, quisiera que mi alma pudiera ser catada como si se tratara de un vino, para encontrar en ella sus componentes más perfectos que normalmente se quedan ocultos tras la profundidad de lo que muestro."

Perfecto deseo.
~Isyesa:iconIsyesa: Aug 3, 2007, 8:13:31 AM
Para resaltar la idea del Tio.Esta frase me agrado, ya sabrás porqué...

"Aún así me voy a acordar que el tiempo no existe. Los que no saben nada tampoco saben que el tiempo existe, y por lo tanto no existe."

Además apoyo la moción de Grecia, esa frase es el deseo perfecto.

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"El final de una meta, es el principio de otra aún más fuerte"
" They want to see me down on my wounded knee...but the spirit will be free..."
~Shion-de-KoRn:iconShion-de-KoRn: Aug 3, 2007, 1:24:29 PM
Tenes sin duda un talento para entristecer la historia y hacer sentir al lector con la misma melancolia clasica que te viene caracterizando.

Hola Krisito ^_^, tiempo sin veros.

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What is there to think of myself?
When obscure thoughts drift my mind...
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~Cronosmu:iconCronosmu: Aug 7, 2007, 4:40:09 PM
¿Y sí leíste las otras partes o nomás ésta?

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"Isn't poetry one of the biggest gifts to forget our daily live of sorrow?" - Tobias Sammet.

"Tu materia es el tiempo, el incesante tiempo. Eres cada solitario instante" - Borges.
~Cronosmu:iconCronosmu: Aug 7, 2007, 4:41:06 PM
Sabía que ese tío loco te iba a caer bien. ^^

Y la verdad es que apoyo su idea.

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"Isn't poetry one of the biggest gifts to forget our daily live of sorrow?" - Tobias Sammet.

"Tu materia es el tiempo, el incesante tiempo. Eres cada solitario instante" - Borges.
~Cronosmu:iconCronosmu: Aug 7, 2007, 4:44:38 PM
El tío loco es groso, y no lo digo porque sea un personaje mío. Simplemente me gusta cómo piensa. Y mira que le di ese papel a un proletario, así que no soy tan neoliberal y comeniños. ^^

Por cierto, tu alma que sea de leche, el vino es demasiado perverso para ti.

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"Isn't poetry one of the biggest gifts to forget our daily live of sorrow?" - Tobias Sammet.

"Tu materia es el tiempo, el incesante tiempo. Eres cada solitario instante" - Borges.
~Isyesa:iconIsyesa: Aug 7, 2007, 4:56:18 PM
Es simplemente genial. ^^ la relatividad del tiempo es grosa, sabelo.

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"El final de una meta, es el principio de otra aún más fuerte"
" They want to see me down on my wounded knee...but the spirit will be free..."
~Grety:iconGrety: Aug 10, 2007, 6:38:54 PM
Y tu eres perverso. ¬¬
~skimpercita:iconskimpercita: Aug 10, 2007, 10:48:39 PM
Uno tiene oportunidad de vivir hasta que ya no pueda respirar, si no lo hacemos es por mero capricho de uno Vaya manera de empezar la historia dandonos pedradas y lecciones de vida ^^

Encontrarle la verdad al tiempo.... seria el invento del siglo... y algo para tenerle cuidado...

La ultima parte entre Laura y miguel me gustó mucho, algo diferente...

sin duda el tío es un personaje cautivador, con su locura tan llena de sensatez y razón...
Este capitulo me da la sensación de ser una transicion para cosas importantes que vienen, sobretodo por lo último que dice Helena...
^^
:clap: muy bien como siempre

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Alicia expulsada al país de las maravillas... Para Alicia hoy es siempre todavía - E. Bunbury